Hugo Marlo es cantante, futbolista y actor. Quizá es esa primera faceta la más conocida: ha participado en ‘Got Talent’, en ‘La Voz’ y en 2024 publicó el EP ‘ESTIMARTA’. Sin embargo, el ámbito deportivo también es unos ejes de la vida de Hugo.
El futbolista llegó a debutar en Primera División con 12 años y fue fichado en varios equipos. Competía en fútbol femenino, que era lo permitido, ya que no tenía su DNI con el género correspondiente a su identidad. Esto provocó una retirada prematura del campo y también la búsqueda de alternativas, de un espacio seguro. Ahí es donde surge Fénix F.C., equipo del que es cofundador y que nace como club donde las personas trans tengan cabida en este deporte.
Eres cantante, actor y deportista. ¿Qué relación tienen para ti esas tres disciplinas?
Para mí son básicamente lo que a mí me ha hecho feliz siempre. El hecho de poder expresarme a través de la música, de actuar, del teatro, de hacer películas con mis primas y a la vez el deporte, sobre todo el fútbol. Para mí la relación que tienen entre los tres sería el estar presente, el sentirte presente.
Una promesa del fútbol
El deportista tenía un desempeño tan destacado que pasaba de un equipo a otro siendo fichado y acabó en Primera División con 12 años. Fue fichado para la Selección de Osona y quedaron en segundo lugar. Continuó en Primera División, compitiendo contra equipos como el F.C. Barcelona, el Espanyol y otros.
«Yo tenía muy en mente el incluso querer dedicarme a ser futbolista profesional. Pasa que llega un punto que claro, yo me doy cuenta de que realmente soy un chico y digo, ¿y ahora el fútbol qué? Ese sueño que a lo mejor cabía en mi cabeza de decir, ¿me puedo dedicar profesionalmente? Se me cayó porque digo, ahora mismo tengo que entrar en un mundo de hombres que no va a ser», declara Hugo.

«Acepté que eso era lo que me tocaba, acepté que el fútbol ya no podía ser un trabajo profesional o mi forma de vivir. Entonces bueno, sí que en todo momento el fútbol me acompañó muchísimo y me dio muchas cosas bonitas y muchos momentos. Creo que incluso me ha dado también descubrirme un montón en cuanto a mi identidad, a mi orientación, porque creo que era un espacio como más libre de juicios. Esto hablo en el fútbol femenino. Entonces de repente en el momento que yo salgo al mundo como un chico trans, ahí sí que me empieza a decepcionar un poco el mundo de las gradas, sobre todo», continúa.
Una sociedad como barrera
Tras amenazas, insultos, insinuaciones de que ese no era su sitio, prácticamente terminan por expulsar a Hugo del terreno de juego. La situación provoca que ese sitio que «había sido su lugar» toda su vida se convierta en un lugar completamente hostil, donde las personas trans no tienen cabida. Entonces es cuando Hugo deja el fútbol.
Lo primero que has mencionado han sido las gradas. Es decir, para ti ¿hay una diferencia entre cómo te trata el público y a lo mejor cómo te tratan tu equipo, los rivales, entrenadores…?
Mi equipo estaba encantado conmigo, pero los otros equipos básicamente iban a por mí a saco. En algunos equipos hubo mucha transfobia y todo, y como mucha… es que incluso agresión, porque estás jugando en el campo y puedes entrar más fuerte o menos fuerte, puedes agarrar, puedes dar una patada de vez en cuando. Yo no lo hago. Pero no era eso. Yo había jugado toda la vida al fútbol y era más bestia. Era distinto. Salía con arañazos llenos de sangre, como agotado mentalmente de no poder hacer nada.
En el terreno de juego, el equipo contrario actuaba con brutalidad, y en las gradas se repetía el mismo patrón. Un público que lo echaba del campo como si no perteneciera a él.
«Tú te sientes como, joder, estoy haciendo trampas. Pero en ese momento realmente yo no podía hacer otra cosa. Si yo quería jugar al fútbol, yo tenía que seguir en el femenino porque la ley no me dejaba cambiar mi DNI hasta que yo llevase dos años en hormonación. Yo estaba jugando con las normas que había y con las leyes que estaban aplicadas. Pero te sientes como, bueno, seré un tramposo, me piro», cuenta.
¿Por qué es necesario el Fénix F.C.?
En cuanto yo dejé el fútbol, sí que es verdad que en mi cabeza no cabía la posibilidad de no volver. ¿Cómo no iba a volver si había sido mi vida siempre? Entonces dije, hay que hacer algo. Empecé a pensar en meterme en equipos cis, pero no me acababa de ver. Me daba miedo. Pensé, ¿te imaginas un equipo de chicos trans? Pues lo voy a crear. Cuando yo siento que hay una problemática en el mundo, cuando hay algo que no está funcionando y se puede hacer algo, pues yo voy a por ello.
Con la decisión de crear el equipo, Hugo inició un proceso que tardaría tres años: mover redes sociales, buscar a gente. En Barcelona consiguió reunir en un grupo de WhatsApp a unas 40 personas.

«La necesidad de Fénix, principalmente para las personas trans, es para poder tener cabida en el fútbol, en este caso, para poder sentirse no fuera de un lugar. Para poder sentirse parte de algo. Poder seguir haciendo deporte sin esa discriminación, sin que nadie te juzgue, sin que nadie te amenace, te insulte. Sino estar en un espacio seguro en el cual tú coges y vas a entrenar, vas a jugar al fútbol. No sientes que tengas que ocultar quién eres, porque todos somos iguales», añade.
Aunque la premisa original era que todo el equipo fueran personas trans, no es un concepto cerrado. Si una persona cis quiere unirse al equipo es bienvenida y se sentirá tan arropada como el resto. Fénix se convierte en un espacio seguro, un acto de visibilización y de reivindicar la existencia de las personas trans.
Tener los documentos cambiados dificultó el proceso de federación de un club, en ese momento, compuesto completamente por personas trans. El sistema obligaba a tener un equipo binario para poder federarse. Sin embargo, descubrieron que, en la Federación Catalana de Fútbol, en categorías amateur, en un equipo masculino pueden jugar varias mujeres o personas (binarias o no) sin el DNI modificado. Tras una odisea con fichas en las que no estaban sus datos actualizados y aparecían sus ‘deadnames’ en algunos casos, consiguieron federar el equipo.
Sin embargo, ser insuficientes y haberse precipitado en federar el club provocó que decidiesen dar un paso atrás. Haber comenzado en la Cuarta División Catalana con el equipo recién fundado desgastó mucho al equipo y era un ritmo muy acelerado.
¿En qué punto estáis ahora como equipo?
Estamos en el punto de que entrenamos dos días a la semana, tenemos personas que quizás solo entrenan, pues para mejorar, o porque simplemente les apetece entrenar, y luego tenemos un equipo de liga. Es una liga confederada de fútbol 7, que es rentable. Aún así a veces vamos justillos. Jugamos los viernes en una liguilla de hombres cis. Seguimos perdiendo partidos, pero cada vez por menos goles. Estamos poniéndonos pequeños objetivos y cumpliendo todos, mejorando y estamos súper contentos con eso. Ahora es un equipo mixto: tenemos mujeres trans, personas no binarias y hasta una chica cis.
Desde que fundaron Fénix, el colectivo lo ha recibido con agradecimiento y se está convirtiendo en un referente en el deporte y, sobre todo, en el fútbol. Disciplina donde escasean referentes trans.
«Que haya un equipo visibilizado por el hecho de ser trans y hacer deporte, la gente nos lo agradece mucho. A mí se me queda sobre todo como peques trans piensan «de mayor quiero jugar en Fénix». Esto nos llega y a mí me llena, porque dices ‘estamos haciendo las cosas bien’, estamos demostrando que estamos aquí y que también merecemos hacer deporte», señala.
La otra cara de la visibilidad
Este reconocimiento del equipo también trajo consigo todo tipo de reacciones. Se toparon con comentarios ridiculizando el equipo, diciendo que eran ‘mujeres biológicas’ y mucho odio en redes sociales. En general, con los equipos rivales han tenido un buen recibimiento, excluyendo algunas ocasiones en las que han empezado a obtener mejores resultados y sí han sido percibidos como ‘amenaza’.
¿Cuál es el partido como equipo del que tienes mejor recuerdo?
Pues, yo tengo uno que en la liga cuando estábamos federados, que vinieron a ayudarnos dos chicos de otro equipo, y era uno central y uno delantero, y lo demás pues éramos todos nosotros. Era contra los primeros de la liga, y aguantamos como, no te sé decir, pero como quizás los 30 minutos primero, que eso para nosotros era impensable, cero a cero. Y eso para mí fue súper heavy. El trabajo que estábamos haciendo tanto en defensa como los medios, como los delanteros, era increíble.
Recuerda con mucho cariño ese partido, del que destaca que incluso terminaron marcando gol en la Cuarta Catalana. También enseña con mucho orgullo, y no es para menos, resultados de partidos más recientes, victorias en fútbol 7 contra otros equipos. Un progreso que se va trazando poco a poco.
Al preguntarle sobre la discriminación en el fútbol en comparación con otros deportes, lo tiene claro. Se trata, según su forma de verlo, de un espacio cargado de una cultura con mucha masculinidad tradicional, homofobia y transfobia normalizadas.
«Tanto en los vestuarios como en las gradas, siempre hemos escuchado comentarios en el fútbol, incluso en el patio de recreo. Estabas jugando al fútbol y no parabas de escuchar, venga, levántate, nenaza, maricón, juega como un hombre. Eso lo he escuchado toda la vida. Entonces, eso ha hecho mucho daño», cuenta.
«Yo pienso que el fútbol, en general, tiende a ser más discriminatorio que otros deportes. Tampoco hay cabida para las personas no binarias. El fútbol es super binario», apostilla.
¿Dirías que está cambiando la aceptación de las personas trans en el deporte?
Yo creo que, si hablamos de la élite, no. Pero si hablamos de un poquito más abajo, sí que siento que está cambiando el hecho de que nos estamos moviendo mucho, sobre todo pues personas del colectivo, creando equipos. Porque no solo existe Fénix, existen otros equipos.
Aquí en Cataluña, por ejemplo, tenemos un montón de equipos que hacen que las personas trans y LGTBI tengamos un lugar en el deporte. Creo que en eso estamos avanzando porque nosotros mismos nos estamos creando nuestros espacios. Pero de aquí a poder ocupar esos espacios heteronormativos es algo más difícil.
Hay una parte muy grande que hace mucho ruido, que es el odio hacia las personas trans. A las mujeres trans, se les castiga por competir, se las ve como tramposas, como una amenaza. Y es que solo queremos ir tranquilos a algún vestuario y poder hacer deporte, como cualquier otra persona. Que se nos señale por eso, se nos castigue, me parece increíble. Entonces siento que por esa parte no está avanzando mucho.
Finalmente, al hablar sobre la disparidad de visibilidad entre mujeres trans y hombres trans en el deporte, la relaciona con el machismo y la transfobia. Habla, asimismo, de la dificultad para ocupar espacios cisnormativos.
«Mi sueño, mirar la tele y que de repente haya un jugador trans y que sea mi jugador preferido y comprarme su camiseta. Pero va a costar. Esa inferioridad que hemos sentido o que nos han hecho sentir ya nos hace ya nos hace dudar de nosotros, de nuestro talento, de nuestras capacidades y ya nos hace pues ni siquiera apuntarnos a un equipo cis», concluye.




