Es folclórico Juanra López (Talavera de la Reina, 1973) cuando cuenta ‘off the record’ líos varios a primera hora de la mañana. Ya lo era cuando jugaba de pequeño a besuquear la mejilla del amigo si el nombre de la artista era de su agrado. ¿Carmen Sevilla? Pipazo. ¿Marujita Díaz? Burla. Entonces tenía cinco años y el descontento de quien lo miraba. Por eso, en ‘Yo, folclórica’ (Ediciones Agoeiro), salda su deuda con España. Presenta el libro con Charo Reina este miércoles en El Corte Inglés de Castellana (Madrid), hábitat natural de quien se precie, junto a Antonio Albella antes de comenzar una juerga literaria que recorrerá Sevilla, Gijón, Asturias, la Costa del Sol… Ocultó su fascinación cuando la España de la Transición se volvió moderna con la Movida y despreciaba al género. Y ahora hace de la peineta su estandarte en una oda a 25 primeras figuras y medio centenar de testimonios. Lolita y Carmen Flores, Jaime Chávarri y Pedro Olea, Manuel Vicent y un largo etcétera. Casi nadie se le resiste al periodista para hablar del cante popular. Porque a Juanra, como a la copla, se le celebra. «Soy más folclórico que nunca», comenta.
¿Quiso ser folclórica y cuajó lo más cercano, ser periodista?
Descubrí de pequeño la lectura, el poder de la palabra y que era gay. Necesitaba desarrollarme y estudié lo que no había en Castilla La Mancha. Terminé en la prensa del corazón, aunque prefería la cultura o el tenis. El periodismo te permite ser muy folclórica porque accedes a ellas y eso no lo consigue ni un ingeniero. A través del periodismo ganas menos dinero, pero cumples tus sueños de adolescente.
¿Qué le enseñó el oficio de contar vidas ajenas?
Que todo en esta vida se puede decir con respeto. Un periodista debe tener equilibrio entre la libertad de información y la empatía. El corazón es un género dificilísimo y aprendí a proteger a ciertos famosos de sí mismos. He respetado la vulnerabilidad cuando me han contado lo que no convenía. En el libro, también hay autocensura porque, de poner algunas cosas, hago daño. Isabel Pantoja ya suscita morbo como para añadir más.
Lleva toda la vida hablando de la alta sociedad. ¿Ha hecho amigas?
Carmen Rigalt me dijo que, si alguna vez trabajaba en la prensa del corazón, no me convirtiera en uno de ellos. No se puede ser rehén del personaje. No puedes ser riguroso si tu relación es afectiva. Soy amigo de Adriana Abenia, Rosa Villacastín o Javier de Montini. Lo fui de Jesús Mariñas y Agustín Trialasos, pero no de mis personajes.
El libro aúna las historias de 25 folclóricas y los entresijos de muchos capítulos de su vida con testimonios directos
Ahora narra a 25 señoras de la canción española.
Son 24 y, con Falete, 25. Hay quien se extraña por haberlo incluido, pero él está por encima de géneros. No es una enciclopedia de la copla, sino un cuadro impresionista de artistas que me han gustado porque explican España. Si en Francia se venera a Edith Piaf y, en Italia, a Ornella Vanoni, en este país no podemos mirar con reojo a intérpretes de letras espectaculares y música de altísima calidad sinfónica. En Estados Unidos tienen a Barbra Streisand, pero es que Isabel Pantoja es refugio de mucha gente.
¿Cuándo entiende que lo suyo con las folclóricas roza la identidad?
Renegué en mi adolescencia de la copla no porque no me gustara, sino porque te identificaba como homosexual. Mis armarios de madera maciza están ahí. Me acosaban en el colegio y me inventé una identidad. Me tuvo que gustar Hombres G para ser aceptado por la manada. Pero encontré a mis referentes en Madrid, cuando mis amigos de Talavera salían del armario. El punto máximo de respeto fue cuando murió Lola Flores.
Sólo le despertaban interés las voces femeninas. Por lo que fuera.
Es que me crie en un mundo donde, para la televisión, no existía Miguel de Molina. Bambino y Pepe Lucena tampoco estaban. No me podía sentir identificado con un Manolo Escobar cantando «no me gusta que a los toros te pongas la minifalda». Era muy difícil.

¿Qué tenía la «música de machos» que no la de maricones
Un día vino un señor a pintar la casa y vio un desplegable de Vicky Larraz en lencería. Me dijo: «Qué buena está». Él no se daba cuenta que yo encontraba en esa voluptuosidad el mayor de los empoderamientos que jamás conseguiría en un hombre. Las letras de estos hablaban de conquistar a chicas, pero eran unos machirulos pijos que denostaban a los gais porque la industria penaliza a los homosexuales. Pablo Alborán le cantó al amor hace unos años… Si se hubiera hecho una canción cantando a un hombre, pues se me habrían ido los ojos.
Los suyos iban a las manos de Lola Flores, pero era su placer culpable.
No hay nada más hipnótico que ver las manos de la Faraona retorcerse. Conocí a Lola muerta porque me negué a ir a un concierto que ofreció en Talavera. Era mi fase de negación, qué pena. Nunca es tarde para rendirle pleitesía a tus ídolos.
¿Por eso se puso las gafas negras en su funeral?
La propia Lola se tomaba con humor su entierro. Le dijo a Lauren Postigo que quería que sus mariquitas se acercaran al féretro para que le dijeran lo guapa que estaba. Un amigo y yo pensamos qué haría una folclórica en un entierro. Pues ponerse unas gafas negras, que es el ‘dress code’ más apropiado. A las dos semanas murió su hijo Antonio, mi ‘crush’ de la adolescencia, con esa melena larga azabache. Le tengo cariño a la familia Flores. Que Lolita y Carmen Flores participen en el libro es un sueño.
¿Qué tenían en común su abuela Agustina y Paquita Rico?
Las dos cantaban muy bien, pero yo jamás escuché a mi abuela porque estaba educada para hacer poco ruido. Los códigos morales pesaban como una losa. Es que el machismo es transversal. Esas mujeres han sido referentes porque la mayoría han tenido que superar obstáculos en una España donde los vecinos eran guardianes de la moral.
Cocha Piquer se negaba a eliminar «mancebía» ante los censores y le reclamaban 500 pesetas. ¿Cuántos artistas pagarían hoy una multa por no callarse?
Muy pocos, por no decir ninguno. Los que dicen que no se puede hablar de nada son los que más hablan. Hace unos años apoyar al colectivo LGTBIQA+ sumaba y ahora resta. En Estados Unidos sólo se han manifestado Jane Fonda, Robert De Niro y Javier Bardem por diversas razones. ¿Y qué edad tienen todos ellos?
Comenta Andrés Caparrós que la copla es «pedagogía». ¿Qué se aprende de España?
Lo cotidiano. Jaime Chávarri habla de como la copla era una cosa que escuchaba el servicio, porque se identificaba con las clases bajas. Era pedagógico e instructivo porque esas clases aprendían en tres minutos un vocabulario maravilloso. Además, Marifé de Triana, en ‘Señora Vecina’, le dice a la madre del chiquillo que le gusta que sabe coser y guisar. Ahí se describe cómo era la sociedad. Las coplas son documentos sociológicos. Respeto todos los géneros, pero no hay ni melodías ni letras con tanto talento literario como las de la copla.
¿Necesitó la Movida despreciar algo para sentirse moderna?
La Movida está muy mitificada. No fue un movimiento transcultural, sino muy de un nicho circunscrito a clases altas y que no participaba la clase obrera. Podías participar de la Movida porque llegabas a casa y tenías la nevera llena. Los grandes nombres, a excepción de Pedro Almodóvar, eran niños bien que podían salir a disfrutar y divertirse. Tampoco se creían ellos que estaban participando en nada, se les puso una etiqueta porque necesitamos etiquetar, pero no han transformado tanto la sociedad.
Transforma más su libro, que une a Balenciaga con Antoñita Moreno y a Sadam Hussein con Marián Conde. Para que luego lo traten de populachero.
Antoñita Moreno fue una antropóloga. Cogió el folclore español y lo defendió con trajes regionales como si fueran de alta costura. El último disco de Antoñita Moreno es una musicalización de poemas de Carmen Conde. A lo mejor resulta que estas señoras hicieron más por la cultura que muchos otros. Dignificar los gustos populares, me parece cultura. Si yo me pusiera a leer a Marcel Proust desde que me levanto hasta que me acuesto, me habría tirado por un puente.
¿Es más insoportable un conservador que ama la copla o un progresista que la desprecia?
Cualquiera que desprecie algo que merece respeto es insoportable.
La memoria de Hilario López Millán valía una pasta. ¿Y la suya?
Mi memoria es mi patrimonio. No tiene valor de mercado porque todo se ha abaratado. Sólo hace falta ver la última entrevista de Kiko Rivera hablando de sus exmujeres. Pero mi memoria sí que tiene un gran valor para mí. Todo lo que he leído, he conocido, me han contado… Eso me lo quedo yo.
¿Qué copla le cantamos en su funeral?
‘Torre de Arena’ es mi favorita, pero con ‘Cariño Trianero’ resucito. ‘Ay, pena, penita, pena’ estaría muy bien traída y ‘Soy una feria’ es necesaria para que me la canten mis mariquitas. ‘Dicen’ me gusta mucho y ‘El Clavel’, de Rocío Jurado, no puede faltar. Que suene el ‘Embrujá por tu querer’, de Isabel Pantoja y ‘Mi jaca’, de Estrellita Castro. También, ‘Americanos’, de Lolita Sevilla, que no la he incluido en el libro y ‘Yo soy esa’, pero la de Juanita Reina. Venid con gafas de sol, que sean negras y que me pongan monísimo.
Las 342 páginas de ‘Yo, folclórica’ (Ediciones Agoeiro) ponen de manifiesto a un Juanra López que, como Carmen Sevilla, es flor retardada. Ha reunido a las mujeres que cantaron mientras el país ardía, que sobrevivieron a Franco, a la censura y al desprecio con la misma elegancia con la que otras se ponían un mantón. Sus figuras han sobrevivido a todo y ahora el periodista las presenta en formato libro, que recorrerá, como sus protagonistas, España. Y quién sabe si no el mundo. La copla está de suerte y en los altares de muchos.
«En Estados Unidos tienen a Barbra Streisand, pero es que Isabel Pantoja es refugio de mucha gente»
¿Qué tenían en común su abuela Agustina y Paquita Rico?
Las dos cantaban muy bien, pero yo jamás escuché a mi abuela porque estaba educada para hacer poco ruido. Los códigos morales pesaban como una losa. Es que el machismo es transversal. Esas mujeres han sido referentes porque la mayoría han tenido que superar obstáculos en una España donde los vecinos eran guardianes de la moral.
Cocha Piquer se negaba a eliminar «mancebía» ante los censores y le reclamaban 500 pesetas. ¿Cuántos artistas pagarían hoy una multa por no callarse?
Muy pocos, por no decir ninguno. Los que dicen que no se puede hablar de nada son los que más hablan. Hace unos años apoyar al colectivo LGTBIQA+ sumaba y ahora resta. En Estados Unidos sólo se han manifestado Jane Fonda, Robert De Niro y Javier Bardem por diversas razones. ¿Y qué edad tienen todos ellos?
Comenta Andrés Caparrós que la copla es «pedagogía». ¿Qué se aprende de España?
Lo cotidiano. Jaime Chávarri habla de como la copla era una cosa que escuchaba el servicio, porque se identificaba con las clases bajas. Era pedagógico e instructivo porque esas clases aprendían en tres minutos un vocabulario maravilloso. Además, Marifé de Triana, en ‘Señora Vecina’, le dice a la madre del chiquillo que le gusta que sabe coser y guisar. Ahí se describe cómo era la sociedad. Las coplas son documentos sociológicos. Respeto todos los géneros, pero no hay ni melodías ni letras con tanto talento literario como las de la copla.
¿Necesitó la Movida despreciar algo para sentirse moderna?
La Movida está muy mitificada. No fue un movimiento transcultural, sino muy de un nicho circunscrito a clases altas y que no participaba la clase obrera. Podías participar de la Movida porque llegabas a casa y tenías la nevera llena. Los grandes nombres, a excepción de Pedro Almodóvar, eran niños bien que podían salir a disfrutar y divertirse. Tampoco se creían ellos que estaban participando en nada, se les puso una etiqueta porque necesitamos etiquetar, pero no han transformado tanto la sociedad.
Transforma más su libro, que une a Balenciaga con Antoñita Moreno y a Sadam Hussein con Marián Conde. Para que luego lo traten de populachero.
Antoñita Moreno fue una antropóloga. Cogió el folclore español y lo defendió con trajes regionales como si fueran de alta costura. El último disco de Antoñita Moreno es una musicalización de poemas de Carmen Conde. A lo mejor resulta que estas señoras hicieron más por la cultura que muchos otros. Dignificar los gustos populares, me parece cultura. Si yo me pusiera a leer a Marcel Proust desde que me levanto hasta que me acuesto, me habría tirado por un puente.
«Renegué en mi adolescencia de la copla no porque no me gustara, sino porque te identificaba como homosexual»
¿Es más insoportable un conservador que ama la copla o un progresista que la desprecia?
Cualquiera que desprecie algo que merece respeto es insoportable.
La memoria de Hilario López Millán valía una pasta. ¿Y la suya?
Mi memoria es mi patrimonio. No tiene valor de mercado porque todo se ha abaratado. Sólo hace falta ver la última entrevista de Kiko Rivera hablando de sus exmujeres. Pero mi memoria sí que tiene un gran valor para mí. Todo lo que he leído, he conocido, me han contado… Eso me lo quedo yo.
¿Qué copla le cantamos en su funeral?
‘Torre de Arena’ es mi favorita, pero con ‘Cariño Trianero’ resucito. ‘Ay, pena, penita, pena’ estaría muy bien traída y ‘Soy una feria’ es necesaria para que me la canten mis mariquitas. ‘Dicen’ me gusta mucho y ‘El Clavel’, de Rocío Jurado, no puede faltar. Que suene el ‘Embrujá por tu querer’, de Isabel Pantoja y ‘Mi jaca’, de Estrellita Castro. También, ‘Americanos’, de Lolita Sevilla, que no la he incluido en el libro y ‘Yo soy esa’, pero la de Juanita Reina. Venid con gafas de sol, que sean negras y que me pongan monísimo.
Las 342 páginas de ‘Yo, folclórica’ (Ediciones Agoeiro) ponen de manifiesto a un Juanra López que, como Carmen Sevilla, es flor retardada. Ha reunido a las mujeres que cantaron mientras el país ardía, que sobrevivieron a Franco, a la censura y al desprecio con la misma elegancia con la que otras se ponían un mantón. Sus figuras han sobrevivido a todo y ahora el periodista las presenta en formato libro, que recorrerá, como sus protagonistas, España. Y quién sabe si no el mundo. La copla está de suerte y en los altares de muchos.




