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Catherine Guérard: el misterio de la escritora que se esfumó tras triunfar

Esta escritora francesa escribió bajo seudónimo dos novelas transgresoras y muy respetadas por la crítica, consiguió ser finalista del premio Goncourt y… se alejó para siempre de los focos de la industria editorial. La recuperación de sus obras ha servido para que el mundo redescubra a una autora única

Inbox Víctor Rojas
La escritora Catherine Guérard.
Inbox Víctor Rojas

Su carrera fue tan efímera y deslumbrante como una estrella fugaz. Catherine Guérard ocupa un lugar muy particular en la literatura francesa de la segunda mitad del siglo XX. Autora de una obra escasa pero muy apreciada por la crítica antes de caer por completo en el olvido, sus novelas fueron celebradas por su audacia formal, por mostrar las costuras de la sociedad francesa y por una capacidad narrativa que rehuía las etiquetas.

Pero justo después de conseguir el respaldo que supone ser finalista de un premio como el Goncourt, se retiró de la esfera pública y su nombre fue desapareciendo con rapidez de la conversación literaria hasta caer en el más absoluto olvido. De hecho, cuando en 2021 la pequeña editorial francesa Les Éditions du Chemin de fer le compró los derechos de sus novelas al gigante Gallimard, en la que había sido su editorial nadie sabía si aquella escritora estaba viva o muerta. El contraste entre el impacto de sus novelas y su casi total desaparición envuelve en un halo de leyenda a esta judía de clase alta que llegó, brilló… y se esfumó.

Guérard fue, ante todo, una escritora que no buscó agradar. Sus libros incomodaron tanto por los temas que abordaban como por su propia estructura formal. Y eso fue determinante para fascinar a parte de la crítica. El reconocimiento que recibió por parte de los expertos convivió con el hecho de que su escritura transmitiese cierta sensación de marginalidad. De alguna forma, su obra era demasiado libre como para encajar del todo en el mercado y en la industria.

En 1955 y con seudónimo, Catherine Guérard se dio a conocer como una autora dispuesta a dinamitar las convenciones narrativas y morales de su tiempo. Su primera novela, ‘Príncipes’, se construye como una mirada implacable hacia las relaciones de poder, el deseo y la dicotomía entre deberes y pasiones. En esta novelita de poco más de cien páginas se cuenta una historia de amor que sucede en París en un tiempo indeterminado. Los protagonistas son un joven nihilista y algo perdido en la vida y un general, algo mayor que él, muy formal y sensato. Se conocen en una cena y, aunque uno trata de resistirse al otro, muy pronto se enamoran perdidamente y tienen una relación preciosa llena de noches de pasión, viajes y confidencias. Hasta que llega una guerra y las cosas se complican, claro.

Pero lo más transgresor de ‘Príncipes’ no es únicamente su tema, también lo es su tono. Guérard evita el dramatismo habitual que la literatura de esa época (y de épocas posteriores) otorga a las relaciones homosexuales. En el relato de este idilio, los protagonistas no sufren por su propia naturaleza… sino, como cualquier otra pareja, por el amor que los une. La homosexualidad de ambos no es una condena ni un castigo; ni siquiera una vergüenza. Es, simple y llanamente, una circunstancia más. Las dificultades a las que ambos se enfrentan tienen más que ver con la situación del mundo que con su condición. Y esta faceta trágica casi nunca eclipsa la belleza de un enamoramiento que florece en las páginas a la vez que en el corazón del público lector.

Portada de ‘Príncipes’.

Si ‘Príncipes’ presentó a Guérard como una voz indómita, ‘Renata sin más’ consolidó su lugar en el panorama literario francés y amplió su público. Su segunda novela, publicada en 1967, retomó algunas de las obsesiones de la autora (la identidad, el deseo, la marginalidad…), pero en esa ocasión su prosa contenida sirvió para desplegar una crítica feroz a los roles impuestos, especialmente a los que constreñían la vida de las mujeres. Y lo hizo, además, con una fuerte perspectiva de clase.

Renata, una empleada de hogar que se marcha de la casa en la que servía porque quiere ser dueña de su tiempo, no respondía a los modelos habituales de las mujeres de la literatura de la época. No buscaba redención ni merecía castigo; simplemente existía… y lo hacía con una libertad que desconcertaba a quienes la rodean. Como unos años antes hizo con aquella historia de amor homosexual, Guérard parecía decir con su segunda novela que la experiencia individual no necesita ser ejemplar ni pedagógica para resultar literariamente valiosa.

El impacto de ‘Renata sin más’ fue notable. La obra obtuvo un importante éxito de crítica y lectores, y llegó a ser finalista del premio Goncourt, el galardón más importante de la literatura francesa. Esa nominación convirtió a Guérard en un personaje relevante dentro del mundillo literario; paradójicamente, ese momento de gloria supondría también el inicio de su retirada de la vida pública.

Tras el éxito de ‘Renata sin más’, la figura de Catherine Guérard se volvió cada vez más esquiva. Se sabe que continuó escribiendo de manera intermitente (de hecho, en 1971 llegó a publicar una tercera novela con otro seudónimo distinto), que se dedicó durante algunas etapas al periodismo cultural y que mantuvo ciertos vínculos con la industria literaria, pero su nombre se fue olvidando y ella acabó viviendo en el anonimato.

Portada de ‘Renata sin más’.

Este silencio que duró décadas ha dado lugar a múltiples interpretaciones. Para algunos, se trató de una elección consciente: una negativa a someterse a las exigencias del mercado y a la exposición constante. Para otros, fue la consecuencia que tuvo que pagar por no entrar en la rueda de la producción continua y de la exposición pública constante.
De su juventud sabemos poco: que tuvo un romance con François Mitterrand (al que nunca llegó a olvidar del todo) antes de que él se convirtiese en presidente; que también salió con el escritor Paul Guimard…; y poco más. Sabemos que murió en 2010 a los ochenta años. Pero de lo que vivió en las décadas que vivió alejada de los focos no sabemos casi nada. De alguna forma es como si su desaparición de la esfera pública hubiese supuesto su desaparición del mundo.

Pero, como en tantos otros casos de recuperación de voces condenadas al olvido, las editoriales independientes hicieron una labor excepcional al posibilitar que el mundo volviese a enamorarse de la obra de esta autora inclasificable. Con unos criterios que suelen centrarse más en el amor por la literatura que en el posible pelotazo empresarial, son muchas las editoriales independientes que han resucitado voces que se habían apagado aunque en su época resonasen con ecos cristalinos. En 2021 y 2022, la editorial independiente Les éditions du Chemin de fer consideró que esas décadas de silencio ya habían sido demasiado largas y volvió a dar vida a las dos novelas. Y ha sido Tránsito, otra editorial independiente (pequeñita pero con un catálogo apabullante), la que, con la magnífica traducción de Regina López Muñoz, ha apostado por sacar a la venta en nuestro país ambas novelas, que ya se pueden encontrar en todas las librerías.

La recuperación de la obra de Catherine Guérard es un acontecimiento, pero también un recordatorio que nos hace reflexionar sobre qué sería de nuestro panorama literario sin el arrojo de las editoriales independientes. Además, este asunto nos hace plantearnos cuántas otras interesantísimas voces han quedado sepultadas por el implacable y caprichoso paso del tiempo.

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