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Quince años de ‘Born This Way’: el renacer del pop ideológico

Se cumple un quindenio del lanzamiento de la canción que sitúo a Lady Gaga como referente LGTBIQA+ y sus fans como activistas online

Inbox Antonio Rodriguez
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Todos nacemos superestrellas. Con este manifiesto hace 15 años que Lady Gaga dedicaba su canción ‘Born This Way’ a la comunidad LGTBIQA+. A diferencia de otros himnos del mismo carácter, la cantante y productora decidió usar su momento de mayor fama y atención para crear un tema que representase a las personas queer de la generación millenial y Z. Y aunque se les escapaban los conceptos de género e identidad del momento, fue la primera canción de la historia en incluir la palabra ‘transgender’ (transgénero). La grandeza de esta canción superaba su melodía o composición y reposaba orgullosa en su letra. Se trata de un ejercicio lingüístico que sustituía la idea de lo correcto o erróneo, por la de diferente. A diferencia de la narrativa de la norma que propone ‘aceptarnos’ o ‘incluirnos’ en un mundo ya construido, y basado en justificar la existencia y legitimidad en el amor, en ‘Born This Way’ se nos anunciaba poderosas más allá de la construcción romántico y asimilado: por el mero hecho de nuestro nacimiento. Y también con inusual, aunque muy sutil, ejercicio de desplazamiento estructuralista sobre la religión católica: «God makes no mistakes» (Dios no comete errores).

«No seas un lastre, sé una reina, tanto si estás arruinado como si eres eterno. Seas negro, blanco, beige, de ascendencia chola, libanés u oriental. Tanto si las discapacidades de la vida te han convertido en un marginado, te han acosado o se han burlado de ti, alégrate y quiérete a ti mismo hoy. Porque, cariño, naciste así». Se trataba de la primera estrella del pop que no sólo creaba una canción con la que entendernos y celebrarlos, sino que introducía la interseccionalidad de forma explícita en la letra de un hit, a sabiendas de trascendencia del marco de pensamiento de ese momento en la historia contemporánea.

Porque hace 15 años, cuando Lady Gaga publicó esta canción, el pop mainstream todavía funcionaba bajo una forma de negociación silenciosa con lo queer: podía apropiarse de su estética, de su teatralidad y de su exceso, pero con frecuencia evitaba nombrarlo de forma directa. La ambigüedad había sido durante décadas una estrategia de supervivencia cultural. Lo queer existía en códigos compartidos, dobles sentidos y gestos camp, pero raramente en afirmaciones explícitas. Por eso aquella canción no fue simplemente un éxito global; fue una ruptura discursiva. Fue como si el casting de The Rocky Horror Picture Show se hubiera presentado en tu casa para hacerte una fiesta sorpresa. No se pueden entender la visibilidad queer en las carreras de Troye Sivan, Sam Smith, Kehlani o Chapell Roan sin su popstar de cabecera.

El historiador cultural Stuart Hall describió que la cultura popular es el terreno donde se libra la lucha por el significado social. El pop, lejos de ser un espacio neutral, funciona como un campo de disputa simbólica donde se negocia quién puede existir públicamente y bajo qué condiciones. ‘Born This Way’ irrumpió justo ahí: no intentó infiltrar un mensaje político dentro de una canción comercial, sino que convirtió la propia lógica comercial en vehículo ideológico. Y no, no podemos esperar que todas nuestras luchas se materialicen de la misma forma; en unos días en los que se pone en cuestión si la actuación de Bad Bunny en el interludio de la Superbowl ha servido para reivindicar o si simplemente ha existido dentro de las lógicas de un sistema opresor, conviene recordar la importancia de observar las luchas como una suma. Lady Gaga se benefició, con cierta coherencia, de un capital simbólico y económico al abanderarse como Mother Monster (madre monstrua), pero es innegable que la amplificación del mensaje, su inteligente planteamiento léxico y sus innumerables actuaciones con todo lo que se podía esperar de ella convirtieron a ‘Born This Way’ en una canción que sí marcó una diferencia. El single apareció en ese momento fronterizo en el que internet (y las hoy tan señaladas redes sociales) comenzaba a transformar la experiencia comunitaria: jóvenes queer aislados geográficamente podían reconocerse simultáneamente en un mismo discurso cultural. El estribillo no era una simple melodía; funcionaba como afirmación colectiva sincronizada. No se puede entender el ‘gay slang’ de Twitter de esa época sin esta canción. De la misma forma que no se puede entender su éxito en España sin Juan Paparazzi.

Y es que el contexto, a pesar de lo que la mente humana recuerde, no era favorable. En 2011 el matrimonio igualitario aún era ilegal en gran parte de Estados Unidos, las identidades trans apenas encontraban representación mediática y la retórica pública seguía tratando la diversidad sexual como excepción tolerada. Ese verano hubo una cantidad terrible de suicidios de adolescentes homosexuales en los Estados Unidos, como el de James T. Rodemeyer, fan de la cantante. Gaga se comprometió de forma devota y pública con el activismo para que la ley ‘Don’t ask, don’t tell’ fuese finalmente derogada ese mismo año, así como poder expresar sus opiniones sobre el acoso escolar en campañas como It Gets Better. ‘Born This Way’ fue también la banda sonora de una generación cuya concepción de sus derechos y el activismo queer nació en la era digital.

Musicalmente, Gaga se presentaba haciendo un ‘melange’ de house y dance noventero, géneros nacidos en clubes afroamericanos y LGBTIQA+ donde la pista de baile se convertía como refugio social. El beat four-on-the-floor no era una elección estética más: era una genealogía, que la artista compuso y produjo junto a Fernando Garibay y DJ White Shadow. Simon Reynolds señala en ‘Futuromanía’ (2024) que la música dance siempre ha contenido una promesa utópica temporal, un espacio donde las jerarquías sociales parecen suspenderse durante unos minutos. Eso sí, ‘Born This Way’ no estuvo exento de polémica. El estribillo se parecía al de ‘Express Yourself’ de Madonna, lo que dio lugar a una larga trayectoria de idas y venidas entre ambas artistas con respecto a esta cuestión, aunque Madonna no se resistió a hacer un mashup entre ambas canciones en su MDNA Tour para evidenciar la similitud entre ambas, en 2012. La canción sí que bebía de la influencia de ‘I Was Born This Way’ del activista Carl Bean; en 1977 el sello Motown Records apostó por un mensaje explícitamente afirmativo hacia la identidad LGBTQ+ en plena era disco. La canción de Lady Gaga está considerada por Pitchfork como un himno del pride moderno, se colocó en el número 1 en más de 25 países, y debutó directamente en el nº1 del Billboard Hot 100, con más de 8 millones de copias vendidas.

La llegada al mundo de un ser humano es un acontecimiento que en el Siglo XXI genera nuevas perspectivas de pensamiento; casi todas se aúnan en un principio común. Traer a une hije al mundo es una aventura con infinitas posibilidades, y en el caso de las personas LGTBIQA+ nuestras experiencias de vida están marcadas por unas concretas, y otras que nos da el provenir. Pero la maternidad es también un concepto que la comunidad queer ha desvinculado de la sangre cuando las adversidades así lo han requerido. Un parto elegido que queda en la memoria de todas con esa actuación inolvidable de los Grammys en la que Lady Gaga estrenó el single en directo, saliendo de un huevo intergaláctico, con trajes de látex, y una orgía musical donde ella y los bailarines aparecían con protuberancias faciales y hombros afilados: una estética del diseñador Alexander McQueen, a quien la artista dedicó este tema tras su muerte en 2010.

Y es que, quince años después, vivimos un momento en el que pop nuevamente vuelve a ser un espacio ideológico visible. Era impensable que llegados a cierto punto de apertura y avance en derechos LGTBIQA+ el gran enemigo de la igualdad real iba a ser el movimiento reaccionario de ultraderecha. Hoy, ‘Born This Way’ sigue sonando celebratorio, pero también un recordatorio de una lucha aún abierta, centrada no en la tolerancia concedida, sino en la afirmación de la existencia. Por eso, en 2026, esta canción es un termómetro para recordar que los derechos y las libertades no están garantizadas, y que los artistas deben seguir posicionándose para impactar con artefactos culturales en la vida de miles de pequeños monstruos (ya creciditos), que son también testigos generacionales de memoria histórica.

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