Uno de los fenómenos más habituales de la saciedad semántica en el mundo del periodismo musical lo encontramos en el concepto del camaleón. Cuántas veces hemos leído esa palabra para referirse a Madonna, Bowie, o tantos otros artistas que renuevan su imagen y su sonido cada vez que comienzan una nueva etapa. Lo ‘camaleónico’ ha sido, más tarde, abducido por lo que es ya casi un anglicismo: el ‘comeback’. La cuestión es que esta idea de renovación es una de las estrategias más extendidas actualmente en el mundo del pop, y que a veces responde apura estrategia, y otras, a cambios relevantes en la vida del artista. ¿A qué se enfrenta un artista musical en este mundo del pop en 2026 cuando decide volver a la carga? Esa reflexión es la que se ha planteado Dorian Electra, una de las figuras disruptivas más destacadas de la escena del pop independiente, e icono queer de los últimos años. Esta semana presenta su cuarto álbum de estudio, de título homónimo, y que contiene 10 versiones de canciones muy conocidas.
Ya de por sí, titular con tu nombre un disco de versiones es algo raro; no hay más que revisar las discografías de nuestras popstars de cabecera para ver cómo esos discos homónimos suelen ir acompañados de sus ‘canciones más personales’. Aquí, Electra no reflexiona únicamente sobre esta de idea de perseguir la novedad como máxima creativa. La artista se enfrenta con honestidad a ese lienzo en blanco que es crear un conjunto de canciones unidas a través de una misma idea. «Hice este álbum de versiones como una forma de salir de un bache creativo que sentía ligado al momento cultural en el que nos encontramos -en el que parece que todo es un remake, un regreso al pasado o un cebo nostálgico, y resulta un poco difícil imaginar crear algo que se sienta verdaderamente ‘nuevo’», explicaba el pasado miércoles, día del lanzamiento del álbum.
Sin embargo, este planteamiento no ha supuesto problema alguno para ella. Dorian Electra es una de las precursoras del hyperpop más punk, haciendo concesiones a géneros comerciales para articular algunos de sus más increíbles temas: su crítica ‘markfisheriana’ al capitalismo que propulsa la masculinidad como meritocracia en ‘Career Boy’; la sátira apocalíptica en un mundo futuro dominado por furries en una pseudo-dictadura queer en ‘My Agenda’; su reinterpretación homosexual del libro del Génesis en ‘Adam & Esteve’; su ravera reflexión sobre la identidad sexual en ‘Ram It Down’; o uno de sus mayores éxitos, ‘Man to Man’, en los que la artista señala cómo ese intento de ser ‘muy masculino’ termina sonando, a veces, extrañamente homoerótico.
Con todo este historial detrás, en este nuevo álbum nos encontramos un disco que supone un respiro para su proceso creativo, que enfatiza sus dotes en la producción, y que revisita con mucho acierto en la mayoría de los casos una serie de canciones, que lo único que tienen en común es que han formado el ideario musical de Dorian Electra. Las canciones más rápidas y bailables son lo mejor del disco, especialmente versiones como ‘Hips Don’t Lie’, de Shakira y ‘Feel Good Inc.’, de Gorillaz. Otras canciones como ‘The Model’, de Kraftwerk y ‘Bizarre Love Triangle’, de New Order son correctas pero poco memorables; ya han sido versionadas en multitud de ocasiones. Es extraño encontrarse en un disco de versiones temas de Eminem, No Doubt y Simon & Garfunkel juntos, y aunque la cohesión habita a gusto en el disco gracias a una unidad sonora muy conseguida, deja entrever cómo este proyecto de Electra es un ejercicio muy específico que probablemente disfrutarán, ante todo, sus fans más hardcore. Eso sí, hay algunos increíbles aciertos: ‘Caribbean Blue’ de Enya, suena totalmente diferente y está elevada a temazo de pista, es la mejor reinterpretación del disco. Algo similar ocurre con ‘Young Folks’ de Peter Bjorn and John, un himno indie que quedó relegado a banda sonora de anuncio de coches, y que en este momento de revival del indesleaze y el EDM, encuentra en la versión de Dorian una nueva vía en la que la canción respira de forma distinta.
En general, el álbum funciona mejor de lo esperado. Aunque algunas elecciones de canciones son extrañas, hay que valorar la valentía -y la hosnestidad- de Electra. El proyecto sorprendió desde su anuncio, especialmente por la mezcla de canciones populares y otras más inesperadas, generando curiosidad sobre cómo se adaptarían a su estilo hyperpop. «A modo de experimento, me pregunté qué pasaría si en lugar de intentar escribir canciones ‘nuevas’, rehiciera algunas de mis viejas favoritas a modo de ejercicio. Esto me quitó la presión de componer y me permitió centrarme más en el sonido y la sensación, usar mi voz en diferentes estilos y experimentar de una forma más lúdica (‘jugar’ es algo en lo que he estado trabajando desesperadamente para volver a conectar con ello durante el último año)», detallaba la artista en un post de Instagram dedicado a sus fans.

Dorian Electra (1992, Texas) es cantante y compositore estadounidense conocide por su sonido pop experimental, sus visuales teatrales y su exploración de la identidad de género. Su música se asocia a géneros como el hyperpop, avant-pop y el futurepop, su obra combina música, arte performativo y cultura de internet. Estudió en la escuela Montessori School of the Woods, donde fundó un club de filosofía, y posteriormente asistió a Shimer College en Chicago entre 2010 y 2014, centrando sus estudios en la historia intelectual. Desde joven mostró interés por la expresión creativa a través de proyectos digitales, música y video. A comienzos de la década de 2010 empezó a ganar atención con videos musicales conceptuales publicados en internet, incluyendo canciones novedosas sobre economía liberal, en las que combinaba humor, ideas académicas y estética pop.
Tras un periodo de menor visibilidad, reapareció en 2017 con un giro artístico y político, declarándose persona no binaria y convirtiéndose en una figura clave de la emergente escena hyperpop. Su salto a la fama llegó con su álbum debut ‘Flamboyant’ (2019), que consolidó su estilo basado en lo camp, la sátira y el análisis de la masculinidad como performance, con gran reconocimiento crítico. En 2020 publicó ‘My Agenda’, un proyecto conceptual más agresivo y político que explora la cultura de internet, las teorías conspirativas y la masculinidad tóxica (incluyendo fenómenos como los incels) desde una perspectiva queer. En 2023 lanzó ‘Fanfare’, centrado en la fama, el fandom y la identidad en la era digital, y acompañado de una gira internacional entre finales de 2023 y principios de 2024. Ha colaborado con figuras destacadas como Charli XCX, Sega Bodega, Rebecca Black y Dylan Brady. Se identifica como persona queer y de género fluido, y ha hablado abiertamente sobre cómo esta identidad influye en su obra. También ha sido diagnosticada con TDAH. En 2020 recibió una nominación en los Berlin Music Video Awards por su canción ‘Adam & Steve’.
«Inesperadamente, aunque no escribí las canciones, acabaron resultándome increíblemente personales. Por eso le puse mi nombre (al disco). En resumen: hacer este álbum de versiones es lo que me ha permitido volver a enamorarme de la música», concluía la artista. Y es que, previo a este disco, la artista ha lanzado un par de singles: ‘Fake Denim’ y ‘Shutting Up’, producidos por Boys Noize, y que nos hacen entrever por donde va a tirar su próxima propuesta. Electra, que ha anunciado que está ya trabajando en DE5 (Dorian Electra 5, en argot stan: su próximo disco) es reconocida por su estética altamente estilizada, su mezcla de géneros y su enfoque satírico hacia la cultura pop, explorando frecuentemente los roles de género, lo queer y la naturaleza performativa de la identidad mediante personajes exagerados y vestuarios llamativos. Su figura es esencial por cómo interseccionan cuestiones feministas, queer y marxistas en su propuesta pop.

El imaginario de muchas de las artistas que, más allá de impactar con lo nuevo o no, reflexionan y aportan puntos de vista críticos a través de las artes es algo a cuidar. Esta iniciativa de Dorian Electra ni es nueva, ni pretende ser una reinvención. Es una parada en un camino intenso, de pensamiento y resiliencia, de apuesta independiente como artista pionera y disidente. Algo no sólo agotador, sino también sensible a sequías creativas y nudos artísticos. Dorian Electra llegó para hacernos pensar y bailar; cantar algunas de las ideas más reivindicativas y proletarias a través de la sátira musical; generar mundos visuales con sus conceptualizaciones que ponen el mundo queer en el centro. Quizá por eso este disco no habla tanto de reinventarse como de resistir: de encontrar nuevas formas de habitar lo ya existente sin traicionarse en el intento, mientras visitamos nuestros cimientos y recordamos qué es lo que nos llevó a este lugar en primera instancia.



