Observan los curiosos uno de los cubos promocionales que visten el centro de Málaga estos días. Es el de la imagen de Zack Gómez-Rolls con la panza prepapá en su noveno mes de gestación. Su personaje, Ángel, está embarazado en ‘9 lunas’, la ‘feel good’ queer que dirige Patricia Ortega y estrena en el Festival. Lejos del morbo del que rehúye la directora, el filme encaja con lo que se entiende como película familiar. Una abuela, Kiti Mánver; un padre deconstruido, Jorge Sanz y María León como hermana del protagonista. «Una señora salió anoche escandalizada del cine, me hubiese gustado poder conversarlo», dice Ortega. Pero no le molesta porque sabe que su película educa la mirada.
No hay nada más «tóxico» que un ‘baby shower’ o un gimnasio y Gómez-Rolls habita ambos en el particular mundo de ‘9 lunas’. «El ‘baby shower’ es más difícil», afirma el actor. Y lo hace porque ahí comienza la película. Una familia trajeada a rayas azules y rosas a la espera de «condicionar» el futuro del nuevo miembro de la familia. Por eso, la banda sonora, la canción ‘Será varón, será mujer’ del popular Trío San Javier, no desentona en la celebración con la que se inicia. «No hemos nacido y la gente ya quiere saber el sexo», denuncia Ortega sobre una cinta que explora las vivencias de un hombre bajo la creencia de que el embarazo lo aleja de la masculinidad.
Familias diversas
La directora conoce que no existe un tipo de familia concreto. La suya, de hecho, es un matriarcado venezolano desde que su madre decidiera no «arruinarle» la vida con el «desastre» de su padre. «Conocí a mi padre con 20 años y nunca más», se despacha. Y así nace la idea de su película, la de un cabeza de familia viudo que interpreta Jorge Sanz y necesita de la deconstrucción en la crianza de sus hijos. Y la propia experiencia de Ortega permanece en la creación de espacios. Los vestuarios, el bar, lugares que la masculinidad tóxica «invade» sobre lo «físico» y «sonoro», según sostiene. «Todes estamos inmersos en ese espacio», declara.
La historia de ‘9 lunas’ es un «cambio de chip». El conflicto no reside en la identidad de género de su protagonista, sino en cómo se rompe el gueto. Es en sí, una forma política de entender la segunda película de Ortega, quien aboga por «intoxicar» el mercado y la vida con la existencia queer y sus referentes. En esta brilla Gómez-Rolls en plena lucha por encajar en otros grupos de hombres hasta que se pervierte y produce la pena de no reconocerse. «A veces, te alejas de lo que eres por pertenecer al grupo», apostilla en referencia al de su personaje en la película.
-¿Sigue siendo el hombre su peor verdugo?
-Claro que sí. Ser tú mismo te libera de las cárceles. Hay hombres que hacen una ‘performance’ solo por uno del grupo cuando la verdad es que ninguno quiere.
La luna es otra de las grandes referencias en la historia de Ortega. Dice la directora que esta influye en la vida, cambia y eso mueve al mundo. No le gusta lo estático y ella misma aprendió a conocer su cuerpo cuando un día supo que no era heterosexual. «Todo muta, no nos podemos aferrar a dogmas aprendidos que no sirven para todes», refleja sobre la metamirada de la que versa la película. Y justo en la mirada reside el pasado del protagonista, en los ojos de una Sara Sálamo que lo persiguen hasta que aprende a aceptarse.
Las conversaciones han sido otro aspecto fundamental en el rodaje. Temía dirigir a dos bestias de la interpretación como Kiti Mánver y Jorge Sanz, pero todo ha resultado grato. Con la primera ya trabajó en ‘Mamacruz’ y es su «madrina» y de Sanz ha descubierto a un hombre «supertierno». «Le ha cambiado la vida la paternidad, está aprendiendo cosas y está encantado con los nuevos personajes donde no lo encasillan como galán», sostiene sobre el actor.
La película no da respuestas, sólo apuesta por generar preguntas. Muchas de ellas se formulan cuando el protagonista corre pavoroso tras conocer su estado y al propio médico que interpreta Fernando Guallar. Los motivos de esa reacción ahondan en la falta de preparación social para reconocer lo que no se quiere, según cuenta Ortega. También, se especulará sobre la posible madre de la futura criatura y es que las decisiones personales así lo han permitido. Todo ello, huyendo de las caricaturas y reivindicando la búsqueda de espacios. «Cuanta más gente queer haya en un vestuario, más difícil va a ser para los heteronormativos colonizarlo».
Genitalidad
La directora critica la «exotización» con la que se exhibe la realidad trans y por eso ha cuidado las escenas. «Yo sentía la emoción de Zack rodando y tengo que cuidar eso, no aprovecharme», añade. Los planos entienden del respeto con el que se ha trabajado para no cosificar a las personas trans. «La gente es morbosa con las personas trans y eso no va con mi película», mantiene sobre los límites consensuados con todo el elenco. La idea es clara: ir más allá del cuerpo, por lo que los desnudos se explican en el contexto de la cotidianeidad que destaca la película.
El aprendizaje que cultiva la familia ilustra escenas como las clases de parto a las que acude el hombre deconstruido –Jorge Sanz– con Ángel. Poco a poco, este se asumirá y entonces cambiará su vida. «Cuando te aceptas y te entiendes se multiplican tus oportunidades», defiende Gómez-Rolls. La oportunidad la han aprovechado bien directora y actor en la historia que estrenan. Son tan amigos como familia y así dejan entrever las muestras de cariño. «Habrá a quien le guste más o menos, pero que la gente se conmueva es un éxito», coinciden.




