Once años de Cris y Rubén. Cinco, de Cris, Rubén y Adri. La primera, una pareja como mandan los cánones –monógama, preestablecida– que acabó por derribar las normas. La segunda, otra que crea las suyas propias. Viven juntos, duermen juntos y discuten juntos. A la pregunta de si son una trieja o un trinomio, responden que no. Simplemente son pareja, de tres, y les funciona el poliamor. Tanto que se reparten las cucharitas nocturnas, los problemas y hasta las dudas. «Me vuelve loco que me cuenten que otro chico les parece interesante», señala Rubén.
Tres jamás fueron multitud. Eso deja entrever la relación de Cris Campbell (36), Rubén Montero (37) y Adrián Montoro (30). La tarde se presentaría tranquila de no ser por esta entrevista. La pareja es casera. Nada como estar todo el fin de semana bajo el edredón en el sofá, defienden. Y menudo sofá, menuda cama: de 2×2. A escasos pasos de un balcón con vistas al Madrid castizo, Cris avisa: «Una relación poliamorosa requiere una mentalidad deconstruida para establecer mejor tus
sentimientos».
Los inicios entre Rubén y Cris se remontan al exotismo de Instagram en 2014. Ambos se escribían convencidos de que el otro vivía en Barcelona. La distancia, pensaban, blindaba el deseo. Sin embargo, descubrieron que compartían ciudad y una fiesta hizo el resto. La relación comenzó bajo el dictado monógamo. «Pero no por una decisión consciente», afirma Rubén. Y como se cansaron del drama de la pertenencia, decidieron obviarlo. «Lo normal es lo que la sociedad impone, pero quizá no es lo que necesitas», sentencia Cris. Y entonces llegó Adri, pero seis años después.
Poliamor
Lo cierto es que el poliamor no es algo nuevo. El término ya lo defendió la activista Morning G’Zell en 1990. A nivel práctico, siempre existió. Incluso antes de las polémicas misivas entre el no poliamoroso –sí polígamo– Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. La correspondencia entre los filósofos enfatiza no sólo la dimensión sexual, sino también la emocional, al menos por parte de la autora de ‘El segundo sexo’. No fue así el caso del intelectual francés, muy ocupado en sus amores contingentes. Y este es el matiz fundamental entre Cris, Rubén y Adri: el poliamor igualitario.
Unas clases de crossfit bastaron para que Rubén y Adri se conocieran. La conexión surgió con naturalidad, sin propósito. Sin embargo, el confinamiento por la covid-19 truncó cualquier encuentro, no así las ganas. Las conversaciones a tres se multiplicaron y la conciencia de compartir algo «distinto» se hizo inevitable. «El primer plan juntos fue increíble y sentí que nuestra unión trascendía cualquier otra», sostiene Adri. No era sólo amistad, sino el germen de un vínculo que desafiaba lo convencional.
La explosión social tras el confinamiento se unió a la propia de la pareja. Así, comenzaron a vivir juntos. «Teníamos ganas de estar los tres con los tres y surgió», comenta Cris. La mirada externa pronto irrumpió. El no amigo Adri se sucedía en los encuentros y la sociedad quiso saber más que la propia pareja. Entre medias, las familias. A Adri lo delató Instagram; Rubén, de entorno tradicional, enfrentó algún silencio; y Cris lo contó como cualquier vivencia. «Las familias han entendido nuestra relación, nuestras madres son amigas y hasta cenan juntas en Navidad», apostilla Adri.

Homoerotismo
La marca homoerótica de la pareja es uno de los sellos más reconocidos en su imagen de redes sociales, donde acumulan más de 50.000 seguidores. En cambio, la idea superficial de su relación fue una de las principales críticas que recibieron. «Nos veían como un fetiche y para nosotros iba de sentimientos», comenta Rubén. Los esenciales masculinos reinventados, la raya marinera, los tangas, la licra y los colores definidos combinan entre lo sexual y lo íntimo. No hay propósitos, sólo una forma de comunicación. «Parece que si te pones un tanga o tienes OnlyFans eres menos que quien no lo hace», añade Adri.
La comunicación es un elemento clave en la pareja, así como la improvisación. Los retos existentes los atajan con conversaciones «incómodas», pero necesarias. Con la premisa de no «coaccionar» la libertad del otro, definen un marco de juego que cambia cada día. «Se nos plantean situaciones que nos obligan a salirnos de lo estándar y eso hace que cimentemos la relación», responde Adri. Por ello, hacen caso omiso a las críticas. «Que si no estamos juntos, que si monetizamos la relación… Somos una pareja y hacemos lo que queremos», relata Cris.
Los datos del CIS reflejan que el 47% de los españoles abriría su relación de pareja a otros modelos fuera del monógamo
La indiscreción y el abordaje son todavía situaciones de acoso que enfrentan. La exposición en redes sociales es el fundamento para que personas externas invadan su relación. Cris lo resume con precisión: «La cara lo dice todo». O los miran con el filtro del sexo o con el interés limpio. En ese sentido, Adri observa arranques de «morbo o cotilleo» entre personas LGTBIQ+, no así entre las heterosexuales. La lectura social les condena de manera doble. Por una parte, son chicos gais. Por otra, mantienen una unión poliamorosa.
La relación a tres tampoco se priva de las mejores discusiones. Mientras Rubén se atrinchera, Cris explota en dos frases –se ríe en tres– y Adri navega. Y cuando se reconcilian, llega la ternura cotidiana. Rubén cocina, Cris abraza y Adri complace. Una vez en la cama, la logística se negocia como todo lo demás. «Cris es más físico que Rubén, quien prefiere las situaciones y entiendes qué le supone cariño al otro», narra Adri.
¿Qué enseña el poliamor sobre lo que es amar?
A. M.: Que tu pareja no es tu propiedad. Es bonito que Cris y Rubén construyan vínculos en el plano creativo, intelectual y social. A veces, tú no puedes satisfacer todas las necesidades de una relación.
R. M.: Me ha costado mucho desaprender el tipo de relación normativa. He tenido que deconstruirme y volver a aprender, pero me gusta mucho verlos felices.
C. C.: Vivo más en paz con esta reestructuración. Es necesario pensar si lo que te duele es real o aprendido por la sociedad. Si estás viendo a tu pareja feliz ¿Te hace daño ver a tu pareja feliz?
Modernización reflexiva
Las respuestas de la pareja se enmarcan en la denominada «modernización reflexiva». El término, acuñado por los sociólogos Anthony Giddens, Scott Lash y Ulrich Beck en 1997, se refiere a una búsqueda alternativa frente a lo predefinido. Las bases se estructuran mediante la autonomía, el consentimiento y la equidad afectiva. Los últimos datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2023 demuestran que el 47% de los españoles está «de acuerdo» o «muy de acuerdo» en abrir sus relaciones de pareja hacia otras consensuadas no monógamas.
La percepción de la pareja liga con los datos alcistas del CIS, al menos en el último lustro. Si bien es cierto que no cierran la posibilidad de unir a un cuarto a su relación, no creen que sea posible. «Somos muy de cuidar lo que tenemos en casa», sostiene Cris, quien por «tiempo» y «logística» observa improbable ese futuro. La rutina de la pareja está marcada. Durante la semana, madrugan y trabajan por lo que prefieren gastar el tiempo entre ellos y sus proyectos: Campbell.Crearte y KAP Crossfit.
El primero de los proyectos es una marca de suprarreciclaje y vestuario personalizado. La creatividad de Cris le hizo unir múltiples pasiones como el arte drag y la performance y las hilvanó, costura mediante. Las transparencias, los corsés y las texturas son sus imprescindibles. En plena apuesta por la artesanía, Cris considera que el sistema actual de consumo llegará a fin y se valorará la exclusividad de los productos. «Lo hecho a mano va a conseguir valor porque es insostenible el sistema y nada interesante que todos vistamos igual», manifiesta.
Espacios LGTBIQ+
Por su parte, KAP Crossfit es un gimnasio que otorga espacio a la comunidad LGTBIQ+. La «jerarquía» de los patios del colegio marcada por el fútbol es la idea que quieren desligar del deporte. Esa huella se arrastra hasta la vida adulta, defienden. «Aquí ni te miran ni te juzgan», añade Rubén, orgulloso de generar un espacio seguro donde personas homosexuales puedan realizar actividades deportivas. «Hay gente que en el trabajo no puede ser libre y aquí encuentra un grupo predispuesto», recalca.
El proyecto pendiente de la pareja es conseguir la casa de sus sueños, diseñada por Adri. En cuanto al interior, «hay jaleo», según relatan entre risas. Rubén quiere casarse y tener un bebé; Adri, un perro y Cris, nada. «Mi figura es muy paternalista, me encantan los niños, cuidarlos, recogerlos del cole…», sostiene Rubén con ilusión. Sin embargo, el trámite de una adopción –hasta los nueve años– es uno de los impedimentos que encuentran. «La gestación subrogada ni la entendemos ni la apoyamos», defienden.
La segunda quimera, la unión matrimonial, no la regula el ordenamiento jurídico. El Código Civil no ampara las uniones de poliamor. Este escenario muestra un vacío legal para la pareja. El debate, según disponen, sucederá con un cambio de mentalidad en la cultura y en la forma de entender las relaciones amorosas. Mientras, seguirán celebrando su doble aniversario: el 19 de abril y el 29 de junio.
A última hora de la tarde, el amor entre Cris, Rubén y Adri se funde en el salón. No se aman contra nadie, sino a pesar de todo. La pareja ha aprendido que la fidelidad es apoyo, que las normas se improvisan y los miedos se deshacen cuando se hablan. «A lo mejor esto lo lee alguien y no entiende absolutamente nada», matiza Cris. Pero tampoco buscan convencer a nadie. Así continúan tras once años. Y mientras España se cuestiona el poliamor, ellos hacen la cena.





