Quien decida acercarse al trabajo de Paul Verhoeven debería estar preavisado del universo en el que está entrando, tanto para lo bueno como para lo malo. Al parecer, esta advertencia no le llegó al público del pase que se realizó el pasado domingo en el cine del Teatro Bellas Artes en el marco de la Muestra de Cine Lés(bi)co de Madrid, organizada por Fundación Triángulo y con el ¿amadrinamiento? de ‘Las Hijas de Felipe’, tu pódcast de monjas y arte barroco de referencia.
El hype, eso sí, era apabullante. Tal y como se comentó en la presentación del evento por parte de una de las organizadoras, las entradas se agotaron en menos de veinticuatro horas. No sabemos si fue por la reputación de Las Hijas de Felipe, por el éxito que tiene últimamente lo monacal, por la todavía deficitaria presencia de lesbianas en el cine o por un poco de todo. La realidad es que el cine del Bellas Artes se encontraba a las siete de la tarde de un domingo abarrotado de más de trescientas lesbianas y bisexuales y algún que otro marica despistado. La película, para quien no la haya visto, cuenta la historia basada en hechos reales de Benedetta Carlini, una monja italiana del siglo XVII que afirmaba tener visiones místicas —con estigmas incluidos— en un periodo en el que el mundo estaba siendo asolado por la peste. Hasta ahí todo normal. Un día más en la Italia del Barroco. No obstante, la cosa se vuelve más interesante cuando a Benedetta, que no deja de tener visiones de todo tipo que la obligan a mantenerse en cama, le asignan como compañera de cuarto y asistenta de su cuidado a la novicia Bartolomea. Aunque desde el día que se conocieron había un tonteo evidente, desde que empiezan a compartir cuarto se les hace cada vez más difícil reprimir sus deseos. Y es que la química de una hace carga positiva con la piel de la otra, que diría Paulina Rubio. A partir de este momento todo se vuelve un despiporre al más puro estilo Verhoeven que, hasta entonces, se había mostrado bastante comedido para lo que es él: flujos vaginales como aperitivo compartido tras el acto sexual, dildos construidos con una talla de madera de la virgen, masturbaciones de Benedetta mientras obliga a Bartolomea a que le enseña las tetas… Y, mientras tanto, el personaje de Charlotte Rampling, que hace de abadesa hasta que es sustituida de forma forzosa por Benedetta, tomando buena nota de todo lo que ve para denunciarla ante el nuncio papal.
La película es una locura entretenida que se estrenó en octubre de 2021 y que pasó sin pena ni gloria. Parece que la crítica, ni la profesional ni la aficionada, le fueron favorables. No obstante, si visitamos Filmaffinity, el portal de cine de referencia, podemos comprobar que tiene una nota media de 6.2, con más de seis mil puntuaciones. Ni tan mal.
Sin embargo, lo más probable es que casi ninguna de las asistentes al pase del domingo le hubiera dado un aprobado. En la misma fila en la que yo me encontraba sentado había un grupo de chicas que realizaba constantes comentarios de desagrado, risas o chistes jocosos en voz alta —aprovecho para recordar que una sala de cine no es el salón de tu casa. Las opiniones, cuando no molesten al resto de espectadores—. La cosa tampoco remontó cuando en el coloquio posterior aparecieron Ana Garriga y Carmen Urbita, ‘Las Hijas de Felipe’. Nada más sentarse comentaron, según su criterio, lo infumable que era la película y lo difícil que lo habían tenido para poder preparar la charla, algo en lo que un servidor y su acompañante no estaban nada de acuerdo. Pero al parecer, insisto, éramos de los pocos con esa opinión. Cuando se abrió el turno de palabra para el público, el escarnio se extendió al patio de butacas al ser calificada como violenta o excesiva.
Las Hijas de Felipe, que son muy listas y están curtidas en mil batallas, decidieron, por tanto, tomar otros derroteros y hablar de la historia real de Benedetta, puesto que ya habían tratado tanto su caso como el de la película en su recién publicado libro ‘Instrucción De novicias’ (Blackie Books, 2026). Bajo su punto de vista, la historia de la monja aspirante a santa no había sido bien representada con respecto a los documentos reales que aparecieron, ya que había demasiadas licencias que el director se había tomado. Una referencia constante en su discurso fue que la historia estaba mediatizada por la mirada heteropatriarcal, algo que pasa mucho, según señalaban, con las historias del género nunsploitation. Echaban de menos un retrato del convento como lugar seguro para las mujeres en aquellos años y no tanto como un espacio hostil o de aislamiento de las personas con melancolía.
Como decía al principio, la carta de presentación de Paul Verhoeven es el exceso. Ya se había adentrado en historias sáficas/bisexuales al dirigir en 1992 ‘Instinto básico’, el retrato de una lesbiana asesina no muy bien llevado, y ‘Showgirls’, donde la relación entre Nomi Malone y Cristal Connors deja la puerta abierta —de par en par, además— a muchas interpretaciones. El currículum del director se amplía con otros éxitos de ciencia ficción como ‘RoboCop’ (1987), ‘Desafío total’ (1990) o ‘Starship Troopers’ (1997), entre otras. Así que no sé muy bien qué esperaba encontrarse el público con semejantes antecedentes. Avisados, por lo menos, estaban.
La conclusión a la que llego tras esta proyección es que ‘Benedetta’, aunque es una historia de lesbianas, su nicho se encuentra, claramente, entre los maricas. Al igual que ocurre con el fenómeno ‘Showgirls’, los elementos que convierten la película en camp hacen de la cinta un bien muy preciado para un sector homosexual —entre en el que me incluyo— que disfruta del exceso. Además, la cinta casa a la perfección con otras producciones en las que el convento se retrata como un lugar divertido, cuanto menos. Ya lo hizo Pasolini en una de sus historias de ‘El Decamerón’ (1971) y Miguel Picazo en una casi desconocida producción nacional, ‘Extramuros’ (1985). Desde luego, es impagable esa relación romántica —más sugerida que mostrada— entre Carmen Maura y Mercedes Sampietro. ‘Agnes de Dios’ (John Pielmeier, 1985), la historia de una monja que asegura haberse quedado embarazada de Dios, completa esta pequeña selección fílmica que retrata los conventos como lugares ‘particulares’. Así que, visto lo visto, ¿quién quiere ‘Los domingos’ —un relato que trasciende lo monacal para centrarse en otras cuestiones igual de interesantes— teniendo este tipo de joyas camp a su alcance?




