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Día de la Visibilidad Trans

Supervivencia vs. reivindicación: por qué muchas personas trans dudan a la hora de visibilizarse

Ilustración: Fernando Hernández

Vivir la identidad propia con libertad y sin miedo mejora la calidad de vida, pero no todas las personas trans deciden ser visibles ni aquellas visibles lo son en todos los espacios

Día de la Visibilidad Trans Benjamín Santiago Montiel

La visibilidad trans se reivindica y se celebra. Especialmente teniendo en cuenta que poder vivir la identidad propia con libertad y sin miedo mejora la calidad de vida. Sin embargo, no todas las personas trans deciden ser visibles ni aquellas visibles lo son en todos los espacios. ¿Por qué ocurre esto?

Quizá lo primero que se puede pensar es que quien es invisible siente vergüenza. Que aquellas personas trans que ocultan su identidad no se sienten cómodas con ella o, incluso, hay quien piensa que buscan engañar a su interlocutor.

Para entender a aquellas personas trans que ocultan su identidad, lo primero es conocer las consecuencias de la visibilidad. Porque existir pública y abiertamente fuera de las normas de género tiene repercusiones. Es cierto que suele hacerse hincapié en los beneficios de esta visibilidad: ser visible en un espacio seguro aumenta el bienestar para las personas trans. Además, que cada vez exista más repercusión del colectivo en el espacio público beneficia la inclusión y permite que, poco a poco, se ocupen espacios que antes eran restringidos a las personas trans.

La cara B de la visibilidad

Además de las consecuencias positivas, están las negativas. Y esas son las que fomentan que muchas personas trans elijan no ser visibles, o solo serlo en sitios muy concretos.

El estudio ‘Transgender realities: the relationship between transgender visibility, race and victimization’, de Tessmer y Worthen, publicado en 2025, apunta a algunas de esas consecuencias. En la investigación se descubrió que aquellas personas trans, especialmente mujeres, que son visibles (o percibidas como tal) sufren mayores niveles de acoso verbal, agresiones físicas y sexuales que aquellas que no se consideran visibles. Como dicen las autoras: «cuando a una persona se la reconoce como trans con más frecuencia, es más susceptible al acoso verbal, a agresiones físicas y sexuales». En el estudio, cuando se habla de visibilidad, esta no es siempre escogida. Una persona puede ser percibida como trans (a veces incluso sin serlo) dependiendo del ‘passing’ que tenga. Es decir, su capacidad de pasar desapercibide.

Esta visibilidad no solo influye en esa posibilidad de sufrir agresiones: también en la seguridad que une siente. Otro estudio, ‘The role of (in)visibility in hate crime targeting transgender people’, apunta a que las personas trans perciben una mayor sensación de riesgo de ser víctimas de agresiones cuando son visibles. Es decir, no solo sufren los ataques: también experimentan una sensación de inseguridad, miedo ante posibles «represalias» de esa visibilidad.

De hecho, en el último informe del Monitoreo de Asesinatos Trans, realizado por Transgender Europe, se observa una tendencia preocupante. Un aumento en asesinatos a activistas y líderes de movimientos trans, conformando el 14% de los asesinatos a personas trans en 2025. Es decir: ser una cara visible que reivindica por el colectivo puede tener consecuencias fatales.

Pero, ¿por qué ocurre esto?

Cuando una persona no encaja dentro de las normas de género, pasa a estar en el punto de mira. Este fenómeno fue llamado por Doan como «tiranía de género», que se da cuando las personas desafían las normas que se esperan de cada género. Aunque no solo ocurre en personas trans, es el grupo en el que el desafío es más evidente. Esto deriva en hostilidad y agresiones de todo tipo. El estigma y la discriminación en personas trans acentúan estos fenómenos.

Incluso dentro del propio colectivo, no todas las personas experimentan los mismos niveles de violencia. Ser una mujer trans, pertenecer a otras minorías o tener una apariencia más alejada de la norma suele acentuar todo esto.

Discriminación en bucle

La visibilidad no siempre es la misma, y no ser visible también tiene consecuencias. Según el estudio Transaludes, realizado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, tan solo el 9,5% de las personas trans es visible en todas las esferas de la vida. Apuntan a que el miedo a visibilizarse es todavía una barrera muy destacada.

Este miedo se expande a todos los aspectos: barreras a la hora de acudir al sistema sanitario por miedo al rechazo, evitar los seguimientos médicos de tratamientos en curso por experiencias negativas o incluso dejar de utilizar determinados servicios públicos (baños, instalaciones deportivas o incluso transporte público). De hecho, el 48,4% de las personas participantes en este estudio indicaban no haberse atrevido a decir abiertamente que eran personas trans y/o no binarias. Un dato alarmante.

Cuando se habla de visibilidad trans, suele pensarse que una persona, al ser visible en un ámbito de su vida, lo es en el resto. Como indican los datos, la amplia mayoría de personas trans solo son visibles en ciertos aspectos. Habitualmente, en aquellos lugares donde se sienten seguras, donde su integridad no corre peligro.

En ámbitos como el laboral, muchas personas trans ocultan su identidad de género, como apunta el ‘Estudio exploratorio sobre la inserción sociolaboral de las personas trans’, realizado por la Dirección General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI del Ministerio de Igualdad en 2022. Algunas incluso esperan a jubilarse para hacer la transición, por miedo a perder su empleo. Otras, que sí han hecho su transición, tienen miedo a ser rechazadas, despedidas, o sufrir discriminación en general.

Ser invisible es la solución que encuentran muchas personas trans para evitar la discriminación, pero también acaba teniendo consecuencias en el bienestar. Por un lado, muchas personas que hacen visible su identidad sienten empoderamiento, sienten que aportan a la aceptación social del colectivo y también pueden acceder a recursos específicos enfocados hacia las personas trans. Por otro, no ser visible acarrea el miedo recurrente a que alguna persona ‘lo descubra’ o la sensación de tener que evitar a toda costa que se desvele la identidad trans. Generando así una ansiedad constante.

La visibilidad se paga cara

Cuando la visibilidad puede costarte una agresión, la pérdida de empleo o el rechazo del entorno, ¿cómo puede exigirse esta? A menudo se criminaliza a las personas trans que eligen no visibilizar que lo son, pero ¿se puede criticar la supervivencia? Seguramente muchas de esas personas sí compartirían que lo son si el espacio en que se encuentran fuera seguro. Cabe preguntarse si el espacio que ocupan es seguro y cómo es posible conseguir que el mayor número de entornos posibles lo sea, y que así cada persona sienta la libertad para compartirlo si así lo desea.

Hay personas trans que consideran que serlo forma parte de su vida privada y por eso no quieren compartirlo. También es válido. O que deciden mantener ese anonimato por otros motivos: no querer un trato diferenciado, evitar dar explicaciones innecesarias o simplemente una elección personal más. Sin embargo, en muchos casos, se repite la misma pregunta: ¿no quieren compartirlo o no quieren sufrir las posibles consecuencias?

La visibilidad es necesaria. Relegar a las personas trans a la invisibilidad, al anonimato, es ‘meterlas’ de nuevo en el armario, abrir la puerta a recortar sus derechos. Pero hay una responsabilidad colectiva y no solo individual en esto. Todas las personas, especialmente aquellas que no sean trans, deben velar porque los espacios que ocupan sean seguros para las personas trans, no ser cómplices de ningún tipo de violencia hacia el colectivo y entender a quienes deciden no ser visibles.

Porque, en muchos casos, no es más que supervivencia.

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