Folclórica y maricón. Artista y «ciervo herido». Álvaro Sola es todo lo que quiera ser. Y es tanto como dice. El moradillano más universal, nacido en Aranda de Duero, recibe a SIX con el sosiego propio de la media tarde. La herencia de la abuela Ignacia le hizo travesti por obra y gracia del vespertino ‘Cine de Barrio’. Y más largo que Carmen Sevilla, no teme en decir que su imagen –peluca incluida– le pesa a los empresarios. Su nuevo álbum, ‘Pecado’, invoca al Ángel Caído, pero no roza la blasfemia. Porque Álvaro es España. Porque eso le «pone».
La fantasía invade el universo del cantante. Nunca soñó serlo porque ya nació artista. Las fotos de infancia preceden su trayectoria. Túnicas blancas, bordados y el gesto de nobleza castellana se dejan ver en el álbum familiar, y en el digital. El ensoñamiento de la niñez lo dificultó su Aranda natal, de donde huía los fines de semana. «Rezaba para que llegara el viernes y escaparme al pueblo», cuenta sobre una imagen. Y allí, en Moradillo de Roa nació el mito. La señora Engracia, doña Carmen y ‘la Ignacia’ fueron sus primeras ‘fans’ y las mujeres, quienes todavía le salvan de los «machitos».
Matriarcado
La puericia del cantante la construyeron las Spice Girls, pero pronto se fijó en las folclóricas. Lola Flores, Rocío Jurado y Marifé de Triana son su inspiración. «Mi música es mía y de la poesía de Rafael de León», sostiene el compositor. Si algo comparte el grupo británico con las divas patrias, según dice, es la exageración, la que persigue desde hace 26 años. «Mi abuela me dejaba su labial, pero de puertas a dentro, para que no me metiesen una paliza», afirma sobre su primer lugar de «fantasía», la casa de Moradillo.
La creación artística parte de su pasado «borroso». No tiene grandes recuerdos de su infancia, pero lo agradece. Perdonó la ciudad y vive nuevas coplas en Madrid. «Que tu vida sea una copla, y si no lo es, intenta creártela», arenga como las grandes voces femeninas de la canción española. No sabe si huyó o si buscó una vida. «Yo quería hacer lo que fuera, pero en Madrid». Y los amaneceres deslumbraron en la capital. Dejó de ser el «maricón de Aranda» para retomar el anonimato y seguir con sus ‘quereles’.

Los pensamientos oníricos continúan como escenario vital. Vive en un piso, pero ha creado un chalé adosado con muchos «cuartitos» donde desarrolla sus ideas. Todo es ficticio, menos su arte. En 2022, llegó el debut musical con ‘Puñales’, relato vivo de los siete dolores de la Virgen María. La advocación popular le sugirió la curiosidad mucho antes, cuando habitaba los pasillos del colegio Santa María de Aranda. La «oscuridad» vivida hizo que su primer álbum iniciara con el título homónimo.
La estela iconográfica del cantante es un activo en su carrera. Su segundo álbum, ‘Sombras’ y el último, ‘Pecado’, continúan con la adoración por los elementos religiosos. Tiene claro que el ser humano cree en lo divino porque necesita algo a lo que agarrarse. Y él así lo hace. Las imágenes populares como el romero, que lleva tatuado, le reconcilian. «España es católica y me apropio de la cultura, de la que es mía, claro», señala en alusión a sus primeros trabajos.
Vetos artísticos
Álvaro lo tiene claro, es heredero de una genealogía de artistas silenciados. Su ‘Romance del Maricón’ dialoga con Federico García Lorca y Miguel de Molina. «Sigue ese castigo a los maricones, más que a los homosexuales, que es lo mismo, pero no es lo mismo», recita. La identidad del cantante le ha costado el veto reciente en la sede de un periódico para grabar un podcast en las inmediaciones de este. «Por encima de mi cadáver se entrevista a esta persona», vocearon desde la cabecera digital. «Les asustó la peluca, pero si es preciosa, pelo bueno», comenta entre risas.
El discurso artístico de Sola evoluciona más rápido que la industria, o eso denuncia. El cantante critica no haber participado en Sonorama Ribera, el festival de música de Aranda de Duero. Lo cierto es que la falta en la paridad de género resultó polémica en la edición del pasado agosto. El primer día actuaron 17 hombres frente a cuatro mujeres y dos grupos mayoritariamente masculinos frente a un grupo femenino. «Y no hablemos de los maricones o las lesbianas, no por el hecho de sexualidad, sino de identidad» sostiene sobre la falta de paridad y de representación total.
«Castilla ‘is different’, como España», replica en no pocas ocasiones. La falta de agradecimiento a los artistas locales es un hábito que no observa en comunidades como Barcelona o Andalucía, donde «muere» por actuar. Sin embargo, sabe que será profeta en su tierra cuando haga ruido. «Se pondrán 20 sortijas y dirán que soy artista de Aranda, qué hipocresía», añade. Y mientras la industria se encuentra, él sigue con la promoción paulatina de ‘Pecado’, cuyas primeras canciones están disponibles en todas las plataformas musicales.

La espiritualidad y lo terrenal tienen cabida en el nuevo álbum de Sola, autodenominado «maricón con luces». ‘Lloro Corales’, el primer sencillo lo evoca. Álvaro recoge sus lágrimas y las valora en la asociación de la joya con la sangre. El pasado 30 de enero, el cuarto ‘single’ de su suevo álbum vio la luz. ‘El oro’ se revela como Lucifer en los nuevos pecados del cantante. «Comprendo a Lucifer sin ser satánico», adelanta sobre su último trabajo mientras tararea ‘Quiéreme’:
Tengo dos tormentos en mi vía’/
Dos espinas en mis brazos/
Tengo dos candelas encendías’/
Pero por las noches las apago/
Artista queer
El cantante aúna sus propuestas bajo la estética que englorió el público el pasado agosto en la 41 edición de los Veranos de la Villa. Los metros de tela desbordan en la habitación. «Los lazos como Marujita Díaz, lo abullonado como Rocío Jurado y un poquito de los volantes de Marifé de Triana», comenta sobre sus diseños. La próxima creación será un traje de serrana para las fiestas septembrinas de su pueblo a razón de dos euros el metro en la mercería del barrio. «A folclórica no me gana nadie, tenemos que beber de lo nuestro», remata.
La poesía, la gente, el «lo nuestro» de Álvaro abarca el costumbrismo español. «Unas cervezas con tu grupo de amigas y te pones como las antiguas cantando por bulerías, eso a mí me pone muchísimo», señala. Los «mejores orgasmos» los tiene en el escenario, de donde no sale cuando se lo ofrecen. Defiende que le iría mejor de ser normativo, pero no sería Álvaro Sola. «Si salgo con mi pelo y unos tirantes sería un mariquita al que respetaran», dice. Sin embargo, cuando se monta en «dos metros de maricón» las señoras lloran y aplauden.
No va de «modernita» porque siempre compró vinilos. Los mantones ya los conoció vestidos en tapetes de ganchillo. Y cómo no, ensalza la comunidad frente al individualismo. Álvaro canta los palos del flamenco en una amalgama de propuestas mientras se alimenta de dolores. Y en todas ellas, escuchará lo que una gitana le propinó a Vicente Gómez en el ‘set’ de ‘Morena Clara’ allá en 1936. «Que yo viva 100 años y que tú nunca mueras». El resto pertenece a la tarde arandina, a sola(s) con Álvaro.




