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‘Nepobabies’ del pop: cuando el apellido no garantiza el hit

Cuando eres 'hija de...' parece que tienes la suerte en el bolsillo y todo dispuesto para triunfar. Pero no, no siempre es así. Aunque tengas apellidos como Jackson, Hogan o Pantoja

Party Álvaro Onieva
Paris Jackson. EFE
Party Álvaro Onieva

Ser un ‘nepobaby’ (esto es, hijo de un famoso o de alguien importante) abre muchas puertas, pero no asegura el éxito como estrella del pop. Tener un apellido famoso puede facilitar estudios, productores, portadas y atención mediática, pero al final siempre es el público el que decide. Y en la historia reciente de la música hay bastantes ejemplos de hijas e hijos de celebridades que lo intentaron con todas las ventajas… y aun así no consiguieron despegar.

Paris Jackson, hija de Michael Jackson, ha tenido oportunidades que ya querría cualquiera. Ha probado como modelo, actriz y cantante, primero en un proyecto musical junto a un entonces novio y después en solitario. Su propuesta, más cercana al indie y al folk que al pop mainstream, ha sido bien recibida por la crítica, pero no ha conseguido conectar con un público amplio ni convertirla en una figura relevante en la industria musical.

Nicole Richie, hija de Lionel Richie y amiguísima de Paris Hilton, también probó suerte en la música. Aunque su fama como celebrity y empresaria estaba más que asegurada, su carrera musical nunca cuajó y quedó rápidamente olvidada.

Brooke Hogan, hija del luchador Hulk Hogan, apostó fuerte por el pop comercial de los dosmil, con un par de discos de estudio publicados y mucha promo. Sin embargo, su música no logró diferenciarse y terminó siendo más recordada por su apellido y sus apariciones en televisión que por sus canciones.
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Nikka Costa es un caso algo distinto. Hija del productor Don Costa, sí logró un éxito puntual y puede considerarse una one hit wonder con el tema ‘On My Own’. Más allá de aquello, nunca llegó a consolidarse como gran estrella del pop.

En España tenemos nuestro propio ejemplo con Isa Pi, hija de Isabel Pantoja, que no triunfó en la música pero dejó una de esas canciones imposibles de olvidar, convertida ya en pieza de culto pop-trash.

En el caso de Lourdes León, hija de Madonna, no se puede hablar exactamente de flop. Su proyecto musical es experimental, poco comercial y muy alejado del sonido de su madre, lo que la sitúa en otro circuito completamente distinto. No busca el hit, y eso también explica su menor visibilidad.

Y si ni siquiera la realeza se libra, ahí está Estefanía de Mónaco, cuyo intento de convertirse en estrella del pop en los años ochenta fue muy sonado… y muy breve. Un ejemplo más de que, en la música, ni el linaje real garantiza el éxito.

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