Era la noche del 11 al 12 de junio de 2016. Se celebraba una noche latina en la discoteca Pulse de Orlando y más de 300 personas, en su mayoría hispanos, bailaban distendidamente y disfrutaban de sus amigos. La drag queen puertorriqueña Kenya Michaels actuaba aquella noche en el local. Nada anticipaba la tragedia que estaba a punto de suceder. Eran las 2.02 de la madrugada cuando se oyeron los primeros disparos. Siete minutos después, la discoteca publicaba en su página de Facebook un mensaje: «Que todo el mundo salga de Pulse y salgan corriendo». 49 personas perderían la vida y 53 resultarían heridas.
La masacre de la discoteca Pulse fue entonces el mayor ataque terrorista que vivía Estados Unidos desde los atentados del 11-S y el mayor tiroteo con armas de fuego de su historia (superado, luego, por el atentado de Las Vegas de 2017). Provocó una conmoción enorme tanto en Orlando, como entre la comunidad latina, como la LGTBQ+ de todo el mundo. Un dolor cuyo eco aún resuena hoy día y que no se olvida. Las familias siguen devastadas y piden que se depuren responsabilidades por una actuación policial que consideran negligente.
Christine Leinonen se despertó a las 3 de la madrugada a causa del insomnio y al consultar Facebook vio una publicación sobre el tiroteo. En ese momento no sabía que su hijo Christopher, de 32 años, había fallecido, al igual que Juan Ramón Guerrero, de 22, su novio. Christine intentó llamar a su hijo, habló con la policía para ver si tenían información y después fue hasta el hospital, donde esperó durante mucho tiempo. Pasaron 33 hasta que recibió la confirmación de la muerte de su hijo. Desde entonces, ha sido una de las afectadas que han tratado de esclarecer qué pasó esa noche.
«Cuando pienso en eso, pienso en lo dolorosa que es una bala en el cuerpo humano, en la cantidad de pólvora que hay en una sola herida, y que él tuviera nueve, y ninguna alcanzara órganos vitales», contaba hace unos días a Central Florida Public Media, un medio local independiente. «Probablemente no estaba muerto. Probablemente estaba vivo y quién sabe cuánto tiempo estuvo vivo. Podría haber estado en estado de shock, y su cuerpo lo protegió o podría haber presenciado muchas cosas. Y luego saber que estaba allí tirado…».
Christopher estaba en la pista de baile cuando recibió los impactos de bala del fusil semiautomático del autor del tiroteo. Primero, cuatro disparos impactaron en la parte de atrás de su pierna y, minutos después, en otra ráfafa, otras cinco balas alcanzaron su pecho mientras la policía aún no había entrado en el club. Como su madre señala, los proyectiles no tocaron órganos vitales, de modo que se cree que no murió en el acto sino desangrado minutos después.
Según un informe realizado en 2018, 16 de las víctimas murieron tras sufrir «heridas que, de otro modo, habrían sido tratables». Es decir, la torpe actuación policial de aquella noche impidió que hubiese más supervivientes. Así lo cree Belinnette Ocasio-Capo: «Si hubieran actuado antes, os aseguro que mi hermano estaría hoy aquí con nosotros», en declaraciones recogidas por el periódico británico The Sun. Luis Omar Ocasio-Capo tenía 20 años. «Ver las imágenes de las cámaras de seguridad donde la policía está tranquilamente con sus teléfonos mientras mi hermano se desangraba durante más de 30 minutos, cuando podrían haberlo salvado…», añade Belinnette.
La policía de Florida, con la incorporación de un grupo SWAT, tardó tres horas en abatir al autor del crimen, un hombre llamado Omar Mateen, de ascendencia afgana. Mateen abrió fuego en la pista de baile primero y luego se encerró en uno de los baños, tomando a los presentes como rehenes. En una de las comunicaciones con la policía aseguró portar explosivos, lo cual no era cierto. En las semanas siguientes al suceso, las autoridades y los medios intentaron trazar un perfil de Mateen para encontrar el móvil del crimen.
Durante el tiroteo, Mateen llamó al 9-1-1 asegurando que pertenecía al ISIS y que su acción era una represalia por los ataques aéreos que había realizado EEUU contra Irak y Siria días antes. Se dijo que era un hombre «mentalmente enfermo» y «perturbado», que había sufrido maltrato por parte de su padre y que él, a su vez, había maltratado a su exmujer. No había conseguido trabajar ni como guardia de prisiones ni como policía y quienes le conocieron entonces aseguraron que sus comportamientos violentos fueron el motivo por el que no lo logró. También se reportó adicción a esteroides.
Además, se especuló sobre la posibilidad de que Mateen fuese gay o bisexual en el armario, y se dijo que había frecuentado Pulse con anterioridad, pero nada de esto fue probado. No se encontraron aplicaciones de citas ni pornografía en sus dispositivos que así lo acreditase ni ninguna otra prueba. Por otro lado, el padre del asesino aseguró que meses antes se había enfadado al ver a una pareja gay besarse delante de su hijo en un centro comercial. Sin embargo, no llegó a esclarecerse del todo si Omar Mateen tenía intención de atentar específicamente contra un club LGTBQ+ o si solo quería matar al mayor número de personas posibles.
En los días siguientes a la tragedia, la comunidad de Orlando se unió en apoyo a la familia de las víctimas, aunque con algunos incidentes. Miembros de una iglesia de Kansas se trasladaron hasta el lugar para oponerse a los funerales de miembros del colectivo LGTBQ+; sin embargo, la comunidad teatral local se vistió de ángeles (con unas alas hechas con tubos y sábanas) y crearon un cordón para proteger a las familias de estos indeseables y asegurarse de que los oficios se realizasen con respeto.
Diez años después, la herida de Christine Leinonen no se ha cerrado. Mantiene que la policía estableció una falsa narrativa en la que los agentes irrumpieron de forma heroica en el local, lo cual no es cierto. Incluso recibieron una medalla al valor por su trabajo aquella noche. Ella y otros familiares han luchado durante largo tiempo por esclarecer qué pasó de verdad. «Al final conseguimos suficientes grabaciones de las cámaras corporales y audios de los agentes durante los interrogatorios como para reconstruir lo sucedido, y fue un fallo policial total y absoluto», dice a The Sun.
A continuación, incluimos el listado completo de las víctimas de la masacre de Pulse para su recuerdo:
Edward Sotomayor Jr. (34), Stanley Almodóvar III (23), Luis Omar Ocasio-Capo (20), Juan Ramón Guerrero (22), Eric Iván Ortiz-Rivera (36), Peter O. González-Cruz (22), Luis S. Vielma (22), Kimberly Morris (37), Eddie Jamoldroy Justice (30), Darryl Roman Burt II (29), Deonka Deidra Drayton (32), Alejandro Barrios Martínez (21), Anthony Luis Laureano Disla (25), Jean Carlos Méndez Pérez (35), Franky Jimmy Dejesus Velázquez (50), Amanda Alvear (25), Martín Benítez Torres (33), Luis Daniel Wilson-León (37), Mercedez Marisol Flores (26), Xavier Emmanuel Serrano Rosado (35), Gilberto Ramón Silva Menéndez (25), Simón Adrián Carrillo Fernández (31), Óscar A. Aracena-Montero (26), Enrique L. Ríos, Jr. (25), Miguel Ángel Honorato (30), Javier Jorge-Reyes (40), Joel Rayón Paniagua (32), Jason Benjamin Josaphat (19), Cory James Connell (21), Juan P. Rivera Velázquez (37), Luis Daniel Conde (39), Shane Evan Tomlinson (33), Juan Chávez-Martínez (25), Jerald Arthur Wright (31), Leroy Valentín Fernández (25), Tevin Eugene Crosby (25), Jonathan Antonio Camuy Vega (24), Jean C. Nives Rodríguez (27), Rodolfo Ayala-Ayala (33), Brenda Lee Márquez McCool (49), Yilmary Rodríguez Sulivan (24), Christopher Andrew Leinonen (32), Ángel L. Candelario-Padro (28), Frank Hernández (27), Paul Terrell Henry (41), Antonio Davon Brown (29), Christopher Joseph Sanfeliz (24), Akyra Monet Murray (18), Gerardo A. Ortiz-Jiménez (25).




