Solo la temporada pasada ganó siete títulos y varios ‘MVP’, además de ser reconocida como la Mejor Jugadora del año por parte de la Federación Europea de Balonmano, un galardón que también se le otorgó en 2023. Este es el palmarés de Asun Batista, jugadora de balonmano-playa, en un único año. Una carrera plagada de éxitos que contrasta con el poco reconocimiento a nivel económico, al punto de que esta deportista tiene que combinar su carrera con otros trabajos. «La realidad es que la calidad de vida en el balonmano no es buena. Te da para sobrevivir, porque a lo mejor te ponen apartamento y en algunos clubes también comida, pero el sueldo no llega a los 1.000 euros», asegura Batista en una conversación con SIX.
Mientras Batista iba acumulando títulos en su vitrina, decidió cumplir otro de sus sueños: ser azafata. Una profesión que no podía compaginar con sus compromisos deportivos y tuvo que abandonar en busca de un trabajo que le permitiera seguir jugando al balonmano en el primer nivel. «Dentro de lo que cabe, es lo que más me da cierta flexibilidad para poder competir», apuntilla. La jugadora explica que esta situación se debe, en parte, a no ser una modalidad olímpica. «El balonmano femenino no está bien pagado. En la liga masculina sí hay jugadores que pueden vivir de esto y cobrar bastante dinero», afirma la mejor jugadora de Europa.
Etapa como azafata
Batista tenía claro que su sueldo como jugadora de balonmano no era suficiente para vivir. Y decidió lanzarse a cumplir otro de sus sueños: ser azafata. Una vez conseguido este objetivo, renunció a ciertas competiciones para centrarse en su trabajo. «Yo jugaba balonmano pista en invierno y balonmano playa en verano, y en ese momento decidí dejar la pista para centrarme en trabajar como azafata», relata.

Sin embargo, cuando llegó el verano y volvieron las competiciones, se dio cuenta de que era imposible. «No me daban vacaciones, no me daban los días que necesitaba, tenía que volverme loca para poder compaginarlo todo… Y al final, como quería seguir con mi carrera deportiva, tuve que dejar mi carrera personal», señala. Momento en el que comenzó su trabajo como camarera, que sí le permite competir.
Aunque por ley tienen derecho a días para competir, Batista es consciente de que las empresas prefieren no contratar a estos perfiles. Este es uno de los motivos por el que buscan otras salidas como la hostelería, donde pueden hacer contratos por días o de manera más flexible.
La maternidad
La jugadora reconoce que ser lesbiana en el deporte femenino no influye. «Hay mucha más apertura y es más fácil decirlo con naturalidad. En cambio, en el deporte masculino creo que les cuesta mucho más», apunta. La malagueña añade que a ellas les pasa lo contrario: se asocia el deporte femenino con «mujeres más masculinas» y se da por hecho que todas son lesbianas.
No obstante, ser lesbiana sí influye a la hora de desarrollar cuestiones relacionadas con el ámbito personal. «Tengo compañeras cercanas que han sido madres jugando en el mismo equipo. Una de ellas, al quedarse embarazada, tuvo que dejar de jugar y automáticamente el club dejó de pagarle. No es como en un trabajo normal donde se mantiene el contrato», narra Batista. A esto se suma que la que sigue jugando, no cobra un sueldo suficiente para mantener una familia.
Una situación a la que se añade los costes del proceso para que una pareja de mujeres pueda ser madre. «Es carísimo. Tanto quedarte embarazada como cualquier tratamiento, o incluso donar óvulos… Todo eso lo sufrimos económicamente muchísimo más que un hombre», afirma. Lo que provoca que muchas deportistas retrasen su maternidad hasta terminar una temporada o, incluso, hasta retirarse definitivamente. «Además, la cotización en el balonmano es muy baja, y eso también nos genera problemas en el futuro», apuntilla.

Ahora, la deportista está lesionada: se rompió la rodilla hace cuatro meses y se encuentra en proceso de rehabilitación. «En el momento en el que tienes una lesión importante o decides ser madre, te apartan. Es una de las cosas que se están luchando ahora, por ejemplo en la Asamblea de Mujeres: que se mantengan los contratos en esas situaciones», cuenta. Una muestra de que estas deportistas se dedican de manera profesional al balonmano por amor y por valores como el como el compañerismo, el sacrificio, el esfuerzo y la disciplina.
Proyectos futuros
Batista, que ya se está recuperando de la lesión, quiere volver al deporte para poder «despedirse bien», pero confiesa que no cree que alargue mucho más su carrera. «Llevo toda la vida jugando y, en cierto modo, lo he ganado todo. Y también quiero enfocarme en proyectos personales: tener un negocio, comprarme una casa… porque siendo deportista es completamente inviable», cuenta.
Sus pensamientos no solo están en volver al terreno de juego, sino que también en qué hará una vez que se retire. «Me encantaría abrir un negocio enfocado a chicas en Torremolinos. No solo un bar, sino algo más social, con actividades culturales y espacios para el colectivo lésbico», relata. Batista trabajó hace diez años en La Nogalera, cuando aún había un bar para lesbianas. Ahora, quiere devolver a su comunidad ese lugar propio donde juntarse, hacer cosas culturales y sociales y generar comunidad.




