Publicidad Noticia Top

Cuando la violencia viene de dentro: lo que debemos aprender de los ataques tránsfobos a Nix

Nix, finalista de la última edición de 'Drag Race España'. Atresplayer

No todas las violencias llegan desde fuera ni con formas evidentes. Algunas se articulan desde la cercanía, con palabras conocidas y con la certeza de quien sabe cómo hacer daño

Comunidad Estupenda Márquez

No es una polémica, es violencia. Y lo es aunque se presente como una broma, una opinión sincera o un simple comentario vehemente. Porque cuando el centro de la conversación pasa a ser el cuerpo de una persona, sea trans o cis, ya no estamos discutiendo ideas. Estamos señalando cuerpos, y eso nunca es inocente.

Esta semana, a raíz de los ataques tránsfobos dirigidos a Nix, concursante de la quinta edición de ‘Drag Race España’, por parte de otra persona perteneciente al colectivo LGTBIQA+, ha vuelto a quedar en evidencia una realidad incómoda. La violencia no siempre viene de fuera, a veces también se articula desde dentro.

Todo empezó con un comentario exagerado, quizá torpe, de Nix en un podcast, diciendo, en tono de broma, que «las mujeres trans hacen mejor drag que los gays». Una frase lanzada desde un código drag que históricamente ha vivido de la provocación y de decir cosas que no buscan caer bien. Puede no gustar, puede incomodar, e incluso puede criticarse, pero todo eso forma parte de una conversación posible. El problema llega cuando la respuesta deja de ser una crítica y se convierte en un ataque directo al cuerpo y a la identidad de una mujer trans. En ese punto ya no estamos hablando de humor. Estamos hablando de violencia.

Señalar mentones, barbas o cualquier rasgo de la fisonomía de una persona para cuestionar quién es ‘realmente’ una mujer no es una provocación inteligente. Es repetir los mismos discursos que escuchamos todos los días fuera del colectivo. Discursos que ridiculizan, deshumanizan y jerarquizan. Los mismos que deciden quién encaja y quién sobra.

Una de las trampas más habituales en estos casos es intentar convertirlo todo en debate; apelar a la objetividad, a la libertad de expresión o al derecho a opinar. Pero hay algo que conviene decir con claridad. No se dan opiniones sobre cuerpos ajenos. Y cuando se hace, no estamos ante una idea abstracta, sino ante una práctica concreta de señalamiento.

También aparece a menudo el argumento del agravio comparativo: que si a otras figuras públicas se les permitió decir cosas parecidas, que si en otros momentos ese tipo de comentarios fueron celebrados. Pero este razonamiento ignora algo básico. El contexto importa, no todas las voces hablan desde el mismo lugar ni todas las palabras tienen el mismo impacto. No es lo mismo incomodar desde una posición que desafía la norma que reforzar una violencia que ya existe y que opera sobre determinados cuerpos.

En situaciones así yo suelo recurrir a una idea bastante sencilla del filósofo Karl Popper. No todo merece respeto ni tolerancia, especialmente los discursos que existen para negárselo a otras personas. Darles espacio no nos hace más abiertas, nos hace responsables del daño que provocan.

Por eso conviene frenar cuando los ataques tránsfobos se defienden como simples opiniones. No afectan solo a quien los recibe. Como recordó Nix, esos comentarios los leen muchas más personas. Y cuando se ataca un cuerpo trans en público, el daño se multiplica a toda la comunidad.

El privilegio dentro del colectivo existe. No todas las identidades se enfrentan al mismo nivel de exposición ni al mismo riesgo. No es lo mismo ponerse una peluca para subirse a un escenario que ponérsela para poder reconocerse. Entender esta diferencia no divide, aporta conciencia.

Por eso, más que centrar el foco en nombres propios o alimentar el ruido, lo verdaderamente útil es revisar el patrón. Preguntarnos qué discursos estamos normalizando. Qué risas estamos validando. Y quién paga el precio de todo eso.
Si algo podemos aprender de estos ataques, especialmente cuando vienen de dentro, es que la violencia no siempre llega con formas evidentes. A veces se presenta como una simple opinión.

Publicidad Encima Newsletter