‘Yo siempre a veces’ es una serie española de 2026 producida por Movistar Plus+ en colaboración con Los Javis a través de Suma Content, y creada por Marta Bassols y Marta Loza. Mezcla comedia y drama en episodios de unos 30 minutos y está formada por una primera temporada de seis capítulos.
En un panorama audiovisual cada vez más saturado de relatos edulcorados sobre la maternidad, ‘Yo siempre a veces’ irrumpe como una propuesta honesta, incómoda y profundamente generacional. La serie española, producida por Movistar Plus+ y Los Javis, se adentra en la vida de Laura, una joven que afronta la maternidad en solitario tras una relación marcada por la intensidad emocional, el caos y la dependencia. Lo que podría haber sido un drama más sobre madres coraje se convierte, sin embargo, en un retrato crudo y lleno de matices sobre lo que significa criar —y sobrevivir— en la precariedad contemporánea.
La historia sigue a Laura, una joven que se queda embarazada tras una relación intensa y caótica marcada por el amor impulsivo y el consumo de drogas. Tras el nacimiento de su hijo, la pareja se rompe y ella se enfrenta sola a la maternidad.
¿Pero qué significa realmente cuidar cuando apenas puedes sostenerte a ti misma?
Pero no esta sola. Todo un batallón de amigues queer del underground barcelonés se ofrecen a co-criar a esa pequeña critatura, todo es verdaderamente idílico hasta que llega la primera fiesta. De lo que hablaremos un poco mas adelante.
Lejos de los estereotipos tradicionales, Laura no es ni una heroína ni una figura negligente. Es, ante todo, contradictoria. Ama a su hijo, pero también se siente desbordada. Intenta sostener una vida estable, pero arrastra dinámicas emocionales que la devuelven constantemente a un pasado del que no termina de desprenderse. En ese equilibrio inestable se construye el núcleo de la serie: una maternidad realista, imperfecta y, por momentos, incómoda de mirar.
En palabras de su creadora Marta Bassols, «la serie se llama ‘Yo siempre a veces’ porque no creemos en la posibilidad de definirnos, nuestra protagonista, pero tambien nosotras, abrazamos las contradicciones por encima de todas las cosas y con lo unico con lo que nos podemos casar es con que todo lo que decimos que ahora somos en cualquier momento puede cambiar».
Y sigue: «Por ejemplo yo siempre no bebo porque estoy amamantando pero me voy a beber una cerveza y luego otra, o yo siempre me enrollo con gente maravillosa pero me enamoro de este cafre, que la única certeza que podemos abrazar es la impermanencia».
Que me permito como autora describir esta palabra: concepto filosófico y budista de que todos los fenómenos condicionados —físicos y mentales— están en constante cambio y no duran para siempre.
Como anécdota Marta tambien me cuenta que era una expresión que utilizaba el cocinero cubano de la focacceria que trabajaba en Berlín, ‘yo siempre a veces’, lo que para mi demuestra que no existe la vida sin la creación ni la creación sin vida.
Uno de los grandes aciertos de Yo siempre a veces es su capacidad para conectar la experiencia individual con un contexto social más amplio. La serie no solo habla de una madre joven, sino de toda una generación atravesada por la precariedad laboral, la incertidumbre económica y la dificultad de proyectar un futuro. En este sentido, la maternidad no aparece como un destino idealizado, sino como una experiencia atravesada por las condiciones materiales: trabajar, cuidar, sostener vínculos y, al mismo tiempo, intentar no desaparecer en el proceso.
El relato también pone el foco en las relaciones afectivas, especialmente en aquellas que, lejos de ser un refugio, se convierten en una fuente constante de conflicto. La figura del padre del hijo de Laura, presente de manera intermitente, introduce una tensión constante que refleja las complejidades de los vínculos contemporáneos: amor, dependencia, rechazo y necesidad conviven sin resolverse del todo. La serie evita juicios morales y opta por mostrar, con una honestidad casi incómoda, cómo estas relaciones pueden ser a la vez sostén y herida.
Y aqui es donde viene la enjundia. Prácticamente todos los personajes secundarios, ergo, los amigues de la protagonista son del colectivo.
Marta, su creadora y una de las actrices de la serie es la compañera de piso hetero y responsable dentro del piso no normativo: «Nos gusta creer que todos estamos viviendo en lo queer, que no somos si no que estamos siendo».
Con grandes nombres como Joan Galo (Marina), Muerte a la Norma, Lu Chieregati o Al-V, con la producción ejecutiva de Andrea H. Catalá y Almudena Monzú al guion, pioneras del cine lésbico con su antigua productora Amor y lujo han apostado por unir los dos mundos el hetero y el queer y recordarnos que todos habitamos este mundo y sufrimos esta vida que muchas veces ahoga y tambien aprieta.
En un momento recordé esta sonoridad como la que nos muestra Diego Céspedes en ‘La misteriosa mirada del flamenco’, película imperdible si todavía no lo has hecho.
Donde yo me paro a hacer autocrítica y me pregunto, es si somos capaces realmente de crear espacios seguros, si siempre tenemos que ser el colectivo queer les superheroes salvadores de las tramas, si por el contrario siempre nos torturan siendo el peor antagonista, simplemente no tenemos trama o nos matan en el segundo capitulo.
La protagonista busca refugio en sus amigues queer, y todo es fantástico hasta que aparece el primer after.
Al ver como la protagonista cuida del bebé en esa casa a rebosar de gente de fiesta tienen su primera discusión sobre drogarse si o no delante del niño. Al principio me hizo sentír muy incomoda, de como nos asociamos lo queer a la noche y la droga y luego me di cuenta de que verdaderamente esta tan cerca y tan normalizado que podemos echar a perder nuestro espacio queer seguro por el tema del consumo al nivel de poner en riesgo incluso a un bebé.
Así, he recordado la cantidad de amigos y amigas del colectivo que hemos perdido en batallas con la cocaina, el alcohol o el chemsex, me pregunto si realmente es posible que podamos llegar a bailar sin drogas. Taller que recomiendo muchísimo impartido en Proyecto Chueco.
No quiero terminar este articulo sin hacer referencia al informe de ODA, según los informes del Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA), la representación queer en series españolas ha aumentado en cantidad (cerca del 10-12% de personajes), pero persiste un estancamiento en calidad, con muchos personajes secundarios, estereotipados o con tramas limitadas a su identidad. Aunque crecen los personajes LGBTIQA+, se observa una reducción en personajes trans y un estancamiento en la diversidad racial.
Esta serie nos arroja un poco de luz a nuestra representación en el audiovisual, aunque sea de manera cruda y quizá nos duela, también somos esas personas.
En términos narrativos, Yo siempre a veces encuentra su tono en la combinación de drama y humor, un humor a menudo incómodo, incluso áspero, que funciona como mecanismo de defensa ante situaciones límite. Esta mezcla permite que la serie respire, evitando caer en el miserabilismo, y ofreciendo momentos de ligereza que, lejos de restar profundidad, subrayan la humanidad de sus personajes.
La interpretación de su protagonista es clave para sostener este equilibrio. Su trabajo dota al personaje de una naturalidad que traspasa la pantalla, construyendo una figura compleja y creíble que rehúye cualquier tipo de idealización. Es en los pequeños gestos, en los silencios y en las contradicciones donde la serie encuentra su mayor fuerza.
Más allá de su trama, Yo siempre a veces plantea una pregunta de fondo que atraviesa toda la narración: ¿es posible ser madre sin renunciar a una misma? La serie no ofrece respuestas claras, pero sí abre un espacio de reflexión necesario en un contexto donde la maternidad sigue cargando con expectativas rígidas y, a menudo, inalcanzables.
En definitiva, estamos ante una propuesta que, sin grandes artificios, logra capturar el pulso emocional de una generación. Yo siempre a veces no busca consolar ni ofrecer soluciones, sino mostrar. Y en esa mirada, honesta y sin concesiones, reside precisamente su valor.




