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Por qué Nicky Minaj se ha convertido en una traidora para medio mundo

La rapera más influyente de las últimas décadas continúa mostrando su apoyo a las políticas de Donald Trump de forma pública

Actualidad Antonio Rodriguez
Esta foto ya se ha considerado como 'la foto de la traición'. Win McNamee/Getty Images/AFP
Actualidad Antonio Rodriguez

Desde hace unas horas se mueve por las redes la fotografía que acompaña este artículo. Se trata de un plano detalle de las manos de Nicki Minaj y Donald Trump entrelazadas, y simbolizando esta nueva alianza entre dos figuras hasta hace poco antagónicas. Llama la atención la potencia de la imagen, digna de estudio y análisis en una clase de fotografía; las arrugas de la mano de Trump se funden con esas uñas características de la rapera trinitense, que combina tonos celeste y rosa en un brillante lacado. Curiosamente, el uso que se le da a estos colores, como todo en lo visual, puede representar ideas drásticamente diferentes: son dos tonos históricos para figurar los roles de género establecidos por la normatividad (muy presentes en esas fiestas de ‘Gender Reveal’), pero también dos colores resignificados en la bandera trans, un símbolo de orgullo y resistencia, diseñado por la activista estadounidense Mónica Helms en 1999.

La rapera ha dado un giro radical en sus manifestaciones públicas que muestran un cambio de ideología y una repentina veneración hacia la figura de Donald Trump. «Probablemente, sea su fan número uno», declaraba ayer en la Cumbre de Cuentas celebrada en Washington D.C. y organizada por el actual gobierno conservador. Además, Minaj recibió de esas manos del presidente una Tarjeta de Oro, con beneficios de todo tipo como ciudadana de EEUU. Curiosamente, estas uñas que aprietan la palma del presidente de EE. UU. son similares a las que la artista mostró en su participación en el programa Ru Paul’s Drag Race en 2020; probablemente el programa de televisión internacional más LGTBIQA+ del momento. Y aquí es donde tropezamos con la primera referencia que describe lo que se está leyendo como una traición. Nicki Minaj es la rapera más influyente de las últimas décadas, la única mujer incluida en la lista de las 10 mejores estrellas de la historia del hip-hop de Billboard en el 50 aniversario del género en 2023. Eso sí, sus ‘beefs’ con Lil Kim; Miley Cirys o Cardi B, sus críticas a la vacunación contra la Covid19, o la condena por intento de violación a su actual pareja son algunas de las cuestiones por las que la artista ha estado presente en los medios, cuyas últimas canciones no han destacado precisamente por su calidad o famoso ‘swag’. 

En 2010, en una entrevista con MTV, Nicki Minaj expresaba: «Los apoyo. Los amo muchísimo, y para las personas que no lo hacen, necesitan ayuda», en referencia a sus fans de la comunidad LGTBIQA+. En 2019 canceló su concierto en el Jeddah World Fest, en Arabia Saudí: «creo que es importante para mí dejar claro mi apoyo a los derechos de las mujeres, la comunidad LGBTQ y la libertad de expresión», declaraba. No es posible entender la relevancia de su éxito estas últimas dos décadas sin los vínculos claros a lo queer y la liberación de la mujer. No sólo en sus letras -su alter ego Roman Zolanski es descrito por ella misma como un chico gay de Londres- sino también en la faceta visual y estética de su trabajo. Las pelucas de colores, su extravagante vestuario, las colaboraciones con otros artistas, el ‘slang’ norteamericano de la escena ballroom, pero sobre todo una legión de fans que la han seguido hasta el fin del mundo: las ‘Barbz’, parte del secreto de su éxito, una clara y fiel devoción de una comunidad mayoritariamente queer de la que la artista no solo ha presumido, sino que se ha beneficiado cultural y económicamente.

Lo sorprendente de esta fotografía no es solo el respaldo público al gobernante responsable de políticas migratorias, sino también cómo captura estas uñas como símbolo de una traición de valores. Históricamente, el ‘nail art’ nace alrededor de 5000 a. C. y la arqueología data entonces las primeras uñas decoradas en momias egipcias, mujeres indias y hombres de la antigua Babilonia. Sin embargo, en EE. UU. esta técnica es una importante alegoría gracias a Josephine Baker. Y es que según el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, ella marcó tendencia con su look, que incluía unas uñas bien cuidadas y tuneadas. Baker fue una bailarina, cantante y actriz francesa de origen estadounidense, pero sobre todo con trascendencia cultural: fue espía francesa contra la Alemania nazi y activista por los derechos de las personas negras. Esta tendencia aparentemente estética se perpetuó dentro de la comunidad LGTBIQA+, reforzando la interseccionalidad de ambas luchas, y que vive un ‘revival’ en estos últimos años.

Esta cumbre es el segundo gran evento público en el que la rapera ha elogiado a Trump por sus políticas, contradiciendo todo lo que ella y su música habían defendido a lo largo de su trayectoria. El pasado mes de diciembre fue una de las invitadas estrella en la conferencia ultraconservadora Turning Point USA, en la que conversó con Erika Kirk, la viuda de Charli Kirk, una de las nuevas figuras virales de los discursos de la ultraderecha católica en Norteamerica. En este encuentro, Minaj se pronunció claramente anti trans, en sintonía con unos comentarios de días previos en sus redes: «chicos, sed chicos, no hay nada malo en ser un chico». La rapera, además, llamó recientemente «chupapollas» al periodista norteamericano Don Lemon, o ha compartido mensajes de figuras del gobierno conservador en redes, en los que se anuncia «No queremos hombres en los deportes femeninos».

De la misma forma que se leen en muchos rincones de nuestra vida online que las ideas de odio contra las personas racializadas, LGTBIQA+ o migrantes son el nuevo punk, esta imagen representa de una forma escalofriante como desde que se recuerda la expresión visual y la reutilización de ésta ha sido un arma más de aquellos que reproducen estas ideas. Un efecto que capitaliza las referencias simbólicas de las luchas civiles, e intenta despolitizar la representación de éstas en los imaginarios de las mal llamadas minorías. La cultura Skinhead, el género jamaicano ska, o la bandera del Union Jack en el Reino Unido son algunos de los muchos ejemplos de este tradicional mecanismo de desarticulación de artefactos, explicados en ‘Estudios Culturales 1983’, del sociólogo y teórico cultural jamaicano Stuart Hall, figura clave de la Escuela de Birmingham.

Rosalía, Billie Eilish, Christina Aguilera y Britney Spears han dejado de seguirla en redes, llegando esta última a retirar el remix de ‘Till The World Ends’ con la nueva figura MAGA en Spotify. Ahora queda en manos de sus fans y seguidores ver cómo afecta todo esto a la fama de Minaj, que al menos por ahora parece decidida a mantener estos nuevos posicionamientos.

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