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Sinpatron, moda sin etiquetas que convierte la costura en activismo LGTBI

El diseñador bilbaíno Alberto Etxebarrieta ha confeccionado unas 'tote bags' para recaudar fondos para la asociación de Manolita Chen

Inbox Víctor Rojas
Alberto Etxebarrieta, creador de la marca Sinpatron. Cristina Maruri
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Alberto Etxebarrieta deja de enhebrar la remalladora, que lo «saca de quicio», para atender a SIX. «Así que si dejo de hacerlo me va a venir muy bien para los nervios». Él cose, corta, hilvana, plancha, remata, sobrehila, dobla y frunce. Y siempre ha sido así, pero no siempre ha sido de la misma manera. El diseñador comenzó en el mundo de la moda de una manera casual. Hace más de dos décadas abandonó su Bilbao natal para descubrir mundo: Edimburgo, Londres…, pero el arraigo nunca se pierde. Y Alberto volvió al País Vasco, donde se hacía sus propios estilismo para ir a trabajar al bar. «Siempre me ha gustado comprar ropa de segunda mano y transformarla, darle la vuelta». De ahí surgió su primera pasarela: una pasarela alternativa llamada ‘Modorrra’, en 2003. «Me compré una máquina de coser de teletienda, baratísima, e hice mi primera colección».

Este es el comienzo en el mundo de la moda de Alberto Etxebarrieta y el nacimiento de su propia marca: ‘Sinpatron’. Una marca que se despojó de etiquetas sobre las pasarelas a principios de los 2000 y que, ahora, se ha reinventado como una marca de moda artesanal, de moda hecha a medida, de moda de calidad. Y, además, solidaria. El diseñador bilbaíno trabaja en la creación de unas bolsas de tela —tote bags— para recaudar fondos para la asociación de Manolita Chen. Una continuación del activismo que el vasco comenzó hace años desde la moda y, probablemente, desde el desconocimiento.

«Mi primera colección la hice de una manera tan visceral, tan libre, sin pretensión de llegar a nada, que funcionó». Etxebarrieta define esos diseños como «canallas», recuerda que hasta usó cortinas de ducha para un vestido de novia. «Fue muy punk, muy cercano a lo que sigo siendo hoy». Y también recuerda que ya en ese momento trabajaba con diversidad de cuerpos y géneros. «Esa autenticidad hizo que gustara, y a partir de ahí empecé a meterme cada vez más». Tanto que, en 2006, ganó el premio al mejor diseñador en el Festival Internacional de Benicassim, a lo que se sumó otro en Londres y una selección en París. «En tres años fue un boom: entré en Cibeles, hice Cibeles Off, y seguí construyendo la marca con unos ideales que se mantienen hasta hoy».

Desde el principio tenía claro que su objetivo no era seguir temporadas ni producir por producir. «Me interesa más la pieza única, el humor, la ironía, quitarle peso a algo que a veces es demasiado serio como la moda». Y, por eso, dejó el mundo de las pasarelas para centrarse en su marca de manera artesanal. «Hace unos diez años, todo el circuito de pasarelas empezó a quitarme energía. Siempre me he sentido un poco ‘outsider’ en ese mundo. Yo iba a mi rollo, con mis amigos; ni siquiera me quedaba a los cócteles ni hacía ese ‘networking’ típico», narra.

Las pasarelas le quitaban la energía, pero su pasión por el diseño y la moda lo llevó a abrir una tienda-taller en Bilbao. Su trabajo, ahora, es directamente con la gente, como modista. «Así es como me defino: la modista es quien hace todo: diseña, construye, piensa en 3D… El diseñador muchas veces solo hace el boceto», explica. Eso sí, su objetivo en este mundo sigue siendo el mismo: empoderar a la gente, eliminar prejuicios sobre cómo vestir y sobre los cuerpos.

Su decisión, cambiar diez pasarelas por una tienda-taller en Bilbao, no fue entendible para muchos. «Nunca busqué esto por dinero; si quisiera forrarme, habría montado otra cosa. Esto tiene más de romanticismo que de capitalismo», dice. Etxebarrieta sabe que ha perdido visibilidad, pero que ha ganado en sostenibilidad a largo plazo. Además, reflexiona cómo él ya hacía cosas en esa época que ahora están en boga. «Ahora muchas de las cosas que hacía hace 20 años están de moda: el ‘no-gender’, el ‘upcycling’… Solo que entonces no tenían nombre».

La moda como forma de reivindicación

A pesar de estar alejado de la moda más mainstream, Etxebarrieta usa su visibilidad para apoyar diferentes causas como la lucha trans. «Siempre he estado cerca de la comunidad trans, porque forman parte de mi entorno desde hace años. Las considero auténticas heroínas», confiesa. Durante su carrera ha colaborado con diferentes asociaciones y, ahora, está centrado en un proyecto con Manolita Chen: una bolsa de tela que su fundación pueda vender en sus eventos, y que los beneficios vayan íntegramente a su causa. «Es una forma de agradecer todo lo que han hecho por los derechos que hoy tenemos», afirma.

La Fundación Manolita Chen, con la conocida activista trans en cabeza, ofrece alojamiento, apoyo y asesoramiento a las personas más vulnerables del colectivo trans. Por ello, Ángela Arteaga y Cristina Maruri pensaron en este proyecto, y no solo eso: también lo financian hasta que pueda financiarse por sí mismo. La relación con Manolita Chen nació hace unos años cuando estas mujeres publicaron ‘Sin polilla en los armarios’, un libro que dio la palabra a 80 personalidades para defender al colectivo, así como apoyar económicamente a esta asociación.

«A veces se olvida muy rápido quién abrió camino. Y eso me parece peligroso. Para mí, la belleza es totalmente subjetiva, y estas personas son de las más bellas que conozco. Por eso quiero que estén delante, en primera fila. La moda, al final, es política en un sentido amplio: lo primero que haces al salir a la calle es vestirte, y eso ya es un mensaje», reflexiona el creador de Sinpatron.

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