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Laura Hojman, la directora de los olvidados

Hojman reivindica Andalucía, la memoria y las voces silenciadas frente al ostracismo histórico

Comunidad Carlos Barea
La directora de cine Laura Hojman. Miguel Jiménez
Comunidad Carlos Barea

Tan solo hay que asomarse un poco a la carrera de Laura Hojman (Sevilla, 1981) para darse cuenta de que ella es Andalucía. Y quién lo diría, con ese apellido tan germánico. Pero la realidad es que su obra, su trabajo como profesional del medio audiovisual y sus decisiones vitales nos llevan a encontramos con una persona que, ya no solo se encuentra cómoda hablando de las raíces culturales de su pueblo, sino que, además, está dispuesta a hacer de contrapoder a las grandes ciudades y a revindicar lo hecho desde su tierra. «Me opongo a la idea de que todo nuestro imaginario colectivo que se construye desde lo cultural tenga que venir del mismo sitio», nos advierte Laura, «Para mí es fundamental la diversidad de miradas, de acentos, de experiencias, de formas de estar en el mundo… Y me rebelo contra ese cierto clasismo que viene desde el centro».

Para llevar a cabo esa rebelión, hace tiempo que decidió adoptar una postura clara, que bien podríamos calificar de filosofía de vida: «Creemos que es importante crear una red industrial en Andalucía, intentamos trabajar siempre con equipo andaluz. Pensamos que es importante que exista la posibilidad de dedicarte a esta profesión sin tener que desconectarte de tus seres queridos, de tu barrio, de tu forma de vivir…». Por su parte, su trayectoria desde los márgenes territoriales empezó en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, le siguió la cocreación de la productora de talento andaluz Summer Films y culminó con la presidencia durante 2021 de la Asociación Andaluza de Mujeres de los Medios Audiovisuales. «Hay una cosa de no renunciar ni esconder algo que forma parte de mi identidad, de lo que yo soy y sobre lo que todavía hay mucho topicazo y mucho prejuicio. Me hace gracia cuando la gente da por sentado que vivo en Madrid, o cuando se sorprenden de mi acento», confiesa orgullosa. Sin embargo, también reconoce que no solo le interesa lo andaluz: «A mí me gustan las historias en general y se me ocurren constantemente miles de proyectos para hacer en muchos sitios del mundo. El problema, básicamente, es que levantarlos es difícil».

No obstante, y hasta la fecha, ella ha hablado de nuestra tierra —permitidme que me incluya, que soy de Granada— sin acento castellano y ha sacado de las tumbas a algunos autores y autoras ilustres que habían sido empujados al olvido para rescatarlos y reivindicarlos. Aun así, su intención como creadora no es tanto la de fijarse en unos nombres específicos, sino trabajar en una serie de temas que le interesan: «Nunca me planteé mis documentales como una biografía de un autor en concreto, los tomé como trama para hablar de temas que me interesaban, tales como la necesidad de un espacio para el arte, la memoria, los contrarrelatos, el ninguneo histórico hacia las mujeres, los márgenes, el silencio que nos construye…».

Su carrera en la dirección, en cambio, la empezó sobre seguro y su primer documental estuvo dedicado a Rubén Darío y al viaje que hizo por Andalucía a comienzos del siglo XX, experiencia que dio lugar a su libro de crónicas ‘Tierras solares’ y que también da título al documental de la sevillana del año 2018. Sin embargo, y aunque en esta obra hay una profunda reflexión sobre cómo las sociedades modernas expulsan de alguna forma lo humano, lo bello y lo poético, la obra también respondía a una necesidad laboral: «Aunque esto suene poco romántico, los directores no hacemos las películas que queremos, sino las que podemos. En ese momento, Guillermo Rojas, el productor, le vio posibilidades. Yo necesitaba trabajar y puse ahí todo mi empeño y mi emoción».

Es por eso por lo que luego le siguió un proyecto que, esta vez sí, sería la primera entrega de una trilogía no intencionada en la que se mezclan la memoria, los efectos de la dictadura sobre las disidencias, el exilio y la creación como forma de resistencia. ‘Antonio Machado. Los días azules’ (2020) cuenta la historia de este escritor, eterno errante, que acabó exiliado en Francia y muriendo, al igual que la esperanza republicana por recuperar el país, pocas semanas después de su huida. Este periplo vital es lo que más le interesaba a Hojman. Es decir, no quería hablar tanto el Machado poeta, sino del Machado símbolo de una esperanza que se apagaba: «Quería contar su historia como metáfora de un proyecto de país truncado, quería contar esos días azules en los que España podía haber sido otra cosa. Quería hablar de las Misiones Pedagógicas, de la Institución Libre de Enseñanza, del exilio y del olvido».

Y si hay que hablar del olvido, nada como una mujer creadora del siglo XX para ilustrarlo a la perfección. ‘A las mujeres de España. María Lejárraga’ (2022) es una producción que recorre la trayectoria de una mujer que fue una pionera del feminismo y que logró romper varios techos de cristal. Entre otros, la gesta de convertirse en diputada del Congreso por Granada en las elecciones de 1933. Algo esperanzador que, con el tiempo, se convirtió en una amenaza para aquellos que estaban en contra de los derechos de los menos favorecidos y que buscaban una excusa para levantarse en armas. «Estas mujeres estaban elevando al país hacia una modernidad desconocida hasta entonces. Consiguieron avances sociales, culturales, sacaron a las mujeres de las casas y les dijeron que tenían que implicarse en la construcción de una nueva sociedad igualitaria. Consiguieron el voto, una ley del divorcio, una ley del aborto…», nos recuerda Laura. No obstante, y pese a su lucha incansable, la vida y el patriarcado trataron fatal a María de la O Lejárraga. Incluso los propios estudios de Walt Disney la ningunearon al rechazar una historia que les presentó y que, poco tiempo más tarde, se materializó en la trama de ‘La dama y el vagabundo’, la cual guardaba, ‘misteriosamente’ grandísimas similitudes con su propuesta.

También le escribió las obras a su marido, quien luego las firmaba con su nombre, algo que era de sobra conocido en los círculos artísticos de la época, pero que no trascendía al exterior. Una vez terminada la guerra civil, comenzó un periplo que le llevó por Francia, México y Argentina, donde finalmente murió. Mientras tanto, en España se llevaba a cabo el proceso de borrado de su nombre y los de otras mujeres como ella. «Estos avances no tenían cabida en la dictadura. No bastaba con eliminarlos, había que erradicar la idea, el recuerdo, la posibilidad. Por eso se las hizo desaparecer del relato y de la memoria», se lamenta Hojman. El documental fue nominado a los premios Goya, un hecho insólito para un trabajo tan pequeño en cuanto a producción. Así lo recuerda la directora: «Sabía que era muy muy difícil porque las nominaciones dependen de muchos otros factores que tienen que ver con la promoción, la inversión, los contactos, el marketing, el ser una gran empresa… Y para una productora pequeña, independiente y andaluza como la nuestra es casi imposible. Lo de María Lejárraga fue una rareza, un documental de bajo presupuesto, autodistribuido… pero que se convirtió en un fenómeno, y aquello fue precioso y emocionante. Pero no es lo normal».

Todavía con el regusto a éxito entre los labios, en 2024 llegó ‘Un hombre libre’, el documental sobre uno de los escritores andaluces más importantes de Francia y que en España ha sido un desconocido hasta hace cuatro días. Estamos hablando de Agustín Gómez Arcos, un autor homosexual que en el país vecino se convirtió en todo un referente literario, cosechando éxito de ventas y de crítica y con un enorme reconocimiento institucional. Ni siquiera con el fin de la dictadura y la llegada de la Transición nuestro país fue capaz de darle el lugar que se merecía, algo que siempre le dolió al autor y que, según señala Laura, atraviesa su trabajo en cierta manera: «Creo que toda su literatura es una venganza contra ese silencio, y eso es algo que me fascina del personaje. La palabra, la escritura como rebeldía. Ese decir: ‘podréis eliminar mi presencia, pero estas estas historias, estos personajes, todas estas voces permanecerán vivas’».

Estos tres documentales cuentan la trayectoria de unos autores que tuvieron que acabar sus días en tierra extraña porque en la suya no les permitieron vivir debido a la censura, a la intolerancia y a la imposición de un silencio que pesaba como un palio. Los ideales, el género, la orientación sexual o varias de estas cosas a la vez eran el gran obstáculo que los separaba de su país, de su idiosincrasia, de sus seres queridos, de la rutina que habitaron mientras el país discurría en una forma de gobierno que, con sus aciertos y sus errores, daba su lugar a todo el mundo. Ante la pregunta de la España que se imagina que hubiéramos construido si el golpe de estado no se hubiera culminado, Laura se muestra clara y directa: «Me gusta pensar que seríamos un país con menos odio, con una identidad mucho más rica y abierta, un país en el que las mujeres habrían sido más libres y vivido una vida justa y plena. Mi abuela decía que lo que más le habría gustado en el mundo habría sido poder estudiar. Un país en el que las personas LGTBIQ no habrían tenido que esconderse y ser castigadas o repudiadas. Donde no habría muertos en las cunetas. Un país donde no se reivindicaría a dictadores».

La realidad es que nunca sabremos a ciencia cierta el país que hubiéramos sido sin la dictadura, pero lo que sí sabemos es el país que a muchos nos hubiera gustado ser y por el que tantos intentaron luchar hasta las últimas consecuencias. Décadas después, Laura Hojman vuelve a poner el foco sobre ellos y a darles el lugar que se merecen. Porque, como se suele decir, es de bien nacidos ser agradecidos. Y la obra de Laura es, sin duda alguna, un agradecimiento constante.

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