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Así suena la hypernormalización: underscores firma el disco del año

La artista de San Francisco, icono del punk-pop, regresa con un tercer disco que redefine el sonido pop del momento actual con una exquisita producción

Inbox Antonio Rodriguez
La cantante underscores. Bailey Krawczyk
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En una entrevista con Pitchfork, underscores confiesa que la saga de videojuegos ‘Dance Dance Revolution’ está infravalorada, en una ronda de preguntas rápidas. También define iMovie, la boyband de KPop BTS o SoundCloud como subestimados; la mención de estos elementos puede resultar aleatoria o anecdótica pero dicen mucho sobre qué tipo de artista es April Grey, la persona que hay detrás del proyecto musical. Estos días su nombre está en titulares destacados de la crítica musical especializada debido a la publicación de ‘U’, su último álbum, un brillante ejercicio de pop avanzado que evidencia el talento de underscores. Hablamos del mejor disco que se ha publicado en 2026 donde el sonido es un lenguaje propio por cómo, quién y cuándo se ha conceptualizado.

El álbum es una especie de intruso en el universo de los lenguajes capitalistas; se cuela en sus mecanismos y retuerce los sonidos que una vez fueron alternos, y que ahora suenan más frenéticos que cuando nacieron en las últimas décadas, como el dubstep, el digicore, el EDM o el hypecore. Éstos, ahora, vuelven a ser tendencia de forma más sutil en el pop más comercial; lo vemos en PinkPantheress, Zara Larsson o Addison Rae. La producción del disco es estricta y excitante; evoca de alguna forma la estética de principios de 2000 en los que la “limpieza” de los elementos en las composiciones de diseño gráfico destacaba por ser aerodinámica, metálica y con profundidad de campo. Y es que tanto el universo de underscores como este nuevo álbum tienen que ver con lo que se conocer como ‘Recession Pop’. Un estilo musical de definición imprecisa, repleto de códigos y elementos asociados principalmente al dance-pop y al electropop, que surgió durante la Gran Recesión en Estados Unidos a finales de la década de 2000 y principios de la de 2010. Dentro de ‘U’, encontramos una investigación sonora por esas canciones que definieron esa etapa, con todos sus significados, y nos encontramos con un comisariado de canciones a modo de artefactos contemporáneo.

‘Music’, uno de los singles de promoción del disco que pudimos conocer a finales de 2025, y que funciona como una combinación de punk-pop y dubstep, utiliza la música como metáfora de relaciones personales: «When you walk into the room / It’s like we have a theme song (cuando entras en la habitación, es como si tuviésemos una banda sonora)». Una cadena de voces filtradas por vocoder dan comienzo a ‘The Peace’, influenciada por el sonido de arranque del iMac en palabras de la artista, en la que las referencias al estilo de vida de una artista muscial Gen Z se repiten (Coachella, General Admission, Sprinter Van) dando forma a una sentida canción en tres actos, sobre una historia de amor que sólo puede resolverse a través de la paz (el final). ‘Bodyfeeling’ es pop melódico contemporáneo en su máxima expresión. Una canción repleta de sensibilidad emocional donde la percusión es precisa, y el indiesleaze presencia, y que explica la reacción corporal que el amor puede producir en una persona, y que hace un guiño a la experiencia trans: «I get a body feeling, but I’ll ignore my body for you, for you (Siento algo en mi cuerpo, pero voy a ignorarlo por ti, por ti)».

El álbum mezcla lo digital con lo emocional: sonidos glitch, producción hiperactiva y letras muy personales. Es el canvas de una generación de artistas cuyo lenguaje no es sólo temporal, es de una concreción específica en cuanto a referencias musicales que residen especialmente en la producción de grandes hits Y2K. ‘Wish U Well’ bebe de la influencia de la acústica digitalizada de Owl City, y trata sobre encontrarse con alguien a quien todavía quieres para darte cuenta de que esa persona ya ha pasado página. Sentarse con la tristeza y aceptarla como parte de tus próximos días. ‘Hollywood Forever’ es uno de los mejores momentos del disco. Aquí April hace referencia a su deseo de «vivir en un aeropuerto o en un hotel» según contaba a Crack Magazine en una entrevista reciente. La progresión salta en un tema de imposibilidad genérica -por momentos la canción es un remix de sí misma- que trae euforia a través de la fantasía, en la que los espacios de esa estética post-recesión nutren los imaginarios de artistas bedroom pop.

‘Innuendo (I Get U)’ suena a gamificación del sonido SOPHIE. La canción en sí es una insinuación, en la que las palabras no se cantan abiertamente, pero las intenciones quedan claras; al contrario de las de los protagonistas de la historia que April narra. ‘Do It’ juega con los riffs de guitarras acústicas dignas de las producciones de The Neptune. La artista se trae lo mejor de aquella gema de Justin Timberlake, Like I Love You, y construye sobre su influencia un tema marca de la casa que habla sobre conocer a alguien en contexto sentimental, que ya ha investigado sobre ella en internet. «Oh, I just can’t do it / I’m married to the music, the music, baby (Oh, no puedo, estoy casada con la música, cariño)» espeta segura mientras se oyen sintetizadores acercarse como si fuesen fuegos artificiales.

Foto: Alexa Viscius

underscores destaca por formar parte de una generación de artistas que viven bajo el paraguas del hyperpop. Este género nació gracias a la viralidad de la canción ‘Money Machine’ de 100gecs -coetáneos de underscores- que se multiplicó en la influyente lista de reproducción ‘Hyperpop’. El término, que ya estaba en los metadatos de la plataforma, había sido añadido por el analista de datos Glenn McDonald en 2018. Es en este punto en el que se habla del movimiento de forma más oficializada, pero el género en sí mismo data de comienzos de 2010, cuando se le llamaba ‘bubblegum bass’ con exponentes como A.G. Cook, Sophie, GFOTY, Hayden Dunham, Hannah Diamond, o la propia Charli XCX.

Vivimos en un mundo donde el cansancio es probablemente la herramienta de control político más extendida a través de los dispositivos tecnológicos que dictaminan nuestras vidas. Es por ello que existe en el sonido de este grupo de artistas, y especialmente en ‘U’, una resistencia dentro de la curación de un trabajo de pop avanzado. Al igual que otras artistas trans, underscores comenzó creando música de forma autodidacta en su habitación durante la adolescencia, inspirada por la experimentación con GarageBand y artistas como Skrillex. Durante años publicó temas en SoundCloud, ganando una base de seguidores, hasta que en 2017 empezó a alcanzar mayor reconocimiento con su EP ‘skin purifying treatment’. Su consolidación llegó en 2021 con su álbum debut ‘fishmonger’, creado durante la pandemia en su entorno más íntimo. Desde entonces, su carrera ha crecido rápidamente: pasó de grabar en condiciones improvisadas a girar con 100 Gecs y presentarse en grandes festivales internacionales. Tras firmar con el sello Mom+Pop, ha colaborado con diversos artistas como Oklou, henhouse! o Jane Remover, y productores como umru, que será telonero de su próxima gira.

‘¿Por qué se les da tan bien la música electrónica a las mujeres trans?’. Esta pregunta es el título del ensayo de la autora y escritora Jen Ives, en el que hace un repaso por figuras trans claves para entender la música electrónica, desde Wendy Carlos hasta Anohni, pasando por Laura Les, Backxwash o Arca. En él, reflexiona: «¿Qué tiene la música electrónica que atrae tanto a algunas de nosotras? Desde su inicio, ha habido un espíritu lúdico de manipulación de formas. Los sintetizadores se desarrollaron para replicar instrumentos, pero no pasó mucho tiempo antes de que la gente se cansara de eso y adoptara los sonidos únicos e interesantes que solo los sintetizadores podían crear. Creo que hay una comparación clara aquí con el desarrollo y la elasticidad de la identidad trans hoy en día: un rechazo del statu quo y de las ‘normas’, una perspectiva futurista y orientada hacia adelante».

En el arco de conceptos que atraviesan el hyperpop y la cultura de internet están, irremediablemente, las vidas queer. Tanto de generaciones millenial, en forma de primera conexión a otro mundo posible; como en las más recientes, habitantes de un loop de crisis sociales donde el lowcost ha hecho accesible el Do It Yourself (underscores dirige todos sus videos), y la ideología reaccionaria revive inesperadamente. En ‘U’ existe esta hypernormalización, un concepto que el antropólogo Alexei Yurchak desplegó en su libro Everything Was Forever, Until It Was No More, y que describe cómo en la Unión Soviética la gente sabía que el sistema no funcionaba, pero, al no imaginar alternativas, continuaba actuando como si todo fuera normal, hasta que esa ficción colectiva terminó aceptándose como realidad; hoy, el término se usa también para explicar dinámicas similares en la era de las redes sociales. En este álbum se convive con este sentimiento. Se resiste hackeando su lenguaje musical. Se desplaza el espacio temporal para difuminar conceptos de tendencia y revivals.

La grandeza de ‘U’ es que redefine el pop en 2026, algo tremendamente difícil si atendemos a construcciones de género, y claramente certero si presenciamos su calidad en su manifestación, pero también en el subtexto. ‘Lovefield’ es el ecuador del álbum, una de las canciones más bonitas. Por un momento parece que escuchásemos a Imogen Heap cantar ‘Just For Now’. Se cumplen más de 20 años desde que la británica publicase ‘Speak For Yourself’, una obra maestra del pop avanzado citada por la gran mayoría de artistas pertenecientes al movimiento hyperpop. April canta: «It hurts for me to wait on you (You) (me duele tener que esperarte (a ti)». underscores es ya figura artística que dictamina el sonido de nuestros tiempos, que suena adelantado, a la espera de un mundo que sepa o pueda conectar con él. Este disco cimenta el momento, veloz y lleno de distracciones, pero con el poder de despertar nuestras vidas hypernormalizadas.

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