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Cerrar el círculo con Paco y Manolo. Veinte años de ‘Kink’, la publicación del desnudo masculino

Los fotógrafos Paco y Manolo, en la montaña de Montjuïc en Barcelona. Eva Parey/COLPISA

La publicación en papel de esta pareja barcelonesa que rompió moldes mostrando el cuerpo masculino desnudo y sin tapujos cumple dos décadas y lo celebra, en plena era digital y de censuras, con una expo en Lisboa

Stories Javier Díaz-Guardiola

Hace veinte años, aunque no os lo creáis, no había redes sociales. Nuestras vidas no estaban determinadas por algoritmos y si tu compañero de piso (tampoco había muchos compañeros de piso: lo del alquiler no ‘se llevaba’) te hubiera explicado ‘el mecanismo’ de OnlyFans, le habrías echado directamente de casa. Hace veinte años hacerse una foto desnudo era un atrevimiento (estaban naciendo las cámaras digitales y ‘el experimento’ había que llevarlo a revelar), y pedir a alguien que te posara desnudo, una temeridad.

Hace veinte años nacía ‘Kink’, la revista de Paco y Manolo, que venía a revolucionar en silencio el mundo de la fotografía, el de las publicaciones autoeditadas y nuestro pacato concepto de retrato. Una propuesta en papel totalmente deshinibida con la que ha crecido toda una generación LGTBi en España en la que el desnudo se desvinculaba de la pornografía y coqueteaba con el arte. Cuarenta y tres portadas después, 900 chicos inmortalizados sin pudor en sus páginas más tarde, la publicación celebra su aniversario con una muestra en Lisboa en el espacio de Cardinnal Collection.

«Nuestra forma de trabajar no distingue entre desnudo o retrato –nos cuentan sus artífices, una tarde de viernes en su casa en Barcelona–. Nuestros desnudos son retratos de personas que te muestran algo que va más allá de su cuerpo. No siempre se consigue, pero la idea es plasmar una intimidad, más que a un sujeto o un tipo de cuerpo concreto».

Se podría decir que dos décadas después, ‘Kink’ es un acto de resistencia analógico y en formato papel en una era digital donde lo íntimo y lo privado ya no separan sus fronteras. Cualquiera que repase sus páginas descubre una manera especial de hacer y de mirar por parte de sus autores, totalmente imbricada con la Historia del Arte. Pero esta historia personal se inició incluso una década antes, cuando Paco (Francisco Moyano) y Manolo (Manuel Rodríguez) se conocieron siendo veintañeros. Nacía entonces ‘una marca’.

«Fue mientras estudiábamos. Paco ya hacía fotografía. Entonces, en Bellas Artes, comenzamos a presentar los trabajos juntos. Era todo un poco raro y los profesores no lo veían con buenos ojos. Pero desde el principio lo hicimos de una manera natural». De eso han pasado 37 años.

Su relación como pareja y como ‘colectivo artístico’ se cimentaba a la par. Y lo más curioso, como reconocen, es que ya desde mediados de los noventa estaban haciendo ‘Kink’ «Es algo que hemos descubierto preparando la muestra de Lisboa, mirando los archivos. Por entonces ya fotografiábamos a nuestros amigos, cultivábamos el desnudo… Pero cuando comenzamos a hacer esas fotos juntos no teníamos ninguna intención de publicarlas. Lo que queríamos era exponer en galerías».

Chechu, el novio de una amiga, «que era guapísimo» y que les llevó a plantearse la idea de belleza en un cuerpo inalcanzable, abrió la espita. Era 1993. Y desde esos inicios, se diluyen las autorías. «¡Ahora lo miras en perspectiva y es una locura! –exclama Paco–. ¡Pero teníamos 20 años! Es algo que nos preguntáis mucho: ‘¿Cómo se puede trabajar como pareja?’. Solo lo entienden los que nos han visto hacerlo: cómo la cámara cambia de manos, cómo luego no recordamos si una foto la hizo uno u otro… Simplemente sabemos lo que queremos. Manolo es mucho mejor captando la luz. Yo soy más de ‘acting’… La portada del último ‘Kink’ sabemos que la he hecho yo porque está Manolo de modelo [ríe]. Pero la foto es ‘de los dos’».

Retrato de los fotógrafos Paco y Manolo. Eva Parey/COLPISA

En aquellos arranques, faltaba aún por llegar uno de los elementos definitorios del trabajo: el color. Ambos autores rememoran cómo, en la búsqueda desesperada por encontrar galería, le enseñaron su photobook al mismísimo Alberto García-Alix. «Fue él el que nos dijo ‘haced color’. Pero es que nosotros veníamos de Diane Arbus, de Walker Evans, de Mapplethorpe… Decíamos con mucha pedantería que ‘veíamos en blanco y negro’. Usábamos el laboratorio y eso nos permitía controlar todo el proceso».

La pregunta es obligada: ¿Qué pasó pues? Saca de dudas Manolo: «Sucedieron dos cosas: de un lado, el salto a la prensa. Eso hizo que estuviéramos muy inseguros, porque ese proceso sí que no lo controlábamos. Y pasó también que conocimos a otra generación de fotógrafos: Nan Goldin, Wolfgang Tillmans… Eso nos cambió la idea de lo que era un fotógrafo». Su concepción de retrato puro se diluye. Nuestro interlocutores aprenden que un flashazo puede deparar una buena foto. Y la nueva forma de entender el uso de la luz, que les definirá ya de por vida, y de abordar al modelo supuso que les empezaran a llamar de muchos medios. «Nos dimos cuenta de que había sucedido el cambio, el abandono del blanco y negro, cuando el laboratorio se convirtió en almacén».

Suelen romantizarse todos los comienzos, y los de Paco y Manolo fueron divertidos pero también complicados: «Nos costaba entender la inmediatez de los medios, eso de querer la foto en el mismo día. Esta se quedaba sin alma. No nos identificábamos con lo que se veía».

—¿No tenéis entonces buenos recuerdos de esos años?

–Sí, pero también malos. Recuerdo que para ‘Marie Claire’ hacíamos un tipo de trabajo que nos horrorizaba, señoras con rulos, reportajes muy bien pagados, pero que no compensaban. Compensaba ir a casa de Rosa Regàs, pasar el día con ella y charlar. Pero no todo lo demás. ¡Que nosotros queríamos exponer en galería!

—No era oro todo lo que relucía.

—Los inicios fueron precarios, pero tuvimos suerte. Por una extraña razón nos hicimos amigos de Agustí Villaronga, el director de cine, de Antonio Baños, y por eso la primera foto que publicamos en un medio serio fue en ‘Ajoblanco’. Pero durante muchos años simultaneábamos trabajo: Paco, en una fábrica, y yo, en Pans & Company. Nada romántico. Y no se dejaron esas actividades hasta mucho tiempo después…

Paco y Manolo, en Montjuïc. Eva Parey/COLPISA

Eso más tarde. E incidió en un cambio de mentalidad la muerte de dos amigos. Eva y su hermano Diego. En un accidente de coche, camino de un Orgullo. Y decidieron que la vida había que tomársela vida de otra forma, «sorprenderla tú a ella y no ella a ti», me resumen. «Su muerte fue la que nos empujó a hacer la foto que queríamos. Eva era trans, y ambos habían montado una especie de agencia de transexuales, ‘Trans Ilvania’, y nosotros les hacíamos los books, sin ningún tipo de ambición. Pero con su muerte nos dimos cuenta de que el tiempo pasa demasiado rápido. Ellos mueren en junio y nosotros en septiembre ya publicábamos en el ‘aB’, una foto de Carlos Berlanga».

Y en unos meses, fotografiaban a Elvis Costello, a Marisa Berenson, a Alaska… A Paulovsky para la recién nacida ‘Zero’ («con ellos tenemos una anécdota muy buena: Lo de firmar como Paco y Manolo no les pareció serio. Y es por ello que la primera foto con ellos aparece firmada por ‘Francisco y Manuel’. La Mala Rodríguez decía que la estábamos vacilando. Que lo que queríamos era hacernos las modernas con ella»). Nuestros interlocutores retratan a toda una generación de caras visibles hasta 2006, con la llegada de otra gran crisis que incidirá en la prensa y el nacimiento de ‘Kink’, cuyo ensayo general fue otro proyecto editorial: su libro ‘Common People’ para la galería de Iguapop en Barcelona.

«’Common People’ fue la primera vez que pensamos el resultado como ‘proyecto’ y con el que nos dimos cuenta de que podíamos hacer otras cosas. Otra manera de volver a controlar todo el proceso», resume Manolo. Nació de una invitación de una galería, lo que siempre habían buscado, y con la que buscaron por fin huir de la moda: «No nos la creíamos y no nos interesaba». Pusieron un anuncio en prensa –el mismo anuncio que subieron hace unos meses a IG para recordar el evento y por el que la red social les cerró, otra vez, la cuenta: buscaban a chicos mayores de edad que no les importara ser fotografiados desnudos–. Su propia vinculación con la prensa hizo que aquello tuviera un gran eco mediático («nos llamaron de RTVE, de ‘Crónicas marcianas’, de Telemadrid…»). Pero se quedaron sin financiación. La galería no pagaba producción y tuvieron que comprar la primera cámara digital. El resultado era todo un elenco de chicos que se mostraban de forma natural, desnudos, en el contexto de su intimidad, en sus propios hogares. Hoy es una publicación de culto y el trampolín desde el que saltaron a ‘Kink’.

Eso sucedió año y medio después, participando en una colectiva titulada ‘Antifashion Sistem’, también sobre moda. Paco y Manolo se plantean entonces elaborar su propia revista especializada, con sus sesiones y estilismos, pero en las que no se reflejara ninguna prenda. Generaron una especie de número cero, colgaron las páginas en las paredes y el día después de inaugurar les llamaron de la galería porque les estaban pidiendo ejemplares. «Era marzo de 2006. Juan Redón, el coleccionista, fue el que se brindó, a cambio de un par de fotos, a sacar adelante ese número». En junio lo presentaban en Málaga en una fiesta con Chico y Chica. «Pensábamos: ‘bueno, hemos hecho un número y aquí acaba la aventura’». Ni por descontado. Se agotó. En Madrid, en compañía del diseñador Carlos Díez, toman «la decisión talibana» de que si seguían con la revista, ellos nunca elegirían a los modelos y que solo sacarían a los chicos que se lo pidieran. «Estábamos en la salida del Eagle, en el Orgullo, y Carlos le iba diciendo a todos los que pasaban que íbamos a hacer una revista y que nos pidieran salir en ella», recuerdan entre risas. Todo el mundo se apuntaba. En dos días hicieron hasta 15 sesiones en casa del modista. Había material para otro número.

Nacía una publicación única en España (y casi en el mundo, tan solo comparable por entonces al americano ‘BUTT’), en la que todo giraba en torno al desnudo masculino y la espontaneidad del modelo. El éxito fue tal que en ella empezaron a colaborar artistas de la talla de Bruce LaBruce, Jack Pierson o Slava Mogutin. Es hacia el número 10 que se congelan esas aportaciones externas que con el tiempo saltarán al apéndice llamado ‘Cuadernos’, que llega hasta hoy.

Sus autores repasan ahora los primeros ejemplares y los ven «muy superados»: «En algunos números metíamos dos colaboraciones y 25 chicos. Todo era foto, tras foto, tras foto, sin desarrollar absolutamente nada. Y luego estaban los problemas de impresión. O los miedos de si una foto iba a ser o no muy fuerte. Aprendimos mucho. Era el miedo a no poder sobrevivir con esto». Acababan de cortar lo de trabajar en otros medios o para otra cosa.

No solo ha cambiado y se ha profesionalizado la revista en 20 años. En todo ese tiempo ha cambiado nuestra noción de desnudo, de privacidad y de la propia masculinidad. «Nos gustaría pensar que hemos contribuido a ello, sí, por vanidoso que suene. Pero hemos sido influyentes para mucha gente que está trabajando el desnudo, incluso aunque no lo sepa. Con los años, nos atrevimos a sacar un desnudo integral en una portada. El espíritu punk nos persigue aún. Mucha gente nos agradece lo que ‘Kink’ supuso para ellos», resume Paco. «Pero hemos envejecido también con el mundo –añade Manolo–. Nuestras cabezas han madurado. Y cuestiones que no nos planteábamos, las hemos fotografiado y han tenido cabida en ‘Kink’. Nos hemos ido abriendo a la par que se abría la sociedad. El mundo trans está incluido ya en ‘Kink’ de una forma natural, pero durante años además de que no se daba la posibilidad, nos habría parecido raro». No todas las revistas pueden alardear de contar con ser protagonistas de un documental: ‘Kink’ lo tiene: ‘Todo a la vez’ (2021), del director Alberto Fuguet.

Paco y Manolo viven a la espalda de Montjuïc en Barcelona. Este parque urbano pero dado al anonimato de sus transeúntes, es, como ellos lo llaman, su estudio. «Mañana tenemos sesión allí», me informan. Como han indicado, es de los modelos la decisión de cómo salir en la revista. Si cuentan con un espacio privado, las fotos se hacen ahí; si no, se buscan alternativas. En Barcelona estas son o un hotel o el ‘plató natural’, entre los árboles y a expensas de miradas furtivas. «Somos muy vouyeurs y sabemos que los mundos personales de cada modelo son un universo de referencias. Queremos ver qué atesoran, qué se ve desde sus ventanas…».

Una sesión básica dura entre 45 minutos y una hora. A partir de ahí se alarga más dependiendo del interlocutor, de lo que puede ofrecer, del feeling, de la luz… «Sabemos que en la de mañana tardaremos poco. ¿Por qué? Estaremos en Montjuïc a las tres de la tarde, que está petado de turistas. En ese emplazamiento solemos quedar temprano en la mañana para estar relajados. Vamos a estar todo el rato: ‘¡Súbete el pantalón!’, ‘¡Bájatelo otra vez!’».

El público de la revista es también heterogéneo, y ha crecido con ella. Su lector actual es amante del papel, un hombre gay en torno a los 50, interesado en el arte. La revista publica 2.500 ejemplares por número, que además se reparte por todo el mundo. Curiosamente, tiene muchos suscriptores en Rusia. Y luego están los que la apoya de otra manera, comprando sus polaroids o las fotografías, lo que permite a sus responsables no depender de la publicidad. Pero señalan: «Creemos que ese es el público que nos sigue porque es el que era joven cuando empezamos. Pero en Ámsterdam estuvimos fotografiando hace poco y todos los modelos eran super jóvenes y tenían la colección de la revista. Creemos que hemos crecido con una generación, la nuestra, pero eso sucede en España».

Incluso, Kink tuvo un correlato femenino que no fraguó, la ‘MariKink’, de la que sólo se editó un número: «Posiblemente no era el momento y no éramos nosotros los adecuados para hacerlo. Además, a ellas se las valora todavía más por su aspecto. Se hablaba de ‘nuestros chulazos’ y se nos acusaba de que las chicas no estaban tan cuidadas. Pero es que estábamos fotografiando a nuestras amigas y no pensando en determinados estereotipos. Además, nunca pensamos esa revista para que su público fuera masculino».

La exposición de Lisboa –en Cardinal Collection, del coleccionista y fundador del Ass Book Fair del Palais de Tokyo Vincent Simon– es un repaso por ‘Kink’ y por todas las ediciones que ha generado desde 2006. Hablamos de un amplio número de fancines, archivos, pósters, fotos… Con esta revisión, nuestros interlocutores se dan cuenta de ‘haber trabajado muchísimo’: «Tenemos amigos que piensan que no hacemos nada en todo el día», expresan con sorna.

Paco y Manolo, reconocidos por sus fotos de cuerpos masculinos desnudos. Eva Parey/COLPISA

—Últimamente hablamos mucho sobre la idea de haber alcanzado un techo. Nosotros venimos de barrio, el extrarradio de Barcelona. Seguro que nos gustaría hacer más cosas pero con lo logrado hasta ahora nos sentimos absolutamente satisfechos. Seguiremos haciendo esto hasta que nos cansemos y si puede seguir siendo este el nivel, eso será perfecto. Lo que haya a partir de ahora serán variaciones sobre el mismo tema. Con que dejemos cinco o seis imágenes para el recuerdo, icónicas, estaremos contentos. Y yo creo que ya llevamos diez, frente a muchos fotógrafos que aún no las tienen.

—Entiendo que, hace 20 años, cultivar el desnudo no sería fácil. Pero ahora exponerlo es casi misión imposible. Eso nos lleva a hablar de censura y de autocensura.

—Paco: Hay de todo en internet. Tenemos muchos mensajes que ni los contestamos porque son gente que no ha visto la revista en su vida, que tienen Onlyfans y que quieren que les des fotos… No nos interesa eso. Nos parece bien que esta realidad exista, pero no es nuestro rollo.

—Manolo: Nosotros, por ejemplo, no incluimos nunca los instagram de los chicos. Esto no es una agencia de contactos. Es curioso que en el pasado todos los que salían en ‘Kink’ la conocían y ahora muchos no saben ni siquiera que se publica en papel. O los que creen que las fotos serán como las de Instgram, todos con pantaloncito o calzoncillo…

—¿Se piensa en el futuro, dónde puede acabar todo el trabajo?

—M.: Tenemos idea de dónde queremos que acabe. Ayer se murió un amigo muy jovencito y te das cuenta de que las vidas no tienen conclusión. La idea de cierre de círculos es romántica. Si nosotros somos capaces, una parte del trabajo será eliminado y se quedará todo lo publicado y lo que queremos que se quede.

—P.: García-Alix dijo una vez que las expos pasan y que lo más importante son los libros que has hecho porque son tu selección. Lo demás han sido cosas que agradecer.

—M.: Nosotros vamos a dejar una herencia en publicaciones en la que quedan no solo los aciertos, porque por la capacidad económica inexistente que hemos tenido tuvimos que publicar muchos errores.

—Hay toda una estela de fotógrafos, sobre todo en redes, que se intuye que mamaron de lo suyo. ¿Son conscientes?

—M.: Sí. Pero no me gusta la palabra ‘copiar’, prefiero el término ‘inspirar’. Lo asumimos como homenajes. Y nosotros ya de por sí somos parte de un engranaje, no hemos inventado nada. Le hemos dado un carácter a lo nuestro. También nosotros estuvimos y estamos influidos por un montón de personas. No solo fotógrafos, también pintores…

—P: Tú no sabes lo bien que le vendría a mucha gente que alguien le dijera que nunca van a llegar a ser Nan Goldin…

—Estando como está el mundo, ¿son políticos vuestros desnudos?

—P.: Hace 20 años desde luego que lo eran. Ahora lo son por otro motivo.

—M.: La existencia de una revista como ‘Kink’ es política. Lo es el mero hecho de pensar que el cuerpo es disidencia.

—P.: Nosotros perdimos muchos trabajos por ‘Common People’. Y el hecho de ser abiertamente gays, de cultivar el desnudo no ayudaba.

—M.: Lo malo es que hoy es político no sólo el hacer este tipo de fotos sino nuestra mera existencia.

—P.: Vivimos un momento muy raro en el que parece que hay muchísima libertad para trabajar, pero en el que nos movemos, más que por la censura, por la autocensura. A nosotros nos han cerrado la cuenta en IG cuatro o cinco veces con muchísimos seguidores. Eso hace que pienses mucho lo siguiente que subes. Estuvimos publicando nuestros diarios en la web de 2000 hasta 2013. Allí éramos muchísimo más punkis: aquello era nuestra vida sin cesura a todos los niveles.

—¿Qué le queda por mostrar a ‘Kink’?

—P.: Cuando dejemos de poder publicar en papel morirá ‘Kink’, eso por descontado. Muchas veces nos planteamos cuándo acabaremos. Hemos decidido que en el número 50. ¡Pero eso es muy pronto! Seguro que cuando llegue pensaremos en el 60. Pero sí que tienes que aprender a cerrar ciclos.

—M.: Nunca nos ha costado reinventarnos. Pero cansarse de ‘Kink’ sería un gran problema. O que no funcionase. Por suerte funciona y no estamos cansados. Pero el mundo está cambiando mucho, y no sabes lo que se va a mantener a flote del lugar que defiendes. No todo depende de nosotros.

—¿Y cuándo vamos a ver vuestros autorretratos desnudos? Porque ese trabajo está seguro más que hecho…

—P.: Está hecho, sí. Se verá cuando muramos. Manolo, como decía, sí que ha salido en la revista. Yo no. Pero más que nada porque creo que Manolo no es tan buen fotógrafo como yo… [bromea]. Es más porque yo me veo mal en una foto desnudo. Me da vergüenza y me pongo rojo de pensarlo. Pero tenemos un archivo ahí que si algún día alguien lo roba nos encontrará muchas veces desnudos.

—M.: Si se completa el círculo, eso desaparecerá.

—P.: Seguro que cuando tenga 80 años pensaré: ‘Joder, qué bien estaba’.

Hablamos sin saber nunca lo que nos depara el futuro. Así que están por verse las fotos prohibidas de Paco y Manolo.

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