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Afioco Gnecco, cineasta: «La mirada sigue siendo invasiva, tanto como el ‘binder’ que llevo 12 horas al día»

El cineasta posa en una instantánea durante la entrevista con SIX. Marilú Báez

El guionista y actor estrena 'Este cuerpo mío', un documental sobre su proceso de transición junto a su amiga Carolina Yuste en un viaje hasta Chile

Festival de Málaga Clemen Solana

En su Chile natal consta como Rafael. En España, como Rafaela. Así lo cuenta Rafi, Afioco Gnecco, natural. Hay quienes lo han tratado en femenino a lo largo de la mañana porque, parece ser, no han entendido nada de la película que estrena junto a Carolina Yuste. Amigo y amiga se unen, más si cabe, en la dirección e interpretación de ‘Este cuerpo mío’, que se estrena en el Festival de Málaga. Estaría más feliz de no combatir con «señoros», pero nadie le amarga la conquista. «Como tía tenía que pelear para que ni me hicieran caso y, ahora, al tener un poco de barba, la gente me escucha», declara. Su cuerpo es su patria y la primera pregunta, obligación.

-Si el origen del malestar no estuviera en el cuerpo ¿Seguiría estando en el cuerpo el remedio?

-Sigo en lista de espera para una mastectomía. ¿Me quiero operar o lo hago por la sociedad? No sé, pero quiero ir a la playa y que no me miren las tetas. La mirada sigue siendo invasiva, tanto como el ‘binder’ que llevo 12 horas al día.

La pregunta que responde ahora se la hace Yuste, su «Carol» y la cuestiona el escritor Miquel Missé a quien lee ‘A la conquista del cuerpo equivocado’. Así comenzaría el documental que promociona si no fuera por la imagen previa de Maddalena Ventura. El porqué del cuadro de la mujer barbuda tiene una sencilla explicación: le fascina desde pequeño. Consiguió plantarse frente a la obra de 1631 de José de Ribera que acoraza el Museo del Prado para reconocer que Rafi, como los cuerpos disidentes, ha «existido siempre». «Ese cuadro representa que podemos ser felices y tener una familia», dice.

Las familias

Ahora tiene una familia propia y otra escogida. Su pareja está a pocos metros; su amiga «Carol», en otra ciudad y su madre, Marcela, lo acompaña desde la esfera que le permite el alzhéimer. Las raíces chilenas le tiran y las recuerda. Viene de una familia de «inmigrantes nazis», y algún militar pinochetista con quien tuvo que desfilar en los teatrillos caseros hace más de tres décadas. «Si la nonna de 96 años me habla en masculino, cualquiera pueda», defiende. Para entenderlo, basta con visionar el abrazo que recibe de su tía abuela tras 20 años sin verse.

El documental vende realidad. Los traumas, las sesiones con la psicóloga y los efectos de la hormonización se sienten. Vivió «jodido» muchos años y afirma que no existiría sin su inseparable Carol. No le tiembla el tono, si eso, la mirada, cuando lo reconoce. No obstante, aprendió de la Yuste a rebajar el drama. «Entré al confinamiento como Rafaela y salí como Rafael, mi amiga siempre estuvo», narra. Los médicos, endocrinos, y las mil y una citas por la que pasó, acompañado, las mira de frente. «Dice ahora Feijóo que quiere derogar la ley trans, no es fácil la transición de género, que no diga gilipolleces», defiende sobre lo que el líder del PP sostuvo este jueves.

-Feijóo alega un supuesto «borrado de mujeres». ¿Desconoce que existen hombres trans?

-Los señores fascistas ponen el foco en las tías trans, que es el blanco fácil. Nosotros ni siquiera entramos en la ecuación. Todo eso es machismo porque nosotros somos hombres. Lo importante es que las personas trans estemos unidas en este discurso. No deja de ser un señor que se sube al carro porque no tiene ninguna posibilidad y está desesperado.

El «melón» burocrático que sufre le deja fuerzas para batallar con sus pesares. No tiene padre porque es ausente, pero en su vuelta a Chile está presente «de alguna forma». Si esta cinta equivale a su madre, el proyecto con el que trabaja refleja a su padre. «La primera película es la madre», dice entre risas. No le faltan cuando asume que ahora recibe el amor que ofrece. El cuidador se siente «cuidado» y experimenta uno de los mejores momentos de su vida.

Miedos

Ya no tiene miedo por quién le pueda querer. Tiene otros, aunque la mayoría los dejó en la película. «A los pequeños les digo que todo el mundo los querrá», sostiene. Sigue con su periplo como chico inmigrante a la espera de que el Gobierno español lo reconozca y reivindicar, reivindica siempre. Quiere llevar su película hasta Chile porque le gustan los finales circulares y por la propia situación política del país. «El movimiento queer es muy fuerte en Latinoamérica, mucho más radical», añade.

De entrevista en entrevista ocupará el mediodía antes del visionado de ‘Este cuerpo mío’ en el Teatro Echegaray. Merodea feliz en su despedida con un buen grupo de amigos. Se acerca a la paz que anhela y da las gracias. Llora con el final del documental, tal vez, le recuerde a una falta de abrazos. Y así, sí que se despide, sin la «mala leche» a la que tuvo –y tiene– que acudir cuando exige respeto. Afioco Gnecco se celebra.

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