Puede que hayas oído el término demisexual en redes sociales o en conversaciones sobre diversidad sexual y no tengas claro qué significa exactamente. Incluso, puede que te sientas identificado con la definición sin saber que existía una palabra para describirlo. La demisexualidad forma parte del espectro asexual y tiene que ver con la manera en que se experimenta —o no— la atracción sexual.
Para situarnos, debemos entender que hablamos de un espectro: en un extremo están las personas alosexuales, que sienten atracción sexual de forma habitual, incluso hacia desconocidos o tras una primera impresión, y n el otro extremo están las personas asexuales, que no experimentan atracción sexual. Entre medias, hay muchas vivencias distintas, y ahí es donde se encuentra la demisexualidad.
La clave para comprenderla está en diferenciar dos tipos de atracción. La atracción sexual primaria es la que aparece de forma inmediata: ves a alguien y te atrae físicamente sin necesidad de conocerle. La atracción sexual secundaria, en cambio, surge después de crear un vínculo emocional, de compartir conversaciones, experiencias o intimidad. Las personas demisexuales no suelen experimentar atracción primaria, pero sí la secundaria. Es decir, no sienten deseo sexual por alguien solo por su aspecto o por un flechazo inicial. Sin embargo, sí pueden sentir atracción sexual cuando existe una conexión emocional profunda.
Esto no significa ser «más selectivo», «más romántico» o simplemente «ir despacio». Tampoco implica falta de libido ni incapacidad para disfrutar del sexo. La diferencia está en el detonante del deseo: sin vínculo emocional previo, la atracción sexual no aparece. Y, por supuesto, la demisexualidad es independiente de la orientación: una persona demisexual puede ser hetero, gay o bi.




