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Guillermo Décimo, diseñador: «No me interesa vestir a Rosalías ni Kardashians»

El joven diseñador burgalés, ganador del último Premio Mercedes-Benz Fashion Talent, reflexiona sobre sus obsesiones creativas, la forma en que las nuevas generaciones se acercan a la moda, trabajar con celebrities y qué le gustaría conseguir en el futuro

Inbox Javier Rodríguez
Guillermo Décimo, diseñador de moda y Premio al Talento Joven en la última edición de la MBFWM.
Inbox Javier Rodríguez

Si algo tuvo claro Guillermo Díez López (Burgos, 1996) desde pequeño es que no quería ser otra cosa que diseñador de moda. No es de extrañar: hijo de una profesora de música y un padre aficionado a la pintura, el arte siempre ha estado presente en su vida. Empezó vistiendo muñecas con looks inspirados por las princesas Disney, siguió cosiendo disfraces para sus amigas en la adolescencia y se graduó en los talleres de Ulises Mérida, Ana Locking y el Museo Balenciaga, de quienes aprendió todos los entresijos de la alta costura.

Con esa experiencia fundó en 2018 la marca Guillermo Décimo. En menos de 10 años, ha desfilado cuatro veces en la Mercedes Benz Fashion Week Madrid (con premio incluido), ha vestido a algunas de las ‘celebrities’ más destacadas de nuestro país y ha llevado sus diseños a las pasarelas de Nueva York, Londres y Milán. Recién inaugurada la treintena, el diseñador hace balance de los hitos de sus primeros años de carrera.

¿Qué inspiraciones conforman el universo Guillermo Décimo?

Es algo que va evolucionando constantemente, aunque algunas inspiraciones no desaparecen. De Balenciaga siempre me ha maravillado cómo hacía un vestido, no solo el exterior, sino toda la construcción interior. Galliano también ha sido un referente muy fuerte, aunque sea un rollo completamente distinto. Es más barroco, más extravagante, más teatral. Creo que bebo mucho de ese exceso, aunque últimamente estoy intentando afinarlo. Del cine me llama todo lo que sea histórico, musical y con vestuario extravagante, como la María Antonieta de Sofia Coppola. Todavía me acuerdo de la primera vez que vi ‘Moulin Rouge!’ en la tele siendo niño. Me obsesioné tanto que pasé años dibujando de memoria los looks de Satine e intentando recrear sus vestidos encima de una Barbie. Ahora me cuesta mucho encontrar algo que me impacte tanto como lo hicieron estos referentes en su momento.

¿Cómo crees que esas inspiraciones se trasladan luego a tus looks?

Yo disfruto un montón toda esa parte de investigación que hay detrás de una colección, pero tampoco creo que el público tenga por qué entenderlo. Para ellos, tiene que funcionar más como perlita informativa. El vestido siempre tiene que hablar por sí mismo.

Tu última colección, ‘In Tempo’, se presentó el pasado mes de septiembre en la plataforma EGO de la MBFWM. Gracias a ella te alzaste con el Premio Mercedes-Benz Fashion Talent. ¿De dónde surgen estos 18 looks?

Quería rendir homenaje a la estética del lujo de los años 50, a esas presentaciones en los grandes salones de moda al estilo de Balenciaga o Christian Dior, sin perder ese punto teatral que forma parte de mi esencia y que me divierte tanto hacer. A partir de ahí surgió el concepto de in tempo, un término musical que se incluye en las partituras cuando el ritmo de la pieza vuelve al que se había marcado originalmente. Aplicado a la costura, para mí era una crítica al ‘fast fashion’, a esa necesidad de crear tan rápido y que los resultados sean tan genéricos. Quise reivindicar el volver a los tiempos originales que requiere una prenda para que sea de calidad. In Tempo ha sido una colección más pausada, más refinada y más comedida.

¿Reivindica la costura un saber hacer más lento?

La moda viene hecha, pero la costura requiere un tiempo para hacerse bien. Para mí, coser es un proceso que hay que disfrutar, y no caer en la tentación de hacer colecciones por hacer. Recuerdo que cuando tuve que entregar el Trabajo de Fin de Grado, me salté la convocatoria ordinaria para poder alargarlo hasta septiembre y así disfrutar todo el verano cosiendo. Hay marcas que consiguen presentar dos colecciones al año, pero en mi caso no tiene sentido. Me gusta dedicarle a cada una mucho tiempo y que, cuando se presenten, la gente siga hablando de ellas durante mucho tiempo. Ha pasado medio año desde el desfile y todavía tengo muchos looks que no he enseñado en redes, porque me gusta darles tiempo para respirar y que todos tengan su protagonismo.

Desde la pasarela de Drag Race España hasta el taller de Maestros de la Costura, hemos visto tus diseños en perfiles tan variados como Inés Hernand, Raquel Sánchez Silva, Supremme de Luxe o Victoria Federica. ¿Qué tiene el estilo Guillermo Décimo que las pone de acuerdo a todas?

Creo que lo que llama la atención de mis diseños es que tienen un punto de espectáculo que funciona en muchos ámbitos, desde un evento más elegante a una fiesta drag más extravagante. Pero tampoco pienses que me vuelvo loco por vestir a ‘celebrities’. Quien quiera algo sabe que me lo puede pedir, pero ya no lo vivo desde el fanatismo que me podía generar hace unos años. Ahora prefiero vestir a gente que para mí sea un icono, como es el caso de Nieves Álvarez, o que me interese personalmente más allá de su relación con la moda, como Lalachus.

¿Alguna colaboración soñada?

No se me viene a la mente nadie. Hay gente como Rosalía, las Kardashian… que mueven mucho público, pero a mí no me interesan para nada. Ni siquiera las sigo en Instagram. Y no es que las desmerezca, para nada, sino que trabajar con ellas no me genera ilusión. Este año, un par de estilistas me pidieron vestidos para los Oscars y terminé rechazando la propuesta porque no me cuadraba. Estoy en un punto en el que me interesan más proyectos pequeños en los que sepa que esa persona aprecia mi trabajo, que vestir a cualquier cantante internacional que solo quiere ponerse un vestido para sacarse la foto.

Te formaste y empezaste a trabajar en tu ciudad natal, Burgos, hasta que hace un par de años decidiste trasladarte a Madrid. ¿Crees que se puede hacer moda a un nivel profesional fuera del eje Madrid-Barcelona?

Por poder se puede, pero es una locura y te pierdes muchas oportunidades. Yo hice mis primeras tres colecciones de EGO [la plataforma de talentos emergentes de la MBFWM] desde Burgos, yendo y viniendo constantemente para los desfiles. Y está bien, se puede hacer, pero a la hora de buscarte la vida es verdad que en Burgos las opciones están más limitadas. Madrid es una ciudad que siempre ha estado muy presente para mí porque cada vez que venía sentía que estaba en el culmen de esa fantasía que es la moda. A veces pienso en todas las cosas que me habré perdido por no estar aquí antes, pero me consuela pensar que muchas otras sí que han llegado.

¿Como cuáles?

Pues mira, a raíz de estar en Madrid unos amigos me ofrecieron ser profesor de moda en el IED y en la Universidad Nebrija. Ese es el tipo de oportunidades que te surgen por estar en el momento adecuado con la gente adecuada. Mudarme aquí sin un trabajo fijo fue un movimiento arriesgado, pero siempre he tenido claro que no pasaba nada si las cosas no salían bien. Puedo volverme a Burgos en cualquier momento, que todo lo que tengo va a seguir ahí.

¿Cómo estás viviendo esa aventura de la docencia?

Estoy contento, aunque nunca me hubiera imaginado siendo profesor de moda. Lo estoy disfrutando mucho porque estoy enseñando a coser, a patronar, a hacer proyectos… y encima me han dado una asignatura sobre Balenciaga, a quien siempre he adorado. Pero es una sensación muy rara, porque por momentos todavía siento que estoy empezando. Pienso, «¿qué hago yo dando clases si debería estar sentado de alumno?».

Aunque sigues siendo muy joven, ahora trabajas mano a mano con las nuevas generaciones de diseñadores. ¿Cómo ves que se acercan a la moda?

Creo que las redes se han convertido en algo fundamental para la gente que está empezando ahora. Ya no se trata solo de coser o diseñar muy bien, sino que saber venderte en Internet te puede abrir muchas puertas. Hay más facilidad para mostrar al mundo lo que haces, pero también me parece que ese exceso de información puede ser un poco abrumador.

¿Crees que esa exposición tan constante les da un mayor bagaje cultural?

Formarte en moda hoy en día es muy fácil porque hay revistas, webs, redes… Es muy fuerte, porque les escuchas y piensan que el origen de la moda está en cosas que pasaron en 2005 o 2010. Por eso, como profesor, me parece importante aportar una visión histórica. Más allá de los cuatro diseñadores históricos que todo el mundo conoce, quiero que mis alumnos entiendan de dónde parten sus referencias, que diseñen sabiendo de dónde vienen sus ideas. No hace falta ser novedoso todo el tiempo. Yo mismo creo que no lo soy. Mira a Dior, por ejemplo: lo que hizo en su momento ya había existido medio siglo antes, pero supo darle una vuelta de tuerca.

¿Se puede enseñar el buen gusto, o es algo innato?

Es algo que se entrena, claramente, a base de ver y estudiar mucho. Es cierto que tener esa sensibilidad innata puede ayudar a percibir detalles que el resto no ve tan fácilmente, pero no lo es todo. También creo que, más allá de gustos, hay cosas que funcionan y otras que no, en la moda y en cualquier disciplina. Hay una cierta armonía en las proporciones, las formas, los colores… que va a funcionar sí o sí. Da igual que estés haciendo un diseño feísta, uno más clásico o uno futurista.

¿Qué nuevos proyectos tienes en el horizonte?

Ahora mismo estoy muy focalizado en la docencia. A nivel creativo solo estoy trabajando en algunos encargos concretos. Desde la MBFWM me incitan mucho a que me presente al calendario oficial de septiembre, y me encantaría, pero es una inversión tremenda de dinero y tiempo. Súmale además que yo todavía me estoy recuperando de lo que invertí en ‘In Tempo’, que salió todo de mi bolsillo. Tengo muy claro que todo lo que hago es para disfrutar. Si tengo que hacer una colección para contentar a alguien, no la voy a hacer.

Acabas de cumplir 30 años en un momento profesional muy dulce. ¿Qué sueños te gustaría cumplir en esta próxima década?

Me siento bastante afortunado porque creo que hasta ahora he podido cumplir todos mis sueños. De adolescente me colaba en la MBFWM detrás de los guardias de seguridad y ahora no solo he desfilado cuatro veces, sino que hasta he ganado un premio. Te diría que todos los diseñadores soñamos con estar en las pasarelas de París, y es algo que me haría ilusión, pero no es una meta que tenga ahora mismo en mente. Me apetece seguir disfrutando de mi trabajo, que no me quite de vivir y que no se convierta en un agobio.

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