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‘Invasión travesti’, el delirio del underground andaluz que reaparece en el Festival de Málaga

Rodada en el año 2000 y dirigida por Paco Campano y Jerónimo García, la pieza es una auténtica bizarrada hipnótica

Festival de Málaga Estupenda Márquez
'Invasión travesti'.
Festival de Málaga Estupenda Márquez

Llegué al cine con fiebre, el pelo hecho un asco y la cara completamente descompuesta. De esas veces en las que sales de casa pensando por favor, que hoy no me encuentre con nadie conocido. Por supuesto, sucedió justo lo contrario.

Me encontré con bastante gente. No necesariamente gente que yo conociera, pero sí personas que me reconocieron por el trabajo que hago en redes. Así que ahí estaba yo, con la cara pálida, el cuerpo raro por la fiebre y tratando de mantener cierta dignidad mientras saludaba.

La sesión del ciclo Underground Andaluz del Festival de Málaga ya estaba empezada. Habían proyectado ‘El factor Pilgrim’ y yo llegué justo cuando comenzaba la mesa redonda posterior. Entré intentando pasar lo más desapercibida posible, pero todavía me esperaba la peor parte: pedir que toda la fila se levantara para poder pasar.

Cuando por fin me senté, comenzó lo que realmente había ido a ver, ‘Invasión travesti’.

Rodada en el año 2000 y dirigida por Jero de los Santos y Paco Cabezas, la pieza es una auténtica bizarrada hipnótica. Una pequeña joya del underground andaluz que parece construida con la lógica de un sueño lleno de travestis, lesbianas y conspiraciones delirantes, con estética de serie B.

Durante la mesa redonda posterior alguien la comparó con una película de Méliès y sinceramente la imagen me resultó bastante acertada. Los efectos especiales parecen trucos artesanales, casi carnavalescos, como si el cine regresara a sus primeros experimentos visuales. Otro participante lo resumió de forma todavía más gráfica diciendo que verla es como si Fellini se hubiera aficionado al LSD.

El proyecto está lleno de imperfecciones técnicas —el propio equipo lo reconoce— porque el rodaje fue extremadamente precario. Pero precisamente de esas carencias salen también algunas de sus imágenes más potentes. Esa mezcla de precariedad y libertad creativa es lo que le da su carácter.

Uno de los directores explicó durante la conversación que la película nació también como una respuesta personal. Él, gitano y gay, había estudiado en un colegio religioso donde vivió experiencias de clasismo, machismo, racismo y homofobia. ‘Invasión travesti’ surge de ese choque y utiliza la ironía para decir lo contrario de lo que aparentemente muestra.

La historia exagera esa vieja idea de que los gays van a imponer una dictadura en la sociedad. Al llevarla al absurdo, lo que hace es señalar justamente lo contrario, el peso que durante décadas ha tenido la norma heterosexual sobre quienes no encajan en ella.

Las anécdotas del rodaje parecen hoy casi tan surrealistas como la propia película. El equipo llegó a engañar a un cura para filmar una secuencia en la que aparecían travestidos dentro de una iglesia durante la misa del gallo. 

El rodaje se hizo en 16 milímetros con una cámara a la que, según contaron, le quedaban literalmente dos minutos. Tampoco había dinero para hacer copias positivas, así que durante años solo existió una.

De hecho, ‘Invasión travesti’ estuvo a punto de desaparecer. La película ha podido recuperarse gracias a un proceso de restauración que ha durado cerca de dos años y que se ha hecho prácticamente de forma artesanal, escaneando los negativos, reconstruyendo el montaje plano a plano y recreando efectos que originalmente se habían hecho en edición analógica. La proyección dentro del Festival de Málaga forma parte precisamente de ese rescate.

Vista hoy, la película funciona como una especie de fósil extraño del underground andaluz de principios de siglo. Caótica, excesiva, provocadora y salvajemente libre.

Quizá por eso, al terminar la conversación, alguien dijo algo que se quedó flotando en la sala: la película parece más moderna ahora que cuando se rodó. No porque el mundo sea más libre, sino porque la realidad ha cambiado tanto que aquella rebeldía vuelve a tener sentido.

‘Invasión travesti’ es una película hecha sin recursos ni reglas pero con una libertad creativa que me hizo salir del cine sin saber muy bien si lo que había visto era realmente delirante o si parte del efecto tenía que ver con la fiebre con la que había llegado a la sala.

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