Como tantas otras joyitas escondidas, se ha estrenado en Filmin sin hacer demasiado ruido. ‘What it feels like for a girl’ es una miniserie británica de ocho episodios de 45 minutos producida por la BBC que, desde antes de su estreno, se ganó el entusiasmo de la crítica (Attitude Awards, South International Series…) . Esta producción funciona como una montaña rusa emocional que nos habla de la caída a los infiernos y la redención de un personaje trans que conquista al televidente desde el primer minuto de metraje.
La serie adapta a la televisión la novela autobiográfica de Paris Lees, periodista y escritora británica que hizo historia al convertirse en la primera mujer trans en firmar una columna para la edición británica de Vogue. Ese libro, titulado igual que la serie (y que la canción de Madonna a la que hace referencia, claro) narra su adolescencia dosmilera en Nottinghamshire, el condado inglés donde Lord Byron pasó parte de su vida.

Byron, precisamente, es el necrónimo de la protagonista de esta historia que acabaría conquistando el mundo llamándose ya Paris. La suya es una historia complicada en la que tienen un papel esencial la precariedad, la marginalidad y la violencia. La adaptación televisiva respeta la crudeza del relato autobiográfico, pero la plasma con una cinematografía de una sensibilidad poco habitual en el retrato generalista de las vivencias trans.
La protagonista es una oveja descarriada que transita el paso de la adolescencia a la juventud en un entorno hostil: una familia desestructurada y de escasos recursos, un contexto profundamente clasista y LGTBIfóbico… y una brillantez académica que, como tantas otras brillanteces académicas queer, quedó sepultada por la violencia sufrida en el entorno escolar.
La serie es perfecta para cualquier amante de las historias de aprendizaje, del ‘coming of age’. Pero, al contrario que lo que suele suceder en este género, aquí no se edulcora nada: Byron no es una heroína, ni un modelo a seguir, ni una perfecta historia de resiliencia. La protagonista es, como lo somos todos, una consecuencia directa de sus circunstancias. Es errática, contradictoria, autodestructiva…y, con mucha facilidad, como tantas veces sucede a esa edad, se deja más llevar por sus pulsiones que por el buen juicio. Byron se equivoca, lo arrasa todo a su paso, hiere incluso a las pocas personas que la apoyan… pero, sin duda, aprende la lección. ¡Y menuda lección!

Más allá de ser el retrato de una vida particular, esta serie es también la de dos elementos que, muy a menudo, son claves en las vidas LGTBI. Por una parte, es un manifiesto de cómo las amistades queer, esa «familia elegida» de la que tanto se escribe, es muy frecuentemente la única balsa a la que muchas personas del colectivo pueden aferrarse en mitad de sus naufragios vitales. Por otra parte, la serie deja un potente mensaje de cómo la educación (que para tantas personas de clase humilde es un ascensor social que les permite una vida más cómoda que la de sus padres) tiene una especial relevancia en la comunidad; y es que, en un mundo en el que durante tanto tiempo hemos sido arrojados a los márgenes contra nuestra voluntad, el ascender académicamente, el conquistar escalafones sociales, es una forma de apoderarse de los espacios que se nos negaron, de alzar las voces que se silenciaron, de dictar las nuevas normas de una sociedad que tanto nos perjudicó.

El tono de ‘What it feels like for a girl’ bebe claramente del cine social independiente británico. En esta serie encontramos viviendas sociales deslavazadas, barrios descuidados escasamente seguros, discotecas ajenas al glamur, ropa barata… Y en ese imaginario no es difícil pensar en Ken Loach, en Mike Leigh o en Stephen Frears.
Además, esta serie es un verdadero caramelito para quienes ya tenemos la edad suficiente como para sufrir la nostalgia dosmilera: los primeros teléfonos móviles, los discos de las All Saints o el surgimiento de la telerrealidad son acontecimientos que se integran (e impulsan) la vida cotidiana de Byron trenzándose con su posadolescencia como se trenzó con la nuestra.

‘What it feels like for a girl’ no es una hagiografía, tampoco es una de esas series LGTBI edulcoradas para que el público generalista pueda conectar con nuestras historias. Es cruda, irreverente y verosímil. Además, son solo ocho episodios, tiene unas interpretaciones sublimes y una banda sonora que es, también, la de la vida de muchos de nosotros. Ver esta serie es reconocer nuestra adolescencia y pensar en las balas que pudimos esquivar… y en las que otras personas recibieron directamente en el corazón.




