Queda tiempo para llorar en una terraza repleta de gentes. La celeridad no impide que David Moragas (Tarragona, 1993) se emocione. Lo rodean dos inseparables del título que estrena en el Festival antes de la llegada a cines el 27 de marzo. A su izquierda, Quim Àvila; a la derecha, Lluís Marquès, quienes protagonizan algo más que un éxito. No engaña el triunvirato de ‘Un altre home’ en lo que vende. Son buenos mirones y observan la nueva Barcelona junto a la vida de siempre: el barrio de Sant Antoni, Mercè Rodoreada y el amor en tiempos de crisis entrada la treintena. «Ojalá mi yo de 15 años hubiera visto esta peli», responde Marquès.
Lejos de cualquier etiqueta, la entrevista bautiza el filme como ‘cine de vida’. Es la primera que conceden para hablar de la película, del proceso, de sí mismos. Y les gusta lo que desliza el término porque no reduce una historia que ahonda en otras varias. Una madre malograda, una pareja –Marc y Eudald– y toda la belleza que cabe sobre la miseria de no estar conforme con la vida. «La belleza canónica es represiva», dice firme el director. Por ello, no es de extrañar el mundo que crea entre telas sedosas y habitáculos refinados. Y ahí habitan la crisis existencial de Marc –interpretado por Marquès–, la de la propia Barcelona como ciudad y los fantasmas menos visibles de Eudald –Quim Ávila–.
La rutina y el tedio son las batallas con las que lidian los protagonistas. En esas, Marc espetará: «Me molesta que te guste tanto lo que haces». Y su pareja lo recibe como puede porque, como dice, las luchas de quien compartes vida son las tuyas propias. Pero la vivencia de la pareja no se entendería sin su entorno. El de Marc representa el ideal familiar hasta que la tragedia supera la belleza y el de Quim, sus amigos. «Mi personaje desconoce que tiene luchas abiertas», sostiene Ávila. «Oye, chicos, qué cosas más bonitas decís», les sigue Moragas.
Diálogos
El «sistema opresor» permite que la cinta refleje el impulso de comunicar ante el mismo tipo de «violencia», sostiene el director. No son dispares las necesidades de Marc, las de su hermana –Bruna Cusí– o las de la pareja de esta –Joan Solé– cuando pretenden conectar en el diálogo. «Tengo un gay en la oficina», mantiene el último «sin herramientas» en un ramillete de frases memorables que idea Moragas. Otras como «marisocialistas», «maricones del Upper Diagonal» y demás expresiones de la cultura barcelonesa aúnan lo concreto y lo local en el filme. «Es precioso buscar el humor desde la especificidad, incluso el lenguaje que compartimos los maricones catalanes, que debe abrirse al mundo», afirma el director y guionista.
-Y mucho otro de profundidad pasmosa frente al espejo…
-Q. A.: Cuando tienes una conversación con alguien a través de un espejo, no solo ves al otro. Hay algo heroico cuando te expones frente a los temas que vas a tratar. La mirada está sobre ti y sobre cómo te está afectando lo que dices.
Será una conversación sobre ‘otro hombre’ la que cambia el rumbo de la pareja. El vecino de enfrente es el nuevo del barrio y la obsesión de Marc, quien acrecienta su inconformismo con Eudald. «Yo me doy cuenta del peso que le doy a mi pareja, eso me rompe», responde sobre el personaje. Lo reflexivo y lo extraño son las teclas que visita Moragas en los temas universales que toca. «¿Nadie piensa en cómo actuó en otro momento con otra persona?», deja caer Marquès. Para Ávila es la «permeabilidad» del proyecto lo que posibilita aportar al personaje. «Están humanizados desde un lugar cariñoso, el del afecto personal hacia cómo vivimos», declara.
El excesivo control de Marc termina por desestabilizar a la pareja. La falta en la toma de decisiones y el miedo por decidir lo llevan a un estado de rechazo. «Cuando él ve a su objeto de deseo en una ‘performance’ tan radical, como la de la galería, pierde el control», afirma Moragas sobre la escena hiperbólica en la que el protagonista consigue ser consciente de su estado. El deseo por el ‘otro hombre’ es otra de las metáforas que usa la película para demostrar sus ganas de explorar. «El rechazo le provoca a Eudald muchas inseguridades, pero debe sobrellevarlo, aunque sufra», aclara Ávila.
Conflicto
No es hasta que Eudald descubre su falta de autoría en el conflicto cuando opte por no perseguir a Marc. No obstante, el elenco expone diversas lecturas sobre el final. Tal vez, la clave la ofrezca Ávila: «Si tú necesitas creer que las relaciones funcionan, verás eso; si no lo estás, quizá hagas la lectura contraria», apostilla sobre los minutos finales de la película en la nueva ubicación que recrea con igual belleza. «Eso es el cine, brindar la duda a al espectador», reconoce Moragas.
-¿Qué debe hacer uno cuando está perdido y no sabe dónde ir?
-L. M.: Hay que hablar porque estar solo con tus tormentas no ayuda. Escuchar, apacigua mi ansiedad.
-D. M.: Creo en la cultura como herramienta de reflexión, de evasión, de sanación. Yo diría ir al cine, al teatro, a un concierto, al museo.
-Q. A.: Hago muchísimas cosas y, a veces, demasiadas pocas. Tiendo a la estaticidad, pero eso no ayuda. He aprendido a abrazar ese ‘¿me dejo llevar?’. Se lo debo a ‘Extrany riu’, de Jaume Claret, a quien felicito.
Quizá, por eso, ‘Un altre home’ es ‘cine de vida’. En la misma terraza queda ahora tiempo para preguntar qué parte de esta se queda sin vivir. Pero eso forma parte de otra historia. En la que estrenan desde la sala 1 del Albéniz; Moragas, Marquès y Ávila lo resumen así: una pareja de chicos a los que les pasan cosas. Mientras hablan, dejan entrever que ellos ya son otros hombres desde hace unos años. Y lo celebran. «¿Sabes qué me emociona?», pregunta Moragas. «Esta conversación», responde.




