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Ramón Martínez, escritor: «Parece ser que las personas heterosexuales no son capaces de universalizar la literatura LGTBI»

Ramón Martínez posa con sus libros, el último: 'Su fulgor puede destruir vuestro mundo'

El doctor en Filología publica un ensayo en el que hace un repaso por la historia de la literatura española para sacar a la luz todo el contenido LGTBI que estaba escrito en cientos de obras pero que la crítica y la censura habían escondido en el armario

Inbox Víctor Rojas

‘Su fulgor puede destruir vuestro mundo’ es el sugerente verso de Luis Cernuda, que advierte sobre qué podría ocurrir si se visibiliza la sexualidad no normativa, elegido por Ramón Martínez para titular su último libro: un ensayo, publicado por la editorial Egales, que rastrea toda la literatura española desde las jarchas del siglo XI hasta las novelas juveniles que se publican en la actualidad para sacar a la luz todo el contenido LGTBI que estaba escrito en cientos de obras pero que la crítica y la censura habían escondido en el armario. El doctor en Filología y profesor de literatura revisita obras como ‘La Celestina’ y autores como Cervantes, además de otros menos conocidos, con este objetivo.

¿En qué momento sentiste la necesidad de escribir este libro, de mirar toda la historia de la literatura española desde una perspectiva LGTBI?

Creo que es una cosa que llevo conmigo desde siempre, casi imposible de recordar. Creo que desde que empecé la carrera en el año 2000, o incluso antes. Siempre me ha gustado muchísimo leer, por eso soy profesor de literatura, y desde adolescente me preguntaba qué libros o textos hablaban de lo que me pasaba, de quién era. Desde los 16 años me di cuenta de que no encontraba lo que quería leer.

Me imagino que no ha sido un trabajo fácil, sobre todo si se han encargado de que no conozcamos esta parte LGTBI. ¿Tuviste que investigar mucho para llegar a lo que plasmas en el libro?

Este libro no se podría haber escrito hace 20 años, cuando yo empecé a investigar, porque faltaba mucho trabajo previo. Si lo hubiera hecho entonces, habría tenido que leerlo todo sin bibliografía ni materiales de referencia. Gracias a la investigación internacional de las dos últimas décadas, he podido culminar el trabajo. Cuando empecé, apenas había quien se dedicara a sacar textos del armario, literalmente. Ahora hay muchos investigadores que han estudiado casos concretos, como ‘El Lazarillo’ o ‘El Quijote’, y lo que yo he hecho ha sido reunir toda esa crítica literaria para reconstruir esa historia prohibida. Hace veinte años, casi nadie en España investigaba estos temas.

En el libro recorres siglos de historia literaria. ¿Hay algún autor o autora que hayas redescubierto con una mirada completamente nueva?

Diría que hay tres perfiles de autores. Primero, los muy conocidos, como García Lorca o Luis Cernuda, cuya sexualidad se reconoce, pero no se valora lo suficiente su influencia en la obra. Después, los olvidados: autores del XVIII o XIX como Mármol o Iglesias, que fueron notas al pie en la historia literaria, pero que tratan la sexualidad de forma interesante y merecen ser reubicados en el canon. Y, finalmente, autores muy conocidos de los que no se ha visibilizado la importancia que le dan a la sexualidad en su obra. Por ejemplo, cuando lees a Cervantes desde una perspectiva LGTBI, te das cuenta de que tiene un compromiso importante con visibilizar otras sexualidades, otras posibilidades del género, pero que la crítica literaria lo ha silenciado hasta la película de Amenábar. 

Hablamos de un vacío narrativo que también podría traducirse como homofobia.

En muchos casos, sí. No porque no hubiera literatura LGTBI, sino porque la crítica la silenció o la ocultó. En ‘La Diana’ de Jorge de Montemayor, por ejemplo, hay una escena lésbica muy evidente, y es del siglo XVI. Sin embargo, la crítica del XIX y XX la escondió. Uno de los críticos más importantes decía incluso que «este tema causa repugnancia al lector». El problema no es tanto que no haya literatura LGTBI en castellano en nuestra historia como que la crítica haya trabajado en contra de que se pueda acceder a esa literatura.

El doctor en Filología Ramón Martínez, durante el pregón del Orgullo de Parla.

Este borrado de las historias LGTBI a lo largo de la literatura española, ¿ha sido deliberado o inconsciente?

Ha habido de todo. Por un lado, está lo que llamo ‘la cultura de la homofobia’: una tradición de intolerancia que asume la heterosexualidad de todo el mundo. Muchos críticos han ignorado el tema por pudor o costumbre, no necesariamente por mala fe. Pero también hubo censura. En la dictadura franquista, algunos libros fueron prohibidos simplemente por tratar estos temas. Hay informes de censura que vetan textos sobre Cernuda por considerarlo «rojo, republicano y uranista», como se decía entonces.

En el libro hablas de obras fundamentales como ‘El Quijote’, ‘El Lazarillo’ o ‘La Celestina’, donde hay presencia homosexual que nunca se enseña.

En ‘El Quijote’ hay escenas que hacen pensar que Cervantes era más liberal de lo que nos han enseñado. En ‘La Celestina’ hay una escena erótica muy evidente entre Celestina y Areúsa. Incluso Lope de Vega, con obras como ‘La boda de dos maridos’, que es casi un ‘Brokeback Mountain’. Hay muchos textos que manejamos habitualmente que tienen dentro cosas que han estado escondidas hasta hace muy poco. 

¿Cómo cambia la lectura de un clásico como Lorca o Cernuda cuando se lee desde una óptica queer?

Cambia por completo. Por ejemplo, todavía hay libros de texto que no mencionan la sexualidad de Lorca, cuando es clave para entender casi toda su obra. Era un hombre con un serio problema para expresar su deseo, y se entendería mejor si se estudiara que luchaba por poder pronunciar quién era él. Lo mismo ocurre con Jacinto Benavente: se sabía en círculos privados que era homosexual, pero no se trata la cuestión. Al saberlo vemos que sí que menciona en algunas obras, y que, además, el tema LGTBI es consustancial de su argumento.

Y como profesor de secundaria, eres consciente de que la vida de los autores heterosexuales sí se estudia. 

En clase hablamos de las mujeres y las amantes de los autores —la Leonor de Machado, todas las mujeres de Lope de Vega, la Teresa de Espronceda…—, pero nunca de los amantes de los escritores o las amantes de las escritoras. Si entendemos la vida sentimental de unos para interpretar su obra, debemos hacer lo mismo con todos. Si no hablamos de quién era el amante de Lorca, se queda colgando la interpretación del texto. Si no mencionamos la realidad que se esconde detrás de los textos, estaremos explicando una lectura torcida de la literatura que no es la real.

En los noventa empieza a surgir una literatura LGTBI más visible en España. ¿Qué cambió en ese momento?

La apertura de librerías como Berkana o editoriales especializadas cambió la forma de acceder a esos textos. Esto implica, incluso, una nueva forma de escribir, lo que antes había que hacer de forma muy sutil, ahora se puede hacer de una manera visible. Y ha provocado una revolución: se puede llegar a considerar que hay una especie de subgénero, la narrativa LGTBI.

La apertura de la librería Berkana supuso un punto de inflexión.

Antes de su apertura, en el año 93, había que buscar toda la literatura de contenido LGTBI en librerías generalistas. Y no todas apostaban por incorporar todos los textos. Había libros de grandes autores como Mendicutti que sí estaban en todas partes, pero otros ni siquiera se publicaban porque apenas se podían vender. No tenían un circuito literario donde moverse. Con Berkana todo cambia porque nace el circuito de la literatura LGTBI. 

Hablando de esa etiqueta, ¿crees que la literatura LGTBI es necesaria o puede ser limitante?

Toda literatura acaba etiquetándose de alguna manera: romántica, histórica, policial… El problema es que la etiqueta LGTBI está connotada de una manera muy especial. Autores como Nando López, por ejemplo, piensan que restringir la visibilidad LGTBI a un tipo de literatura concreta es un problema, porque separa una literatura de otra. Pero, si lo pensamos al revés, la literatura heterosexual también restringe, solo que esa etiqueta no se cuestiona tanto. Lo deseable es que la visibilidad de las sexualidades no normativas aparezca en toda la literatura en general y sin mayor importancia. Aunque mientras esté connotada la sexualidad no normativa de forma negativa, vamos a tener que hacer una estrategia de visibilidad concreta.

¿Y qué pasa con la universalidad de la literatura LGTBI? 

Todos los seres humanos podemos leer literatura general, que siempre suele ser la literatura heterosexual. Y las personas LGTBI leemos literatura heterosexual sin mayor problema. Somos capaces de imaginar que esa literatura, que no habla de nuestra forma de afecto, sí puede tener algo que ver con nuestra forma de amar. En cambio, parece ser que las personas heterosexuales no son capaces de hacer lo mismo, de poder universalizar el tema LGTBI y asumirlo como propio. Lo que debemos pretender es universalizar la experiencia LGTBI como una experiencia en la que cualquier persona pueda verse representada.

Justo en la última edición de la revista SIX en físico hay un tema, escrito por Juan Naranjo, que se titula: ‘La literatura queer vuelve a los armarios’. ¿Lo ves así?

En el epílogo del libro comparé los datos de los títulos que la librería Berkana dio de alta entre 2016 y 2024y los libros generales del sector. Lo lógico sería que representaran alrededor del 10%, como la población LGTBI, pero no llegan ni al 1%. Entre 2017 y 2023 hubo un incremento, coincidiendo con el debate sobre la Ley Trans, pero en 2024 volvió a caer. No podemos olvidar el auge de la extrema derecha y un discurso de intolerancia desaforada que empieza a aparecer por todas partes. Estamos enfrentándonos a una situación difícil. Por eso es tan importante seguir apoyando a las librerías y editoriales que apuestan por esta literatura: porque hablar de literatura LGTBI es también hablar de derechos humanos.

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