Durante años, muchos hombres gais han crecido escuchando que había algo en ellos que estaba mal. Ese ruido no desaparece simplemente porque cambien las leyes o porque la sociedad avance. A menudo se queda dentro, moldeando la forma en que uno se mira a sí mismo, se relaciona con los demás o incluso vive su deseo.
Desde hace más de una década, el también youtuber -con más de 99K suscriptores en su canal- trabaja precisamente en ese territorio: el de las heridas invisibles que deja la homofobia interiorizada y el impacto que tiene en la autoestima de los hombres homosexuales. Considerado uno de los pioneros de la psicología afirmativa gay en el mundo hispano, lleva años acompañando a pacientes y lectores en un proceso que, como él mismo dice, consiste en aprender no solo a quererse mucho, sino también a quererse mejor.
Diez años después del éxito de ‘Quiérete mucho, maricón’, el autor publica ‘Quiérete mejor, maricón’, un nuevo volumen centrado específicamente en la autoestima. En él recoge la experiencia acumulada tras años de consulta, investigación y contacto con miles de lectores para abordar una idea central: detrás de muchos de los problemas que atraviesan los hombres gais suele haber una pregunta más profunda sobre el propio valor.
Pongamos que hemos seguido tus consejos durante estos últimos diez años. Que somos unos maricones razonablemente libres de homofobia interiorizada y con una autoestima sana. ¿Qué significa entonces ‘quererse mejor’?
Si has seguido todos los consejos y tienes una autoestima sana, ¡pues igual tampoco hace falta que te explique mucho! -risas-.
La idea de este libro surge porque se cumplen diez años de la publicación de ‘Quiérete mucho, maricón’. Queríamos señalar esa década y ver qué cosas han cambiado. A lo largo de estos años he visto que se habla mucho de nuestras problemáticas. Mis libros hablan de muchas de ellas: la homofobia interiorizada, la sexualidad, las relaciones o las redes sociales.
Pero había un aspecto pendiente: cómo uno llega a valorarse de una forma saludable. Cómo uno se valora convenientemente. El tema de la autoestima estaba por desarrollar.
Sabemos que tenemos dificultades para valorarnos porque hemos recibido una socialización que nos enseña precisamente lo contrario: a quitarnos valor. Necesitamos sobreponernos a eso aplicándolo a diferentes áreas de nuestra vida.
En ‘Quiérete mucho, maricón’ explicaba qué era la homofobia interiorizada y cómo nos afecta. En ‘Quiérete mejor, maricón’ partimos de ahí, pero damos ejercicios concretos, técnicas y herramientas para aplicar en diferentes aspectos de nuestra vida.
Una cosa es quererse mucho y otra hacerlo bien. Ese ‘bien’, con detalle, necesita más explicación.
En 2016 escribiste un manual muy centrado en superar la homofobia interiorizada. ¿Hoy dirías que ese sigue siendo el principal problema o han aparecido otros?
Me encantaría decir que en una década todo ha cambiado radicalmente, pero no es verdad.
Es cierto que han ocurrido cambios y que cada vez se habla más de la homofobia interiorizada, pero todavía seguimos teniendo muchos problemas de aceptación, de autoestima y de cómo nos relacionamos con los demás.
La autoestima tiene que ver con cómo una persona se considera, cómo se relaciona con los otros desde la equitatividad, entendiendo que tiene el mismo derecho que los demás, que no vale menos y que no tiene que sobrecompensar para recibir validación.
Eso tampoco ha cambiado tanto en estos diez años.
De hecho, cuando escribí ‘Quiérete mucho, maricón’ era bastante más optimista sobre hacia dónde iba la sociedad. Últimamente soy menos optimista. Estamos viendo avances de la ultraderecha, retrocesos en leyes y hay preocupación. Nos toca poner toda nuestra atención, nuestras armas, organizarnos sobre todo, que es importantísimo que nos organicemos, pero darnos cuenta de que no está todo tan garantizado.
Además, no todo el colectivo vive la misma realidad. Un hombre homosexual blanco de clase media puede estar relativamente bien, pero una persona trans o una persona racializada lo tiene mucho más difícil.
En tu experiencia clínica, ¿en qué momento empieza a construirse esa herida en la autoestima de muchos hombres homosexuales?
Empieza bastante pronto. Cuando hablamos de que los centros educativos no son seguros para el colectivo LGTB, deberíamos decir que no lo son para el colectivo al que ‘se le nota’, para quienes contradicen las expectativas de género.
A estos chicos se les señala desde muy pequeños. A muchos nos han gritado ‘maricón’ con cinco o seis años. Yo tenía seis cuando me pasó por primera vez y ni siquiera sabía lo que significaba.
Estás recibiendo mensajes de insulto y devaluación cuando todavía no tienes madurez cognitiva. El mensaje es muy claro: tú vales menos, tienes un defecto y los demás se pueden reír de ti. Eso ocurre con cinco o seis años.
Muchos hombres gais crecen con la sensación de ser distintos incluso antes de saber por qué. ¿Qué impacto psicológico tiene esa infancia?
No te dicen que seas distinto por algo bueno. No te dicen que seas distinto porque seas más inteligente o más guapo. Te dicen que eres distinto por algo de lo que los demás se ríen.
Te marcan con una característica que te estigmatiza. La sociedad te pone un letrero que dice que de esta persona nos podemos reír. Imagínate cómo afecta eso.
¿Dirías que hay una forma específicamente gay de sentir vergüenza?
No es estrictamente gay. Aparece en todas las minorías discriminadas. Cuando creces rodeado de mensajes que te dicen que vales menos, que mereces menos respeto, eso acaba generando problemas de autoestima y también vergüenza.
La vergüenza tiene que ver con sentirse defectuoso, equivocado o fallido. Y esa sensación se produce cuando la sociedad te repite constantemente que eres algo de lo que se pueden reír.
Como colectivo hemos conseguido mucho en España. ¿Por qué entonces muchos hombres gais siguen sintiéndose mal consigo mismos?
Porque no es tan fácil actualizar el software. Además, repito, no podemos pensar que todo está garantizado. Ha habido una comparecencia de un señor que aspira a presidente del Gobierno diciendo: ‘esta ley va para atrás’ -en referencia al presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo y su intención de revertir la legislación en la materia que afecta a las personas trans-.
El matrimonio igualitario llegó hace más de veinte años, pero antes de eso se dijeron barbaridades en el Parlamento. Hubo expertos que defendían que los homosexuales éramos enfermos peligrosos. La gente que hoy tiene cuarenta o cincuenta años creció escuchando todo eso. Han interiorizado esa homofobia.
Por eso ocurre algo contraintuitivo: un chico de dieciséis años suele llevar mejor su homosexualidad que un hombre de cincuenta y seis. El primero ha crecido con referentes y visibilidad; el segundo vivió otra sociedad.
Has escrito también sobre sexo y relaciones. ¿Hasta qué punto la autoestima condiciona la forma en que vivimos el deseo?
Muchísimo. Una persona con baja autoestima suele pensar que no le va a gustar a nadie, que no es deseable o que no merece ser tratada con cariño. Eso ya pone trabas al deseo.
Además, la baja autoestima está relacionada con problemas emocionales como la depresión, y la depresión afecta directamente a la libido.
¿Existe una tendencia entre los hombres gais a buscar validación externa para compensar inseguridades?
Es un mecanismo humano que aparece en todos los colectivos, pero en el colectivo gay el aspecto físico ha tenido mucha importancia. Las ‘tribus’ dentro del colectivo muchas veces se definen por características físicas: osos, twinks, etcétera. Coincidir con ese estereotipo facilita sentirte integrado.
En algunos casos el físico se convierte en una forma de sobrecompensar la autoestima. Si es la única fuente de validación, la autoestima se vuelve muy vulnerable.
En las apps de citas parece que el valor personal se mide en fotos, edad o cuerpo. ¿Cómo afecta eso a la autoestima?
Las apps son extremadamente visuales. En un bar puedes abrirte camino con la simpatía o con una conversación, pero en una aplicación la única información que tiene la otra persona es tu foto. Eso hace que el aspecto físico sea la tarjeta de presentación.
¿Qué patrones de relación ves repetirse en hombres con baja autoestima?
El perfil del ‘rescatador’. Personas que creen que no valen lo suficiente y que tienen que esforzarse el doble para merecer amor. Se implican en relaciones con personas muy complicadas porque sienten la necesidad de demostrar lo mucho que valen. En el fondo están intentando rescatar a otros para rescatarse a sí mismos.

¿Crees que dentro del colectivo reproducimos jerarquías como el edadismo o el culto a la masculinidad?
Sí, pero como cualquier colectivo. Si creces en una sociedad machista, racista o xenófoba, interiorizas esos valores. Nos damos cuenta rápidamente de la homofobia porque nos afecta directamente, pero otras discriminaciones pasan más desapercibidas.
Muchos jóvenes crecen hoy con referentes y derechos que antes no existían. ¿Eso se traduce en una mejor autoestima?
Sí, rotundamente. Un chico que ha crecido con apoyo familiar y en un entorno donde su homosexualidad nunca ha sido un problema tiene una experiencia completamente distinta. Eso se ve muchísimo en consulta.
Tú eres considerado el pionero de la psicología afirmativa gay en el mundo hispano. ¿En qué se diferencia de la psicología convencional?
No es una psicología distinta. Es un campo de especialización, como la psicología del deporte o la psicología educativa. Se aplican las mismas técnicas de la psicología general, pero enfocadas a un colectivo concreto que tiene retos específicos.
¿Qué errores comete a veces la psicología general cuando trata a pacientes homosexuales?
El problema no suele ser la psicología, sino el desconocimiento del colectivo.
Si no conoces cómo funcionan nuestras relaciones, nuestra sexualidad o nuestras dinámicas, puedes interpretar mal ciertos comportamientos.
En el libro hablas de la relación entre autoestima y drogas. ¿Por qué era importante abordar este tema?
Porque necesitamos hablar claramente de las drogas. La gente se droga y seguimos mirando hacia otro lado. Falta educación sobre las sustancias. En el caso de nuestro colectivo, además, hay fenómenos específicos como el chemsex y una relación histórica con espacios de ocio nocturno.
¿Existe una relación entre baja autoestima y consumo de drogas?
No es una relación directa. Ambas cosas suelen venir de una misma fuente: el estrés de las minorías. Las agresiones, la discriminación y el dolor emocional pueden generar ansiedad, baja autoestima y también consumo de sustancias.
¿Es posible tener una relación con las drogas que no esté vinculada a problemas de autoestima?
Sí. Pero necesitamos información. La Organización Mundial de la Salud recomienda enfoques de reducción de daños y riesgos. La realidad es que las sustancias están presentes en los espacios de ocio y la población necesita educación para relacionarse con ellas de forma más segura.
¿Cuándo deja de ser un consumo recreativo y se convierte en un problema?
Hay una pregunta muy útil en prevención de adicciones: ‘¿Quieres darte un gusto o quitarte un disgusto?’. Si consumes para disfrutar de un momento puntual, es una cosa. Si consumes para evadirte del dolor o de los problemas de tu vida, ahí empieza el consumo problemático.
¿Por qué a muchos hombres gais les cuesta pedir ayuda cuando el consumo se descontrola?
Por el estigma. Se habla del ‘armario psicodélico’. Igual que ocurre con la orientación sexual, muchas personas ocultan su consumo porque saben que está estigmatizado. Ese estigma dificulta pedir ayuda.
Tú empezaste a especializarte en hombres homosexuales en 2008. ¿Cómo te cambió personalmente ese proceso?
¡Qué buena pregunta! Fíjate, nunca había reflexionado sobre ello. Es verdad que profesionalmente he cambiado mucho, pero tantos años de investigación y trabajo te dan un conocimiento que, a nivel personal, me ha ayudado muchísimo a sentirme muy a gusto conmigo mismo. La verdad es que me ha resuelto muchos conflictos.
Al final, todo lo que estudias tiene aplicación para ti y para todo un colectivo; lo que voy aprendiendo para ayudar a los demás también lo aplico en mi vida. Me encuentro muy a gusto con mi sexualidad, con mis relaciones, con mi ocio y con un montón de cosas. Yo creo que, sobre todo, me he dotado de una caja de herramientas muy importante para abordar la vida.
Luego hay una parte que quizá no es tanto personal como social: es muy bonito salir a la calle y encontrarte con personas que siguen tu canal, que te ven y te tienen respeto y cariño. Es muy chulo recibir el abrazo de la gente. Está muy bien, la verdad que sí.
¿Hay algo que hayas aprendido de tus pacientes que te haya obligado a replantearte tus propias ideas sobre ser gay?
He aprendido muchísimo en este viaje sobre las relaciones sexuales y sobre las no monogamias. Me he replanteado un montón de cosas en el estilo de mis relaciones y en mi estilo de ocio. Ya no tengo nada que ver con quien era hace quince años; nada, la verdad.
Después de tantos años escuchando a hombres gais en consulta, ¿qué dirías que necesitamos aprender como colectivo?
Si tuviera que quedarme con una sola cosa, sería convencernos de que somos exactamente igual que cualquier otro ciudadano. Nuestro amor, nuestro deseo, nuestra sexualidad y nuestro ocio merecen el mismo respeto que los de cualquier otra persona.
Y si tuvieras que dejar una sola frase a los lectores que se acerquen a este libro, ¿cuál sería?
La autoestima no es un destino, es un viaje. Es un proceso continuo de conocerse, validarse y entender que nuestro modelo de vida es tan válido como cualquier otro.




