La misma noche que los agentes de la DEA capturaban a Nicolás Maduro en una base militar de Caracas, Andry Hernández Romero (Capacho, Venezuela, 2001) tomaba un taxi a la frontera y, después, un autobús con el que pasó la Aduana con Colombia. El primero viajaba a Manhattan a una prisión, mientras que el otro hacía la primera parada de su viaje a España, a la libertad. Paradojas del destino, dos años antes, Andry escapaba de la Venezuela de Maduro por razones políticas y por la discriminación que sufría por su homosexualidad, atravesó la selva y Centroamérica, y se asomó al borde de EE UU, donde pidió asilo. Pero el temible ICE (Servicio de Inmigración) se cruzó en su camino. Lo catalogó como pandillero y fue deportado a la cárcel de Bukele en El Salvador, junto a otros 251 venezolanos. Su caso dio la vuelta al mundo, como denuncia de los excesos de la Administración Trump y la discriminación al colectivo gay. Tras ser torturado en prisión, un acuerdo lo devolvió cuatro meses después a Venezuela. Pero la felicidad le duró poco, porque su país no tardó en recordarle que sus calles también eran un presidio para él. Hace unos días, pidió asilo en Andalucía.
«En España, los gays somos libres. Nos respetan los derechos y es un lugar seguro para nosotros», confiesa Andry Hernández. Habla con serenidad, pero su rostro no se ha librado de cierta tristeza. Todavía está recuperándose de su ‘estancia’ en la cárcel más peligrosa de América, el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la megaprisión de máxima seguridad construida por el gobierno de Nayib Bukele en Tecoluca (El Salvador) para castigar a pandilleros y miembros de bandas criminales. Así fue etiquetado este venezolano que, cuando llegó a la frontera de México con California, pidió asiló por razones políticas, pero vio como le pedían que se quitara el cinturón y los cordones de los zapatos y era enviado directamente a un centro de internamiento. Allí comenzó un infierno -no es metafórico- para este joven estilista y maquillador de la cadena de televisión de Caracas Tves, donde comenzó una prometedora carrera que pronto se torció. Lee el reportaje completo de Paco Griñán en SUR.es




