Los nervios, la curiosidad y la incertidumbre suelen ser un denominador común cuando estás a punto de conocer a una persona. ¿Y si es la persona con la que acabas formando tú vida y aún no lo sabes? Las primeras citas siempre han sido momentos decisivos en los que evidentemente influye la forma en la que se desarrollan. Y como muchas cosas en la vida, hasta este concepto ha evolucionado a lo largo de los años.
Solo hay que hablar con parejas para darse cuenta que quedar solo para tomar algo y hablar ya no es la opción preferente para muchas personas cuando se trata de una primera cita. En su lugar, cada vez ganan más terreno los llamados planes ‘trendy’: actividades pensadas para compartir una experiencia antes que una conversación forzada. Desde clases de cerámica o escalada hasta una ruta, mercadillos, visitas a librerías o
conciertos, las primeras citas se están transformando en planes con intención.
Esta tendencia responde a un cambio claro en la forma de relacionarnos. Las citas tradicionales, basadas únicamente en la conversación cara a cara, generan incomodidad en un contexto marcado por el uso de aplicaciones de citas, la desesperación y el cansancio relacional. Frente a esto, las actividades con un plan establecido fuera de lo común permiten hablar de lo que sucede dejando a un lado los silencios incómodos y rebajando la presión por ‘conectar’ de inmediato.
Además, estos planes ofrecen una ventaja clave. Si no hay química, la experiencia sigue teniendo sentido. La cita deja de vivirse como una evaluación y pasa a ser simplemente un momento agradable que se comparte con otra persona. Una lógica conecta especialmente con muchas personas del colectivo LGTBIQ+, para quienes la creación de espacios seguros muchas veces es un elemento central a la hora de relacionarse.
De hecho, con este tipo de plan, no se trata de evitar la intimidad, sino de llegar a ella de forma más gradual, ya que compartir una actividad permite observar afinidades, gustos y dinámicas sin la rigidez de una conversación a saco. En lugar de preguntas directas y expectativas elevadas de base, la interacción se va construyendo de manera más orgánica.
Así, las primeras citas dejan de ser un examen para convertirse en una experiencia compartida. Una forma de conocerse sin guiones preestablecidos y con menos presión por cumplir con una idea concreta de lo que ‘debería’ ser una conexión real. Más que una moda pasajera, los planes trendy parecen reflejar un cambio profundo en la manera de entender el deseo, la intimidad y las relaciones en el mundo actual.




