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Pedro Béjar, diseñador: «No me molesta que un hombre lleve un vestido mío; la cultura flamenca abraza mucho el travestismo»

El creador huye cada vez más de la pasarela para centrarse en sus clientas, pero no todas pueden tener un vestido suyo

Inbox Iván Gelibter
Pedro Béjar y The Countess, que luce un vestido del diseñador. Manuel Conejero
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Hace más de diez años que Pedro Béjar llegó al mundo de la moda flamenca para revolucionarlo. Ganó el premio revelación en la pasarela SIMOF, y luego asentó un estilo único que desarrolla desde su taller del centro de Sevilla; un lugar en el que es un militante involuntario de aquello de una gran firma dentro de una empresa pequeña. Béjar, nacido en Hinojos hace 35 años, huye cada vez más de la pasarela para centrarse en sus clientas. Pero no todas pueden tener un vestido suyo. Con un traje de Pedro Béjar te miran por la calle, porque —y esto él jamás lo diría— quizá no exista una cosa igual en España. Por eso las travestis también le adoran, porque la moda flamenca son los trajes regionales que más evolucionan. Y él está sentado en uno de los tronos de esta industria.

Para alguien profano en la moda existe el mito de que lo que se hace para pasarela es muy complicado luego para el uso de una clienta en la calle. No sé si eso es algo que se aplica a tu firma.

El grueso de la moda flamenca evidentemente no son firmas como la mía, que a la hora de una pasarela tenemos más visibilidad. Al final, es un traje que está en constante evolución, y esa evolución se lleva a cabo porque hay diseñadores y firmas que apostamos por cosas muy diferentes. Luego están las firmas más clásicas, que cambian colores o detalles, pero tienen una evolución menos arriesgada. Eso también es una identidad. Yo prácticamente hago lo mismo que hacía cuando empecé. Lo que pasa es que el grueso de la venta de moda flamenca va por otros derroteros. En mi caso, lo que hago son trajes exclusivos que no están al alcance de todo el mundo porque no todos los años pueden o quieren gastar ese dinero. Hay personas a las que les gusta vestirse de manera sencilla, sin arriesgar. La moda flamenca abarca tanto que hay para todos los públicos. Pero cuando vas a una feria no todo lo que ves son trajes de pasarela.

¿Qué tiene de diferencial la moda flamenca con respecto a otros campos del diseño de moda? ¿Qué aporta?

La moda flamenca puede seguir un poco el mismo ritual que el vestido de novia, pero se repite cada año. Eso ya la hace especial. Evidentemente, cualquier traje regional es especial, pero el traje de flamenca es el traje regional que se reconoce del país. Es el único traje regional que evoluciona, aunque últimamente también se está viendo algo de evolución en los trajes de chulapa.

¿Son las clientas las que indican lo que quieren o sois vosotros, los diseñadores, quienes vais marcando la tendencia cada año?

La tendencia evoluciona. Cuando yo empecé, en los trajes de flamenca de diseñador —los que suelen verse en pasarela— la tendencia iba por los estampados, los colores apagados y el tul en los rellenos de los volantes. Hubo una serie de diseñadores que apostamos por los 70 y los 80. Al principio costó mucho. Recuerdo que a algunos compañeros, incluso a mí, nos insultaban y se reían de nosotros en redes sociales. Llegué a escuchar que aquello eran trajes para payasos. Actualmente, después de diez años, se sigue esa línea que empezamos a marcar algunos diseñadores en aquella época.

Rocío Domínguez luce un diseño de Pedro Béjar. Manuel Conejero

¿Cómo se reconoce un traje de flamenca de Pedro Béjar?

Normalmente por los volantes. Son volantes con bastante cuerpo, volantes rígidos, y por el relleno que aquí se llama popularmente «tipo clavel», porque parecen claveles gigantes. Esa es la principal seña.

No sé si es correcto preguntarte cuánto cuesta un vestido, pero me cuestiono hasta qué punto alguien puede estrenar cada año en la Feria de Sevilla un traje tuyo. Entiendo que hay que ser una persona con mucho interés y que quiera invertir una gran parte del presupuesto de la feria en esto.

Aquí el traje de flamenca es algo cultural. Hay gente que estrena todos los años, gente que estrena cuando puede y gente que estrena cada dos años. Hay un abanico muy amplio de precios. La chica que viene a que yo le haga un traje también busca que la miren, sentirse única, no pasar desapercibida. Actualmente la línea va un poco por lo contrario: todo el mundo va muy parecido, muy igual. Hay algo muy homogéneo en cuanto a grupos. Mi clienta no quiere ir a la feria y ser una más; quiere sentirse única.

Tú tuviste un primer reconocimiento dentro de la industria cuando ganaste el premio a artista revelación en SIMOF. ¿Te has alejado un poco del desfile para estar más cerca de las clientas? ¿Es compatible hacer las dos cosas?

Claro que es compatible. Yo llevo desde 2015 presentando colección y trabajando con mis clientas, porque al final una cosa se hace también para la venta. Sí es verdad que actualmente tengo un buen posicionamiento dentro de la moda flamenca y me apetece un poco de tranquilidad en cuanto a presentar colección. Entiendo la pasarela como una herramienta de posicionamiento, y ahora mismo tengo una cartera bastante grande. Tenía prácticamente la agenda cerrada desde el año pasado para este año, y no me merecía la pena preparar una colección cuando ese tiempo podía dedicarlo, entre otras cosas, a preparar con calma y disfrutar los trajes de mis clientas.

En el mundo de la moda todo parece muy bonito: una pasarela, cosas espectaculares… Pero luego entiendo que a nivel empresarial, a pesar del reconocimiento, de los seguidores en redes y de tener la agenda llena, sigue siendo complicado mantener una empresa como esta.

En la moda flamenca pasa mucho una cosa: somos muchas empresas pequeñas que nos hacemos grandes firmas. Por eso nos vemos un poco obligados a hacer colecciones, porque también parece que si no presentas colección no existes. He llegado a un punto en el que me he preguntado qué me merece más la pena: si una estabilidad personal y profesional, o estar presente todos los años en las pasarelas de moda. Al final es una inversión que me ahorro. Es verdad que pierdes posicionamiento, pero no estar pendiente de redes sociales un tiempo, a nivel psicológico, se agradece.

«El influencer no suele valorar el trabajo. Algunos me han traído vestidos manchados después de ir a hacerse una foto»

Has vestido a gente más o menos famosa y últimamente noto que a muchos diseñadores os da pereza todo lo que tiene que ver con ceder un vestido a esta persona y que suba una foto a redes. ¿Tú también estás en ese punto?

Depende mucho. He colaborado, evidentemente, como lo ha hecho todo el mundo, pero a día de hoy no me merece la pena. Además, he tenido malas experiencias. Normalmente el influencer no valora el trabajo. He tenido algunos que me han traído vestidos manchados cuando se habían ido simplemente a hacerse una foto. Por regla general le da igual lo que lleve puesto: quiere la foto para salir o para crear contenido.

¿Qué dos mujeres, una de España y otra de fuera, te gustaría que llevaran un vestido de Pedro Béjar?

Las nacionales que me gustaría vestir ya las he vestido. Me falta mi Terremoto, que no hay manera de cuadrarnos. Hay amistad, pero no se ha dado la ocasión.

¿Y alguna estrella internacional?

Miss Fame. Me encantaría, sería mi sueño vestirla.

La artista drag Le Cocó con un traje del diseñador Pedro Béjar. Manuel Conejero

Eres muy fan a nivel personal del universo RuPaul’s Drag Race y has vestido a varias reinas españolas. ¿Es un ámbito en el que quieres seguir desarrollándote o ya has hecho lo que tenías que hacer?

En el tema Drag Race trabajé en un momento en el que tenía poco trabajo, durante el confinamiento y demás. Tengo tan buenas experiencias como malas. Al final, como hablábamos antes, muchos artistas e influencers buscan que se les haga una rebaja, que por ir a un concurso se les regale, se les preste o se les haga algo. Y cuando hablamos de préstamos, no quieren lo que tienes hecho, sino que necesitan algo para una fantasía que tienen que presentar en el concurso. La primera con la que comencé a trabajar para el formato de Drag Race en España fue The Macarena. También tras esa temporada conocí a Inti, con la que realizamos uno de los contenidos de imágenes que más me han gustado hasta el momento, junto a Manuel Conejero.

¿Cuándo vas a hacer algo para hombre?

No tengo pensado hacer moda para hombre. No es mi trabajo. Creo que a veces es complicado de entender porque tenemos la visión de que el diseñador tiene que hacer de todo. Estamos acostumbrados a que todo el mundo tenga que hacer todo.

En este momento en el que se habla tanto de la ausencia de género en la ropa, hemos visto hombres con trajes de flamenca. ¿Te ves vistiendo a hombres con tus trajes?

Hay personas que ya lo hacen. Carvento se ha puesto trajes de flamenca míos, me ha comprado trajes. Al final la cultura flamenca también abraza mucho el travestismo. No me molesta, al revés. ¿Cómo me va a molestar que un hombre se ponga un traje? Es verdad que dentro de la moda flamenca impera mucho el purismo, pero también estamos nosotros para decir que la moda flamenca evoluciona precisamente gracias a no ser purista.

Hemos visto chicas con bodies de volantes en la feria, trajes de flamenca tipo roquera… Si investigas en el mundo de la flamenca, te encuentras muchísimas variantes y estilos. Si hay un traje regional que no solo evoluciona, sino que se transforma y se adapta a distintas identidades, es el de flamenca.

Creo que este año tienes algún proyecto especial. ¿Estás haciendo trajes para algo en concreto?

Sí. Este año estoy trabajando muchísimo para las fiestas populares del Condado de Huelva. Cada vez que pongo alguna foto genera tanta admiración como desconcierto. De repente ves a una chica con una bata de cola, una mantilla, una corona, una bata de cola exagerada, andando por la calle con una banda de música detrás, un cortejo de damas, montando a caballo con una bandera… Es algo muy arraigado en muchos lugares de Andalucía. No es algo extendido por toda Andalucía, pero sí en el Condado de Huelva, en algunos pueblos de Sevilla, Córdoba y Jaén.

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