Publicidad Noticia Top

Fulanita de Tal: Cuando las lesbianas tomamos el ruedo

Una plaza de toros convertida en pista de baile. Pop dosmilero, celebración y una comunidad que sigue encontrando formas de reunirse. El 21 aniversario del Fulanita se celebró en Las Ventas como algo más que una fiesta y dejó claro que, incluso cuando los espacios desaparecen, la comunidad persiste

Party Estupenda Márquez
Sofía Cristo fue una de las DJs encargadas de poner ritmo al 21 aniversario de Fulanita de Tal. Fulanita
Party Estupenda Márquez

Hay algo profundamente español en juntar lesbianas y toros. Durante décadas, ese cruce ha existido más en el rumor que en el relato oficial. El folclore, los trajes de luces y esas historias que todo el mundo conoce pero casi nadie se atreve a contar han compartido un mismo imaginario donde el deseo rara vez se nombraba en voz alta. Por eso no deja de ser poético, y también subversivo, que el 21 aniversario del Fulanita se celebrara en la Plaza de Toros de Las Ventas. Un lugar pensado para la épica masculina reconvertido, por una tarde, en pista de baile lesbiana.

Porque sí, una fiesta para lesbianas en una plaza de toros no es una contradicción. Es, más bien, una corrección histórica. Si el imaginario popular español siempre ha estado lleno de mujeres apasionadas y vínculos intensos, quizá lo extraño era que nadie hubiera ocupado antes el centro del ruedo para bailar. Durante unas horas, Las Ventas dejó de ser un símbolo intocable para convertirse en un espacio reapropiado, resignificado y vivido desde otro lugar.

Desde primera hora de la tarde, el recinto empezó a llenarse de un público diverso, intergeneracional y claramente consciente de que no estaba asistiendo a cualquier evento. La fiesta se extendió durante toda la tarde hasta bien entrada la medianoche y fue, sobre todo, una celebración colectiva. Veintiún años no se cumplen todos los días, y menos cuando hablamos de un bar creado por y para lesbianas, un tipo de espacio que ha ido desapareciendo del mapa urbano con una facilidad alarmante.

El cartel musical funcionó como un viaje por la primera década de los dos mil. Azúcar Moreno, Selena sin Sonia, Las K‑Narias, Rebeka Brown y Sofía Cristo no fueron solo nombres sobre un escenario, fueron referentes, recuerdos y banda sonora de nuestras vidas. Canciones que se cantaron con una mezcla de nostalgia y reivindicación. La música popular, tantas veces denostada, volvió a demostrar su capacidad para unir, para crear comunidad y para servir de refugio cuando otros espacios no existían.

Más allá de los conciertos, el verdadero protagonista fue el ambiente. Había algo más que ganas de fiesta, se respiraba una cierta conciencia histórica. La sensación de estar celebrando algo que no siempre ha sido fácil sostener. Espacios como Fulanita no son solo lugares de ocio; son lugares de celebración, pero también de comunidad. Sitios donde encontrarse, reconocerse y construir vínculos más allá de la noche. Que uno de ellos siga en pie después de 21 años no es una anécdota, es una excepción en un contexto donde muchos bares de lesbianas han ido desapareciendo en España.

Fulanita llenó Las Ventas para celebrar su 21 aniversario. Fulanita

Y, como en toda celebración contemporánea, la épica convivió con la realidad económica. El precio de las copas no pasó desapercibido y apareció en más de una conversación. Entendemos el contexto, los costes de un recinto como Las Ventas y la magnitud del evento, pero conviene señalarlo, porque celebrar también tiene un precio, y no todas lo afrontamos desde el mismo lugar.

Aun así, la fiesta continuó. Porque si algo demostró el aniversario del Fulanita es que, aunque los bares de lesbianas desaparecen, las fiestas se llenan. Y esa aparente contradicción dice mucho de cómo vivimos el ocio. Las lesbianas, como el resto de mujeres, estamos atravesadas por el patriarcado, tenemos menos poder adquisitivo y menos margen para sostener espacios propios de forma continuada. Mientras los hombres homosexuales ocupan con mayor facilidad el centro del ocio nocturno LGTBIQA+, nosotras aprendemos a adaptarnos, a concentrarnos en eventos puntuales y a celebrar cuando se puede.

Anoche, Las Ventas no fue una plaza de toros. Fue una pista de baile, un punto de encuentro y la demostración de que la comunidad existe y de que las lesbianas, a veces, también podemos ocupar el centro del ruedo.

Publicidad Encima Newsletter