Durante más de dos décadas, Peaches ha ocupado un lugar incómodo dentro de la industria musical: demasiado explícita para el mainstream, demasiado accesible para lo trendy, y demasiado política para ser reducida a simple provocación estética. Su regreso discográfico, ‘No Lube, So Rude’, publicado el 20 de febrero de 2026 a través de Kill Rock Stars, intensifica lo que puede ser leído como una contradicción, pero que es realmente una forma (más) de ser anárquica. Diez años después de ‘Rub’ (2015), reaparece con un trabajo que recupera el espíritu del electroclash y el indiesleaze, una corriente sonora de la que fue pionera a finales de los noventa, para transformarlo en un manifiesto político del siglo XXI. En este nuevo disco la cantante se encomienda una misión muy clara: poner sobre la mesa el deseo sexual femenino como uno voluntario, facultativo y legítimo, contextualizado dentro de la resistencia antifascista.
En este momento cultural actual en el que prima la velocidad y la producción nostálgica, Peaches nos propone un álbum que unifica art pop, synth-punk, electrónica industrial y activismo queer en una misma superficie sonora: música física, incómoda y deliberadamente frontal. Aunque a menudo se la etiqueta como bisexual, Peaches ha declarado que esto refleja plenamente su experiencia, y prefiere adoptar una identidad más fluida, abierta y queer. Y esto se refleja en las letras de ‘No Lube So Rude’, que se presenta como un artefacto antipatriarcal, sexualmente libre y de carácter posmenopáusico, cuestionando la invisibilización sistemática de los cuerpos envejecidos dentro del imaginario pop

La artista en una instantánea. The Squirt Deluxe
El disco recupera la suciedad electrónica y la actitud irreverente de su obra para actualizarla en un contexto marcado por el auge global del autoritarismo y las legislaciones anti-LGBTQ+. Peaches nunca ha separado arte y activismo, y aquí esa unión se vuelve explícita. El primer single, ‘Not In Your Mouth, None Of Your Business», es una canción protesta contra la regulación del cuerpo. El tema, que abre el disco, recoge el sonido de sus característicos sintetizadores industriales sobre los que la artista repite consignas que apelan a la autonomía colectiva frente a estructuras políticas que buscan imponer silencio. Durante la promoción del álbum ha insistido en que su objetivo es movilizar físicamente al público, recordar que «el fascismo no tomará nuestras vidas». Y así lo plantea de forma frontal en el single: «Nunca nos quitarán nuestro orgullo (Dejen de arruinar nuestras vidas). Las órdenes no nos harán rendirnos, las órdenes no nos harán rendirnos y morir».
En ‘Fuck Your Face’ recupera su humor confrontativo mientras introduce una dimensión poco explorada en su discografía: la visibilidad del deseo después de los cincuenta. Peaches pone luz sobre el proceso posmenopáusico como uno disidente, simplemente por existir, más aún por formar parte de la cultura pop: «Domina, sin debate. Acelera el ritmo cardíaco. Abre las compuertas, detona. Gírate, te follaré la cara», canta. El tema titular, ‘No Lube, So Rude’, sintetiza a la perfección el concepto del álbum, y sus múltiples capas léxicas. La metáfora del lubricante deja de ser únicamente sexual para convertirse en símbolo político: cuando el mundo se vuelve fricción constante, el cuidado y el afecto se transforman en herramientas de supervivencia. Pero también la artista sugiere irónicamente la necesidad de éste para asimilar las noticias del mundo en que vivimos: «Voy a necesitar un poco… De lubricante. Se me ha acabado… El lubricante. ¿Has traído el lubricante? Eso no va a ser suficiente».
‘Grip’ tiene uno de los bajos más sucios del disco, y unas trompetas que anuncian un manifiesto que señala el auge de la ultraderecha en clave electropop: «Ojos salvajes, río seco. Franquicia, queen size. Polariza la buena división. Todo es mentira, todo es mentira. Alt-right, gaslight. Aprieta fuerte, blanco tacaño». A lo largo del disco se extiende un sonido que nos lleva al underground berlinés, especialmente palpable en temas como ‘Be Your Love’ o ‘Panna Cotta Delight’. La copa menstrual, las drogas y estimulación clitoridiana se fusionan en ‘Fuck How You Want To Fuck’; y ‘You’re Alright’ realiza un juego fonético (you’re alt-right) donde la artista reta al sistema: «Yo soy icónica, tú eres colonizador ¿Quieres follarme? Qué irónico».

La canadiense en su celebrada vuelta
Aunque sí es cierto que en algunos momentos abusa de estribillos algo repetitivos, es en la mayoría de las estrofas y puentes en los que encontramos pura poesía antifascista: «Todos vosotros, nepo babies, necesitáis una toallita húmeda […] Todos vosotros, tecnócratas, coméis suspensorios», espeta en la refractaria ‘Hanging Titties’. Hay sarcasmo, obscenidad y juegos de palabras, pero también una vulnerabilidad inesperada: la de una pionera enfrentándose a una sociedad que espera su silencio.
Damien Morris, el crítico cultural en The Observer se refiere al sonido del disco como «Lady Gaga viendo Pornhub en la trastienda del club». Y es una buena imagen para entender la idea de incomodidad que vertebra el disco. Si algo distingue este trabajo dentro de su discografía es su tono ligeramente más reflexivo. La provocación sigue presente, pero ahora aparece atravesada por una conciencia temporal: qué significa seguir siendo radical en una industria obsesionada con la juventud. Una premisa que apoyan otros artistas de la escena punk como Model/Actriz y Corisa Star, teloneros de su gira actual. Pero también Boys Noize y Only Fire, responsables de los remixes de estos nuevos singles, o la británica Kate Nash para la que Peaches ha remezclado ‘GERM’, su tema anti-TERF.
Nacida como Merrill Nisker en Canadá en 1966 y afincada desde hace años en Berlín, Peaches irrumpió en la cultura pop con ‘The Teaches of Peaches’ (2000), un debut que redefinió la relación entre sexualidad, performance y música electrónica. Sus letras explícitas, su estética DIY heredera del punk y el uso del shock como herramienta humorística y política la convirtieron en una figura clave del feminismo sex-positive dentro del pop alternativo. Música, vídeo, performance, instalaciones, ópera electro-rock o cine: su obra ha insistido siempre en borrar las fronteras entre disciplinas y entre identidades. Colaboraciones con artistas tan dispares como Iggy Pop, Daft Punk, Christina Aguilera o Yoko Ono, la presencia de su música en producciones como ‘Lost in Translation’ o ‘The Handmaid’s Tale’, y el estudio académico de su trabajo evidencian algo poco habitual: Peaches es una de las figuras que ha contribuido al desarrollo del pop queer actual.
En entrevistas recientes, la artista ha insistido en que existen fuerzas sociales que buscan que las minorías «se rindan y se callen». Su música, afirma, pretende exactamente lo contrario: ayudar a recuperar la voz propia. La claridad discursiva de Peaches resulta casi anacrónica, y se sitúa así junto a artistas como Fever Ray, Kim Gordon o Lucy Dacus, figuras que han convertido su posicionamiento político en parte inseparable de su narrativa artística. En ‘No Lube So Rude’, el erotismo deja de ser únicamente celebración para convertirse también en primera línea de defensa frente a la normalización conservadora.

Peaches. The Squirt Deluxe
En una reciente entrevista con Karen O, vocalista y líder del grupo Yeah Yeah Yeahs, para Interview Magazine, Peaches se mostraba contenta de que por fin se habla de la menopausia, con libros como ‘All Fours’ de Miranda July o el programa canadiense ‘Small Achievable Goals’. «Ahora la gente vive hasta los 100 años. Me ha gustado mucho el podcast de Julia Louis-Dreyfus. Se llama Wiser Than Me. Las invitadas son todas mujeres mayores que ella y la primera pregunta que les hace es: ‘¿Te importa decir tu edad real?». Y ellas responden: ‘Para nada. Tengo 90 años’. Son totalmente lúcidas y geniales, y les da igual todo. Es como Glenn Close diciendo: ‘Te voy a decir la verdad’», explicaba la artista.
La artista, que estrenó hace un año el documental ‘Peaches Goes Bananas’, dirigido por Marie Losier, eligió su nombre artístico porque quería Nina Simone le cantara la última línea de la canción ‘Four Women’ («Mi nombre es Peaches»). Su obra es un revulsivo que en sí misma que consigue rescatar constantemente una cuestión clave: ¿qué lugar ocupa el arte cuando la cultura se vuelve complaciente? Hace unos meses declaraba a Dj Mag que «cuando el mundo es fricción, el lubricante no es un lujo… es poder y orgullo». Ahora, más que nunca, ya sabemos que la obra de Peaches continúa siendo provocadora. La siguiente pregunta es si estamos dispuestos a escuchar lo que lleva más de veinte años diciendo.




