Se dice de manera popular que los mejores perfumes vienen en frascos pequeños. Un refrán que, extrapolado al cine, podría hablar de los cortometrajes. Ese arte de contar historias en pocos minutos y, en muchas ocasiones, con pocos recursos. Esa es la realidad que se esconde detrás de estas piezas que sirven como primer acercamiento a la industria de los cineastas. Cineastas como Irene, Andrea, Raquel, Orla, Aroa, José y Eva, que, aunque no se conocen entre ellos, tienen varias cosas en común: su pasión por el séptimo arte, su mirada social y queer y participar en la Muestra de Cine Lés(bi)co con sus cortos. Unos cortos que, en su mayoría, son su primer trabajo cinematrográfico.
La mayoría de estos jóvenes cineastas coinciden en la gran oportunidad que tienen gracias a la Muestra de Cine Lés(bi)co, un evento con el que consiguen el espacio para proyectar sus trabajos, además ante un público interesado en estas historias. Un hueco que muchas veces no encuentran en festivales generalistas. «Los festivales queer son fundamentales, pero también hay que llevar estas historias a espacios más generalistas. Eso es lo que realmente las normaliza: que no sean de nicho, sino universales», afirma Irene de Francia. En esta línea, Orla O’Shea considera que en los festivales más mainstream parece que «las historias queer tienen que ser excepcionales para interesar a un público heterosexual». Esta cineasta británica incide en la importancia de los festivales queer, pero señala que las historias queer también tienen que estar presentes en los circuitos generales.
Eva Sicilia, en esta línea, asegura que espacios como la Muestra de Cine Lés(bi)co permiten el encuentro y el diálogo con otras creadoras. «La creación ya es solitaria de por sí, y más aún cuando trabajas desde experiencias que se salen de la norma. Estos espacios ayudan a compartir y a sostener esos procesos», continúa. «Espacios como esta muestra son fundamentales porque nos permiten construir realidad con nuestras propias imágenes», afirma. Esto no quita que le gustaría llegar a festivales, aunque es consciente de que es un camino difícil, «sobre todo cuando trabajas desde un lugar crítico, radical e íntimo». Sicilia, además, ve estos festivales como la oportunidad de que más personas conozcan otras realidades, tanto en las historias cómo en la manera de hacer cine.
Raquel Dível coincide con estas tesis: «Lo ideal sería que estas historias estuvieran presentes en todo tipo de festivales. Es genial que existan espacios como este, porque nos dan visibilidad, pero el objetivo es que no se limiten solo a ese circuito». Un circuito en el que José María Martín no ha tenido mucha suerte: «En un certamen local al que fui, por ejemplo, vi que mi trabajo no encajaba con la línea de programación. No siempre es explícito, pero se percibe».
Para Aroa Elvira Delgado lo más interesante es que su trabajo lo vean otras lesbianas. «Mi trabajo nace, en parte, de una necesidad personal: como espectadora, crecí sin encontrarme reflejada en el cine», reflexiona. Su objetivo es que otras personas puedan verse representadas, inspirarse o simplemente disfrutar de historias más afines a sus experiencias.
Andrea Susasi confiesa, por su propia experiencia, que es difícil que productoras y distribuidoras apuesten por talento emergente, y más aún si es queer y si no encaja en formatos más comerciales. «Da la sensación de que este tipo de historias no venden tanto, y eso lo hace más difícil», cuenta.
Por su parte, De Francia añade que las narrativas queer cada vez tienen mayor acogida, pero aún queda camino por recorrer. Dível concuerda con esta idea, y recuerda que antes las historias lésbicas solían tener finales trágicos. «Ahora hay más presencia en series y películas populares, pero sigue siendo muy inferior comparada con historias heteronormativas», añade. En esta línea, Andrea Susasi cuenta que en el primer capítulo de su serie juegan con este tópico de que todo termina mal en las historias lésbicas.
Aroa Elvira Delgado asegura que cada vez hay más contenido interesante y más películas dirigidas por mujeres. «Porque el gran problema de la representación lésbica no es solo que exista, sino cómo se construye», indica. La creadora considera que antes valía cualquier representación porque había poca. «Ahora creo que en lo mainstream se está avanzando. Y en el cine underground, en realidad, siempre ha habido propuestas muy potentes desde hace décadas, incluso desde los años 70», concluye. Andrea Susasi, por su parte, también cree que hay más contenido, pero considera que sigue siendo «insuficiente y, a veces, bastante superficial». La creadora asegura que las tramas suelen girar únicamente en torno a ser queer. «Las personas queer también tenemos muchas otras experiencias, conflictos y dimensiones. Falta mostrar personajes más complejos, con vidas más amplias, no solo definidas por su identidad», dice.
‘¿Quieres un caramelo?’ de Irene de Francia
Este breve corto, de unos tres minutos y medio, trata sobre el primer acercamiento entre dos chicas que se gustan. «Me interesaba explorar esa timidez inicial, esa ternura que surge cuando te empieza a gustar alguien, especialmente entre mujeres», explica Irene de Francia, creadora de ‘¿Quieres un caramelo’, grabado en los vagones de Ouigo, empresa de trenes que seleccionó este guion en una convocatoria.
La creadora asegura que quiso añadir un componente narrativo con más capas, introduciendo metalenguaje y jugando con la relación entre ficción y realidad, con la intención de darle más profundidad a esta historia que parte de una anécdota personal. Igual que la financiación, que partió del equipo compuesto por ocho personas.
De Francia antes había trabajado como script y, más recientemente, en el departamento de arte, pero este es su primer proyecto como directora. No obstante, la cineasta quiere centrarse en el guion. «Estudié un máster de guion con Mediapro y la Complutense, y lo que más me interesa es contar historias», indica.
La joven asegura que tiene varias ideas de largometrajes y varios cortos en desarrollo, aunque reconoce que es un proceso lento. «Trabajo por mi cuenta y luego busco convocatorias, residencias o laboratorios donde poder desarrollarlos y conseguir financiación», afirma, aunque consciente de que hacerse un hueco en la industria cinematográfica es complicado. «Es una carrera de fondo y cuesta hacerse un hueco, pero no es imposible. Hay que trabajar mucho y persistir», relata.
‘The word love ft. manoela & violeta’ de Orla O’Shea

Nació como un regalo y se ha convertido en la primera parte de una serie de cortos sobre el amor fuera de la heteronormatividad. Orla O’Shea, natural de Londres, vivía en Madrid, donde tiene dos amigas a las que decidió regalarles un corto en el aniversario de su relación. «Al final, es una historia muy sencilla, centrada únicamente en su relación. Aunque ahora vivo en Londres, decidí presentarlo a esta muestra porque para mí es importante contribuir al archivo queer», confiesa.
O’Shea relata que este verano entrevistará a más parejas y para continuar con esa serie de cinco cortos. Todos formarán parte de una colección llamada ‘The Word Love’ (La palabra amor), cada uno centrado en una pareja distinta, pero con el mismo formato. «Creo que hay que pensar más en términos de cantidad que de calidad en el archivo queer. No todas las historias tienen que ser complejas o extraordinarias. Este corto, por ejemplo, es simplemente sobre dos mujeres enamoradas», dice.
La británica se encuentra estudiando cine, pero principalmente desde la teoría, así que también hace proyectos propios. En la actualidad, trabaja en un documental en grupo sobre la gentrificación en Londres. «A largo plazo, me gustaría hacer documentales sociales sobre temas que me importan, también relacionados con la política», afirma. Además, el año que viene terminará el grado y tiene pensado hacer su trabajo final sobre voguing, especialmente en espacios queer, trans y no blancos.
‘Estoy aprendiendo a morir’ de Eva Sicilia
‘Estoy aprendiendo a morir’ es un corto autogestionado que surge de una experiencia «afectiva y disidente», además de una necesidad de generar un «contraarchivo». «Trabajo con mi archivo personal, algo que ya venía explorando desde hace años, pero esta es la primera vez que lo hago de forma tan directa», explica Eva Sicilia.
Esta cineasta se interesa por construir un archivo que se salga de lo que se entiende por ‘archivo oficial’, sobre todo cuando se habla de «experiencias disidentes». «Creo que la idea de visibilidad ya no está ayudando tanto. Nuestros cuerpos ya son visibles, incluso utilizados por el capital. Por eso me interesa más pensar en la agencia: qué imágenes creamos y cómo nos relacionamos con ellas», apostilla. La creadora considera que no se trata solo de representar o visibilizar, sino de emanciparse a través de imágenes propias.
Además, Sicilia investiga sobre teoría de la imagen, teoría colonial y teoría queer. «Estas tres vertientes atraviesan mi trabajo, especialmente desde mi identidad canaria», afirma. En este sentido, piensa que «lo queer y lo decolonial» pueden dialogar porque comparten «violencias que vienen de procesos de colonización de los cuerpos y de los territorios».
Este no es su primer trabajo, la creadora ya ha participado en varios laboratorios de creación y se mueve en una línea cercana al documental, la autohistoria o la autoficción. Ahora, se encuentra en desarrollo de un largometraje llamado ‘Un cuerpo que desea no vuelve a ser un cuerpo’, centrado en el territorio canario.
‘Viaje de carretera-lesbianas del desierto’ de Aroa Elvira Delgado

«Un poco sin querer», así explica Aroa Elvira Delgado cómo surge su corto, ‘Viaje de carretera-lesbianas del desierto’. No es un corto de ficción, sino que surgió de un viaje que hizo con una amiga a Almería. «Empezamos a grabarnos con mi cámara y a imaginar historias, a pensar en qué tipo de ficción nos gustaría hacer, más que hacerla en sí. De ahí nace el corto: es una reflexión sobre una ficción, pero no es una ficción como tal», explica.
Al principio, según cuenta, no tenía la intención de hacer un corto. Era algo más doméstico, más cercano al documental. Sin embargo, al revisitar el material grabado, se decantó por este formato. «Nunca hago algo pensando directamente en que lo vea todo el mundo, pero tampoco con la idea de que se quede en lo privado. Era más bien grabar como actividad, como un juego», señala.
Esta creadora no tiene el cine como único objetivo, sino que se interesa por el arte en sus distintas vertientes. «He trabajado bastante en música, y el cine es otra de las disciplinas que me atraviesan», cuenta. Eso sí, siempre con una mirada queer. Asimismo, esta artista ha hecho videoclips, ha participado en proyectos de amigas y ha actuado en un largometraje: ‘La vida de mi amiga’, de Zeida Carmona, pero este corto es su primer proyecto propio dentro del cine. «Ahora estoy preparando otro corto con ayuda de Cande Lázaro y Eva Sicilia, que también participan en la muestra», concluye.
‘Lesbos, la serie’ de Andrea Susasi

‘Lesbos, la serie’, como su propio nombre indica, no es un corto. Es una serie que en la Muestra de Cine Lés(bi)co presenta su capítulo piloto. «Todo empezó en el Instituto de Cine, con un grupo pequeño de amigas. Yo propuse hacer un cortometraje y, poco a poco, fue creciendo. Nos animaron a desarrollarlo más, a hacerlo con más cuidado, y lo que iba a ser algo pequeño acabó convirtiéndose en un piloto con un equipo de unas 40 personas», relata Andrea Susasi.
A pesar de ser un equipo grande, no tenían presupuesto. «Empezamos sin absolutamente nada de dinero, así que organizamos una primera fiesta con la que recaudamos unos 200 o 300 euros. Con eso grabamos un teaser. Luego, con ese material, conseguimos apoyos y organizamos otra fiesta más grande. Con lo recaudado, unos 600 euros, pudimos rodar el piloto», asegura.
Después del esfuerzo que supuso el rodaje, se dieron cuenta de que no era viable continuar solo con voluntad y sin presupuesto. Ahora, están moviendo el piloto por festivales y contactando con productoras, plataformas o posibles patrocinadores para conseguir apoyo y poder desarrollar el resto de la serie.
Susasi afirma que tienen un mapa general de la trama y algunos capítulos medio escritos, pero no está todo cerrado. «También lo hemos dejado un poco abierto porque, si entra una productora, probablemente habrá cambios», dice. La creadora ha estudiado cine recientemente y ya había trabajado en el sector audiovisual. Pero esta es la primera vez que ha podido formar un equipo.
‘No es un error’ de Raquel Dível
De la literatura al cine: así nace ‘No es un error’. Raquel Dível, guionista y actriz de este corto, publicaba historias lésbicas en una ‘newsletter’ gratuitas de manara semanal. Con el tiempo, añadió una suscripción y, ahora, escribe una historia mensual. Eso sí, siempre centrada en una relación entre dos mujeres. «A partir de ahí, como tenía varias historias y también amigos que trabajan en cine, y yo podía aportar el guion, decidimos hacer un corto basado en una de ellas», cuenta.
Esta adaptación audiovisual de una historia que ya estaba escrita fue totalmente autofinanciada: nadie cobró nada y todo fue con recursos propios. «Aprovechamos el verano, que algunas teníamos vacaciones o jornada intensiva, pero aun así quedábamos después de trabajar», indica Dível, quien añade que consiguieron grabar el corto en diez días de intenso trabajo.
El objetivo de hacer este corto, según cuenta Dível, es visibilizar historias lésbicas porque «hay menos referentes en el audiovisual», además de conseguir que la gente pueda sentirse identificada. Con este proyecto recién estrenado, este equipo, compuesto por unas diez personas ya habla de continuar la historia o hacer nuevos proyectos. Aunque aún no saben si harán otro corto o se decantarán por un largometraje.
‘Hasta las tumbas mueren’ de José María Martín
‘Hasta las tumbas mueres’ es el corto de José María Martín, un joven murciano que presenta esta historia a raíz del libro ‘Diario de duelo’ de Roland Barthes, en el que reflexiona sobre la muerte de su madre. «Tomé fragmentos de ese libro y, a partir de ellos, escribí un guion. Además, tenía dos amigas actrices y quería crear algo para ellas, así que desarrollé dos personajes que dialogan sobre la muerte y el duelo en un cementerio», cuenta.
Este corto, que dura 25 minutos, narra la historia de una chica que visita la tumba de su madre y se encuentra con una antigua compañera de universidad. A partir de ahí, conversan y se revela un secreto que conecta a ambas. Martín asegura que pasó un año y medio desde que terminó de escribir el guion hasta que se rodó, una vez que tuvieron disponibilidad.
Martín, que estudió Bellas Artes en la Universidad de Murcia y después Dirección Escénica en la Escuela de Arte Dramático, ya había hecho otro corto anteriormente, pero quiso hacer uno centrado en dos mujeres, y así surgió este proyecto. Un proyecto que han hecho con su dinero y en su tiempo libre, ya que lo compaginan con otros trabajos o estudios. «Me encantaría seguir en el cine. Pero es complicado: hay mucha competencia y no solo hay que hacer el corto, sino también moverlo, encontrar festivales, contactos… Quizá formarme más, hacer un máster o ampliar red de contactos podría ayudar», concluye.



