Hay gobernantes que todavía no entienden —o no quieren entender— la importancia de financiar la Profilaxis Preexposición (PrEP), una de las herramientas más eficaces para prevenir el VIH. El último ejemplo es el del presidente argentino Javier Milei, que ha decidido retirar la financiación pública de este medicamento, poniendo en riesgo a miles de personas.
La medida no solo ignora décadas de evidencia científica: también se apoya en prejuicios. Lo más preocupante es que incluso dentro del colectivo LGTBI hay voces que celebran este recorte, bajo la idea errónea de que ‘la PrEP es para la gente que quiere follar a pelo’. Pero esta visión es tan simplista como dañina. La PrEP no promueve conductas, sino que protege vidas. Es una estrategia seria, probada y avalada por la ciencia.
La PrEP funciona: protege hasta un 99% frente al VIH
La PrEP, cuando se toma correctamente, reduce el riesgo de infección por VIH en un 99%, según la mayoría de los estudios internacionales y las recomendaciones de organizaciones como ONUSIDA, la OMS o los CDC. Es una de las herramientas preventivas más exitosas de la historia reciente.
No sustituye al preservativo, pero tampoco compite con él: lo complementa. Igual que existen vacunas, tratamientos o programas de cribado, la PrEP es parte de una estrategia integral de salud sexual.
Acceso gratuito: una cuestión de justicia social
Hacer que la PrEP sea gratuita no es un gesto simbólico: es una cuestión de equidad. Muchas personas —especialmente jóvenes, migrantes, personas trans o trabajadores sexuales— no pueden permitírsela por su alto coste en sistemas donde no está financiada. Y no se trata solo de dinero: se trata de romper barreras sociales, estigma y exclusión.
En contextos de precariedad, hay personas que han sido empujadas a la prostitución para sobrevivir. Para ellas, la PrEP no es una opción sexual: es una medida de supervivencia. Negarles el acceso es condenarlas a mayor vulnerabilidad.
Cada euro invertido en PrEP ahorra miles en tratamientos futuros. No solo hablamos de costes médicos: hablamos de impacto en el empleo, la calidad de vida, la salud mental y la reducción drástica de nuevas infecciones. Es una inversión inteligente, eficiente y humana.
Allí donde se ha implantado, los resultados hablan solos: ciudades como San Francisco, Nueva York, Londres o Ámsterdam han visto descensos históricos en nuevos diagnósticos de VIH gracias a la combinación de PrEP, testeo frecuente y acceso universal a tratamiento.
Reducir o eliminar su financiación no solo es un error político: es un retroceso sanitario y un ataque directo a colectivos ya vulnerabilizados. La PrEP es una herramienta que democratiza la salud sexual y que acerca la posibilidad real de vivir en un mundo libre de nuevas transmisiones de VIH.




