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El Imperio de Fernando Luis Aisa en La Nogalera: «Tengo la historia de España»

Dibujos de Cocteau, Alberti y Picasso, la vajilla de Anita Delgado, la invitación de Hitler, el Goya de Honor, el soneto de Pemán… El legatario de Imperio Argentina muestra su herencia mientras gestiona la apertura de un museo en Benalmádena

Stories Clemen Solana
La entrada a la casa-santuario expone el cuadro de Antonio Montiel con mantón de Miguel de Molina. Migue Fernández
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Fernado Luis Aisa luce encantado. Dice que su triunfo ha sido la «pasión», y la suerte, tal vez. Lo comenta sentado en la que fue la cama de Imperio Argentina, ahora suya, debajo de una Inmaculada de biscuit que corona el cabecero. Los apliques «parisinos» y el dosel no faltan en el dormitorio en suite de un apartamento de 120 m2 en plena bombonera de la Costa del Sol, La Nogalera. Legatario por deseo de la estrella –y del Tribunal Supremo– desayuna en sus tazas, en su mesa, la que perteneciera a los «zares de Rusia» y la que comprara la mencionada Magdalena Nile, Malena, amiga y jefa desde 1992. Cuando se le pregunta qué pagó a las herederas, ofrece silencio. «Tengo la historia de España», prefiere responder.

Se sitúa Fernando frente a un dibujo de Jean Cocteau para decir que la gente no le perdona su éxito. La frase es suya, pero la recupera de Luis Escobar, marqués de las Marismas del Guadalquivir, quien se la dedicó en los años 80. Conoció entonces a otro marqués, que, amigo del aristócrata, fue su pareja durante 14 años. Así llegaría a ser secretario de Imperio Argentina, quien se fijó en el joven para una primera labor: su vuelta a los escenarios en el especial ‘Azabache’, de la Expo Universal. «Tenía 23 añitos, mi pareja me dijo que me daba categoría y no se equivocó», recuerda sobre su primer encuentro en el madrileño barrio de Los Jerónimos.

Mitómano

Mucho antes de ser la sombra de Imperio Argentina, Fernando Luis Aisa ya era un mitómano. Se reconoce en el adjetivo, se lo ha dicho Alaska, y así lo vende cuando enseña el medio centenar de autógrafos sobre paspartú negro que cuelgan de las paredes del baño. Con 15 años pateaba La Latina para ver a Sara Montiel en el estreno de ‘Nostalgia’, el espectáculo que trajo de vuelta a Celia Gámez a las tablas españolas junto a Olga Guillot en 1984. «Me encantaban las artistas, mi ídolo era Sara y, el suyo, Malena», dice estimulado mientras se levanta para mostrar uno de los muebles que guarda de Saritísima, «el de la entrada de su casa», matiza.

«Tenía 23 añitos, mi pareja me dijo que me daba categoría y no se equivocó», recuerda Aisa sobre su primer encuentro con Imperio Argentina.

Entre mitos, no olvida al primero, su abuela paterna, Lola, a quien da gracias por ser lo que es. El puertoriqueño se crió con ella desde su primer año de vida por razones familiares. «Yo, homosexual, siempre me apoyó, se lo debo todo», comenta. Juntos veían las películas que décadas antes construyeron a España y no faltaron en esas las de su morena clara particular. «En ‘Carmen, la de Triana’ no puede estar mejor», asegura. Lo hace mientras sujeta la colección de peinetas de carey y el par de pendientes de perlas barrocas y filigrana de oro de aquella Carmen. Irán a parar a un museo en Benalmádena, que, de no dilatarse, abrirá sus puertas en 2030. «Tampoco tengo prisa porque así lo disfruto más, pero no vendo nada, yo vivo de mí», mantiene firme.

El ‘tour’ por el apartamento inicia una soltura de nombres de «categoría». La tenía Malena y la guarda su legatario cuando muestra un pin, condecoración de la reina Victoria Eugenia en 1925. La joyería artesanal en marfil de Matilde Paulat, el Cristo yacente en bronce de Benlliure, la pulsera de oro del rey Hassan II y el abanico con varillaje de nácar y país de vitela de la abuela de Juan Carlos I. A pocos metros, el segundo baño, con espejo regalo de Miguel de Molina.

-¿Se mira en el espejo?

-Yo soy muy sencillo. Ayer estuve tomándome un campero en el maravilloso barrio de San Andrés. Mis amigos dicen que soy todoterreno, por eso estoy en Lhardy o en Fitur, en los mejores sitios, con la mejor gente.

-Entiendo que tampoco lo limpia.

-Ricky [el mayordomo] se encarga de todo cuando no estoy. Es mis pies y mis manos desde hace 16 años y mira cómo lo tiene todo. Sabe mejor que yo los productos a usar según la pieza. Hasta recuerda qué mantelería se ha puesto y cuál no cuando viene gente a casa.

El trabajo de Ricky tampoco es sencillo. El metraje de alfombras no deja ver el suelo, las bandejas de plata de Anita Delgado brillan y la mesa central de Manila ocupa la atención. A dos pasos, permanece el tercer Goya de Honor que la Academia se dignó a ofrecer a Malena en 1989. Y de aquel día, también queda la túnica con pañuelo de lamé con la que recogió el premio. «Podría haber disfrutado del Óscar de Garci, pero le dijo que no y se equivocó», comenta sobre la película ‘Volver a empezar’.

Dibujos de Cocteau y Alberti, cuadros de José Caballero, la cubertería de Florián Rey, vajillas de plata, entre otras, forman la herencia de Imperio Argentina

El cariño a Imperio Argentina parece mutuo a tener en cuenta las no pocas dedicatorias y regalos que se dejan ver por la casa-santuario. Destaca una que dice: «Para Fernando Aisa que me recuerda a mi hijo Flory y que igual le quiero». Se refería la emperatriz de la copla a su primogénito, quien se suicidase el día de Reyes de 1959, fruto de la relación con Florián Rey, cuya homosexualidad vivió en secreto. Y así las guarda todas, perfectamente fechadas durante la década en la que se conocieron, razón por la que terminaría en los tribunales durante un recorrido de 18 años. «Parte de su familia, muy inculta, no sabía lo que significaba el nombre de Imperio Argentina, ni su trayectoria, ni su carrera», aclara.

Antes de que las miserias familiares se pagaran por cheques de Canal Nou, la vida de Malena fue un alboroto desde que el Nobel Jacinto Benavente la bautizara en 1918 con el nombre que encandiló a Hitler años después. La niña que cantaba como Pastora Imperio y bailaba como La Argentinita debutó en España para 1924. Conoció a su Pigmalión, Florián Rey, en el Teatro Romea y pasó airosa del cine mudo al sonoro gracias a su notable voz. Gitana, maña, monja y pecadora, fue la que más encarnó a la mujer sevillana en el cine de pandereta de los años 30. Cobró cuanto pudo, sino se lo quitaban y se llevó un tercio de la producción de ‘La hermana San Sulpicio’ en 1927, casi 27.000 pesetas.

Vida privada

No sólo guardan las estanterías modernistas las distinciones de Malena y su último DNI del 30 de diciembre de 1999. Los contratos delatan que no era negocianta. «Tenía su palacete en Alfonso XIII, pero no vivía para negociar, sino para su arte». Por eso, su vida personal rozó la tragedia en los amores y en la familia. «Tuvo tres maridos y los tres murieron, tuvo dos hijos y los dos murieron», simplifica Fernando.

El legatario anuncia la apertura del museo en Benalmádena en 2030, donde exhibirá objetos históricos, vestuario y recuerdos personales de la diva, legado que donará

También tuvo que levantar el brazo con el primero de ellos, Florián Rey, ante el führer, cuenta Aisa, porque recibió la invitación para rodar en la Alemania nazi. «Ella era socialista, como todos los artistas, ¿cómo iba a ser nazi si era amiga de Rafael Alberti?», aclara sobre la polémica que arrastraría de por vida. La invitación del dictador descansa sobre su piano y, aunque la tacharon de «querida de Hitler», lo único cierto es que este se obsesionó por su parecido a Lola Montes en ‘Nobleza Baturra’». Y ahí se encuentra también, solemne, ‘la Pilarica’, de aquel filme, testigo de un siglo de historia.

Penagos padre la dibujó con su estilo ‘art decó’ y Penagos hijo la vivió cerca tres años. Cantó con Gardel aquellas ‘Mañanitas al sol’ en ‘Melodía de Arrabal’, pero no sucedió nada más. Tampoco tuvo «cama» con Marlene Dietrich, a quien rechazó por «ruda y vulgar». Se enamoró de Rafael Rivelles porque Rey la abofeteó y se desenamoró por el afán de maltratar animales. También, fracasó su matrimonio con el conde de las Cabezuelas por «sucio, vividor y estafador». Sin embargo, todo le compensó, «hasta el fallecimiento de sus hijos». «Ella lo pasó muy mal, pero madre madre no era».

-Sufrió el infierno de su hija Alejandra con las drogas.

-La hija estaba perdida, yo he visto a Imperio pasarlo mal. Es que ella no tenía que haber tenido hijos. Es muy complicado llevar esa vida. Fue el año que triunfó en Azabache, un 31 de diciembre.

La vida la llevó a residir en su chalé, La Brisa, en el municipio de Benalmádena, desde los años 60. Vivía en una avenida con su nombre cuando Mario Camus la rescató del ostracismo para rodar ‘Con el viento solano’. No entró su personaje en el público, lo afirmó ella, que no temía al fracaso porque lo vivió en otras superproducciones como ‘La Cigarra’ o ‘Un sueño para Constanza’. «La gente es muy mentirosa, pero ella no porque bien decía haber conocido el pataleo». Después, llegarían ‘Tata Mía’, de José Luis Borau y la nana en euskera que le regaló a la cinematografía en ‘El polizón del Ulises’, de Javier Aguirre, mientras la pena por la muerte de su hermana Asunción la consumía.

«La maldad nunca triunfa», declara sobre la disputa familiar que marcó los últimos meses de Imperio Argentina en torno a su legado

Todos los pósteres decoran la habitación de invitados, que alcanza el centenar de portadas en sus respectivos marcos. Más de una estrella patria ha pernoctado en la cama, muy cerca del baúl que acompañara a Malena en sus ocho décadas de carrera. No sabe –o no quiere– decir Aisa el valor de lo que aguarda, pero, por si acaso, su mayor seguro son las cámaras de videovigilancia que perimetran el lugar. «¿Qué vale el Alberti, el boceto de Picasso, el Aute, las sillas de Nicolás II? Es que eso es impagable», se responde.

Litigio

La buena sintonía de la artista y el secretario posibilitó la cesión de su imagen. El acta de manifestaciones, fechada a 20 de enero de 2001, deja claro que, debido a la «incertidumbre» del futuro de su legado, Fernando lo cuidaría como si fuese ella misma. Anulaba esta, otra previa del 14 de diciembre del 2000. Así, le ofrece «total libertad», dice el documento, para gestionar su imagen. No cayó en gracia de una de sus nietas, Teresa Pérez del Pulgar, quien decidió «aislarla» los últimos seis meses después de sufrir una angina de pecho.

Las nietas entraron en disputa pública cuando Malena, recelosa de su vida privada, perdió facultad cognitiva en 2003. Nada de aquello quiere recordar Aisa, quien opta por declarar: «La maldad nunca triunfa». Las lindezas que se propinaron las no herederas quedan en la memoria del archivo porque la de Imperio ha superado aquel final. «Ella siempre se veía eterna. Y eterna era. Y eterna es», declara Aisa. Así la describió Pemán en los primeros versos del soneto que decora el salón:

Imperio. Sí: tú sola, sin legiones/
Si es que no son legiones tus pestañas/
Fundaste. Como un día las Españas/
El ancho imperio de los corazones.

Imperio declaró que vio pocas veces desnudo a Florián Rey, que vivió en secreto su homosexualidad. Las relaciones con Rafael Rivelles y el conde de las Cabezuelas también fracasarían

Vivió todas las Españas y la notó muy cambiada cuando llegó de su exilio. Fue la estrella de la Paramount y Cifesa, Fidel Castro la dibujó y criticó que la niña de los ojos de Fernando Trueba, la oscarizada Penélope Cruz, no era ella en su homenaje a la trianera Carmen. No le gustó ninguna película propia y se conformó con el éxito de Ama Rosa porque España no daba para más. «No se arriesgó a ir a Hollywood y no le hizo falta», dice su legatario. Y lo único cierto, lo dijo ella, es que era feliz con la orquídea que le regaló Juan Ramón Jiménez y que guardaba en un paño filipino. La salvaría junto a su amuleto, la pulsera de pelo de elefante y oro que le compró su madre.

-¿Es usted un tipo con suerte?

-Amo el arte y amo a los artistas. Tengo mitomanía y la posibilidad de comprarlo. ¿Sabes que tengo el dormitorio de Paquita Rico en Madrid? Tienes que venir a verlo.

Ese halo de misterio deja Fernando Luis Aisa. Saca mantones de seda, el capote púrpura de paseo con que Malena actuó en ‘Coplas y toros’ y las madroñeras trenzadas con hilos de plata con las que conquistó al mundo. «La siento, le hablo, le pido», dice. Fue la primera estrella y Aisa su confidente. No dirá nada que no quiera porque se debe guardar lo que sabe. Pero Fernando y Malena tienen nombre de Imperio, el que se va a donar al pueblo de Benalmádena.

«A Malena, novia de España», que escribió Alberti.

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