A Benita no le hace falta un apellido para que la conozcan. Es como Rosalía, como Lola, como Rocío, como Carmen. Dicen su nombre y sabes a quién se refieren. No obstante, ella sí quiso ponerse uno para sus cuentas de redes sociales: ‘Imparable’. Y es que así es ella. A sus 61 años decidió ser quien quería ser porque, como siempre defiende, «nunca es tarde». «No me da miedo morirme, lo que me da miedo es no vivir como Benita», dice en la promo de su documental, que esta noche se estrena en La 2 a partir de las 22.20 horas.
E imparable también es en redes sociales donde no duda en defender con uñas y dientes al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Tanto que muchos la han han bautizado como la musa del PSOE. «Sí, me lo dicen. Y oye, no me viene mal ese puesto. No pagan, pero bueno… Estoy muy de acuerdo con muchas cosas y en redes soy muy activa», comenta.
Lo más gracioso, sin embargo, es que a pesar de ser una admiradora de Sánchez, un día confundió a su mujer, Begoña Gómez, con una reconocida actriz. «Estaba en un mitin y vino Begoña a saludarnos a Santi (Rivero) y a mí. Y, entonces, Santi me pregunta: ‘¿Sabes quién es?’ ‘¡Claro! ¡Raquel Meroño!’. No tenía ni puta idea de quién era», recuerda entre risas. «Han sido siempre muy amables conmigo», añade.
¿Has podido o querido ver el documental?
No lo he visto porque confío mucho en la productora. Me han enviado avances, piezas de un minuto, y al verlos pensé: ‘Sí, soy yo’. No veía otra cosa. Además, me da mucho pudor verme en programas. Lo disimulo bien, parece que estoy encantada, pero no es así. Necesito sentirme segura, y para eso dependo mucho de la mirada y la aprobación de Toni. Soy bastante insegura. Si hubiera visto el documental antes, probablemente no habría venido, porque me habría fijado en todo lo que creo que está mal: cómo hablo, cómo me veo… Prefiero no verlo. Pero vivirlo, eso sí lo he vivido.
¿Te pusiste algún límite en el documental?
No, fui muy sincera. Al principio, el proyecto se lo presentaron a otra cadena y yo tenía pensado contar mi vida hasta cierto punto, hasta la operación de pecho y ya está. Pero cuando empezamos a hablar con Televisión Española, me quedé tranquila. Sabía que no iban a hacer una ‘carnicería’. Se iba a mostrar la operación, el quirófano, sí; pero lo importante no era lo explícito. Lo importante era lo emocional: cómo me despido, cómo me ponen una pulsera de San Judas y me dicen: ‘Júrame que no te vas a morir’. Esa es la parte relevante. No se trata de enseñar detalles médicos de forma cruda, sino de contar lo que hay detrás. A partir de ahí, decidí no poner límites.

¿Y con cosas familiares?
Pues, mira, tengo 61 años cuando lo he hecho. ¡Que digo yo que me voy a quedar ya siempre en 61! Pero tampoco tuve que dar muchas explicaciones. A estas alturas… Además, mi familia siempre ha sido muy natural con todo. Mi sobrina y su hijo han hablado en el documental, contando que yo siempre fui así desde pequeña. Nunca he tenido problemas en ese sentido. Mi madre ha conocido a mis novios. Recuerdo que cuando le hablé a mi madre de mi primer novio, le dije: ‘Vengo con un amigo’. Y me respondió: ‘Ponle un café, que te he parido yo, ya sé lo que me vas a contar’. Esa fue su reacción. Siempre hubo naturalidad, así que ese problema no lo he tenido.
Muchos dicen que eres la musa del PSOE…
Sí, me lo dicen. Y oye, no me viene mal ese puesto. No pagan, pero bueno… También soy la número uno del ‘retuit’. Soy aficionada máxima, me encanta. Estoy muy de acuerdo con muchas cosas y en redes soy muy activa. En Twitter, por ejemplo, me transformo. Empiezo a leer, me caliento y termino diciendo todo lo que me da la gana.
¿Le dedicas muchas horas a las redes?
A todas. Estoy en todo. El móvil lo llevo siempre encima, en la mano casi todo el tiempo. Tanto que a veces no lo encuentro y me dices: ‘Lo llevas en la mano’. Es una herramienta constante: hablas conmigo y en segundos ya hay contenido.
¿Estás preparada para los haters?
Sí. Ya los tengo, pero no me afectan. Incluso a veces me divierten. Dicen que ayudan al algoritmo, así que, cuando me aburro, hasta les contesto. Hay comentarios que te hacen pensar: ‘Perdona, Manolo. ¿Manolo? Manolo, mírate un poquito, anda’. Pero si no respondo, ya lo hace la gente que me sigue. A mí me da igual. Lo único que me importa es la opinión de las personas cercanas.

¿Te preocupa que ese odio traspase la pantalla como ha pasado con Sarah Santaolalla?
No. Es como vivir con miedo a que te atraquen: no puedes vivir así. Evidentemente tomas precauciones, como todo el mundo, pero no he recibido amenazas ni he vivido situaciones graves. Los perfiles que insultan suelen ser falsos o con muy poca actividad. En la vida real, mi experiencia ha sido completamente distinta.
¿Has vivido situaciones de lgtbifobia en tu vida?
Nunca. Mi vida ha sido bastante fácil en ese sentido. No sufrí acoso en el colegio ni después. Siempre he tenido un entorno muy natural. Soy muy feminista, en gran parte por lo que he visto en mi entorno familiar. ¿Hace falta que me peguen a mí para ir a defender una causa? No. La puedo defender también. Si no, nos tendrían que pegar a todas para defender algo.

¿Cómo te sientes con el hecho de que TVE te dedique una noche?
Me parece algo muy especial. Adoro a José Pablo -el presidente de RTVE-. Es una persona muy inteligente y trabajadora. Muy luchador. Se ha portado muy bien conmigo. Creo que es una apuesta importante por parte de Televisión Española, no solo por mí, sino por lo que representa. Yo simplemente he contado mi transición, no he salvado a nadie. Pero el gesto es precioso. Estoy feliz y emocionada.
Uno de los momentos más emocionantes del documental es cuando te enfrentas al espejo. ¿Cómo te ves ahora?
Fue duro. Muy duro. Porque cambias, pero no ves inmediatamente lo que quieres ver. No es algo que ocurra de un día para otro. Había momentos en los que sentía que la persona del espejo me cuestionaba: ‘¿Qué quieres ver ahora? ¿Por qué no lo viste antes?’. Fue un proceso corto, pero intenso. Ahora es diferente. Cada día me veo mejor.




