«Tanguera, coplera, travesti de bandera», canta Psicosis Gonsales recién levantada. Son las 12.00 horas del mediodía, pero la argentina abre el primer yogurt. Continúa con horario de artista a sus 77 años, 69 desde que debutara en televisión y dos desde su último infarto. No es de extrañar su ilusión por recitar cifras, el próximo 12 de febrero vuelve a las tablas de la sala Maravillas Club con ‘Del tango al tanga’, una función del llamado nuevo cabaré, variedad que introdujo en España hace cuatro décadas. Pero llegó mucho antes, el último 1 de octubre que viviera la dictadura. «Llevo 50 años en España haciendo lo que debo y tocando lo que no debo», ríe a carcajada limpia.
Norberto Di Giorno es el genio detrás de la ingeniosa Gonsales. La diva argentina demuestra serlo cuando se le pregunta por sus compañeras. Trabajó con todas, pero comenzó con las hermanas –«iconos»– Norma y Mimí Pons como primer bailarín de revista. El teatro musical ya lo conocía desde temprana edad, pero los no buenos amores lo apartaron de la profesión. «Mi gran amor ha sido el teatro», afirma pausado. Sin embargo, lo abandonó en cuatro ocasiones. Las primeras por malos quereres; las últimas, por salud. «Dije que no muchas veces y rompí la cadena», lamenta.
Tangos y tangas
Ahora dice «no» a los amores y «sí» a su espectáculo. No dista su primera función de ‘El sueño de una noche de verano’ en 1961 con la nueva que presenta en Madrid. El enredo shakespeariano declara todo sobre la historia de tangos y tangas que pone nombre al ‘show’. Las noches en salas heavies, como la vallecana Hebe y las céntricas Max y Ghost, le ocuparon días de «sexo y drogas». «Terminé con un padre de familia bailando tango, los dos en tanga», recuerda sobre la mañana de «desenfreno» que narra la canción homónima. Los «morochos» de ojos negros ya no le atraen. «Que no se entere nadie porque eso es a Norberto», apostilla Psicosis, «ramera nacional».
La cabaretera sigue fiel al personaje que encumbraron como «madre de las drags» hace 30 años. Gonsales pertenece a la generación intermedia del transformismo ochentero y el universo drag imperante en los años 90. Cambió el cabaré español con el café-cantante ‘Di Giorno, di notte’ en 1981 y se hizo hueco en la industria patria. «Traje un ‘show’ que no había», reconoce la artista sobre una época que reinaban los «chistes de mariquitas» y el ‘playback’ de Sara Montiel. La artista apostó por el directo y el humor negro argentino. «Si eres inteligente, te hace pensar y, si no tienes muchas luces, te quedas con lo divertido», añade.
El teatro, refugio
Bebió de los espectáculos de la bonaerense calle Corrientes y se escudó en el teatro desde los años más tristes de su vida. «Sufrí bullying por gay; en la escuela, en la calle y en el teatro», añade. Recorrió Argentina con la célebre Susana Giménez y se unió al ‘music hall’ de la no menos celebérrima Moria Casán. Con esta última viró hasta París, audicionó para Moulin Rouge y terminó en Valencia para 1975. «Éramos muchos en el espectáculo y Moria prescindió de mi porque yo tenía muchas oportunidades», cuenta sobre su conversación con ‘la One’. «Ego aparte», no tiene pensado acudir a Argentina: «Nunca me he sentido marginado en España, pero eso no sucede en Argentina por mucho que haya cambiado».

No le cuesta reconocer que el personaje «salvó» a la persona. La ambigüedad que mostrara con Fernando Esteso y Norma Duval hasta ‘¡Ay, bellotero… bellotero!’ se difuminaría 15 años después en las horas bajas del cabaré. «Yo soy artista, cabaretera y una mujer así llamaba la atención por el machismo», dice sobre el personaje. La televisión se peleó por este en plena liberación del audiovisual y encontró hueco en las privadas. «Los 90 fueron peores que los 80 porque no era normal el ritmo», incide sobre las drogas. La hemeroteca recuerda la histeria del público por tocar los pechos de Psicosis mientras esta pedía insultos y rogaba a Nieves Herrero que la adoptara.
«Yo estaba en todos los sitios, donde nadie más», ríe con audacia. En efecto, la presencia ‘drag’ se limitaba a ser imagen de eventos, pero no sucedió eso con Gonsales, quien llegara a la fama absoluta con el disco ‘Psicodance’ en 1995. La presentación del musical ‘Priscilla, reina del desierto’ el mismo año en Madrid aportó al fenómeno de su popularización. «Yo no dejaba que la televisión se metiera en mi intimidad porque yo imitaba un papel», afirma sobre el «miedo» que la industria sintió por introducir sus espectáculos. «Hasta cuando [José] Frade me contrató para ‘La noche canalla’ se caían las entrevistas por pánico», recuerda sobre el programa del extinto Canal 7.
Depresión
La vida de Psicosis se tambaleó en 2024. A la muerte de su perrita Roxy, le siguieron varios infartos a finales de año. La depresión llegó en un momento especialmente frágil. La propuesta del productor Luis Miguélez para compilar sus éxitos en ‘Colección’, le bastó para recuperar la ilusión y comenzar a curarse. «He sentido mucho cariño», recuerda emocionada sobre un año «horrible». «Tengo ganas de escenario y la fuerza para estar en él», sostiene sobre la obra ‘Del tango al tanga’.
La artista sigue inmersa en el «rojo putón» que aportara en sus inicios. La peluca rubia platino es la «licencia» que se permite. «El espectáculo lo hago con una camisa porque no pide más», afirma en referencia al estilo de Liza Milleni. El satén y las lentejuelas tampoco faltan, sello de Gonsales. Lo único que ha dejado son los hombres, pero no el «peor» vicio, el tabaco. «Con los infartos comencé a dejar de fumar, pero no pude», manifiesta en referencia a los cigarrillos rubios a los que se considera «adicta».

Las parejas no le llaman la atención. «Tuve tres y terminaron muertas», añade como cantara Massiel con ‘Lady Veneno’. El primero fue un actor argentino, ya fallecido, del que no dice el nombre. «Tal vez en unas memorias porque tiene mujer e hijos», indica. De aquella historia, sólo recuerda el «escándalo» que supuso por tener 13 años frente a los 47 del perfecto desconocido. «Conocí a muchos que se iban con jóvenes y los agredían», relata. El americano que conoció en tiempos de París y el valenciano por el que dejó el espectáculo tampoco aportaron nada. «Ahora la gente liga por redes sociales y todo pasar por beber, pero para eso prefiero una paja», dice la reina del escándalo.
La reina de los ‘haters’
Nadie tuvo un anticlub de ‘fans’, menos Gonsales. «Como juego a ser la peor, popularicé el insulto». La «más cerda del mundo», que narra en el ‘single’ ‘Psicodance’, es forofa a estos. «Ahora todo el mundo se insulta, pero lo mío es un arte» afirma para rematar: «Yo soy Piscosis, me puede insultar, me puedes volver loca, pero no me saciarás». La frase del mismo sencillo la catapultó a llevar el sobrenombre de la «reina del insulto». Y, entre medias, se encuentra Di Giorno, que «pavorosamente solo» afirma: «La soledad me pesa y ya no hay arreglo».
Noberto habla ahora desde su minúsculo estudio de Malasaña donde ya no hay «interés» por empujarse a la jungla. Se distanció de la noche para curarse, pero tiene todo preparado por si surge «algo». No hay ilusión concreta porque tampoco existe necesidad artística. «No tengo sueños de algo concreto ni me interesa entrar en la ducha», recalca. Lo que vino, vino, y si vuelven a llamar, «ya se verá». «Me duele el corazón de pensar que hay quien está trabajando por 40 euros, yo no trabajo por 40 euros», dice sobre alguien que no «finge hambre» porque se ha comido todo.
Vivió la época de «prostitución intelectual» donde acudieron Joaquín Sabina y Cristina ‘La Veneno’. Y asintió a José Luis Almite cuando afirmó detestar a gente con la que sólo podría escoger el vicio de no fumar. «Ligaba como una puta, era la época buena, pero la vida es otra», remata. No sabe si mejor o peor, pero sí más «tranquila». Y así se encuentra día a día. Se reconoce como la resistencia y, con el humor intacto, se sube a las tablas que siempre la acompañaron. La sala Maravillas Club vuelve al estado de psicosis que nunca se debió perder. Sigue la vida en directo.




