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El chemsex se expande impulsado por la soledad y la necesidad de «huir»

El aumento del consumo intravenoso entre jóvenes y la rápida aparición de nuevas sustancias marcan la evolución de estas sesiones maratonianas de sexo y drogas

Comunidad Revista SIX
Ilustración: Sara Maese
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«El chemsex es el uso sexualizado de drogas y sustancias en ámbitos fundamentalmente gais, de hombres que tienen sexo con hombres, para potenciar los estímulos sexuales y prolongar la actividad sexual», explica a SUR Jesús Santos, infectólogo del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria. Los expertos tienen claro que el fenómeno ha crecido en la última década en toda Europa, también en la Costa del Sol, un auge que se ha acelerado tras la pandemia y con un impacto muy claro en la salud de quienes lo practican.

Según una encuesta que detalló el pasado jueves en la III Reunión Multidisciplinar del Chemsex el director del Centro Provincial de Tratamiento de Adicciones en Málaga, el doctor Juan Jesús Ruiz, algunos de los hombres que tratan de dejar atrás esta dependencia contestaron que, entre las principales causas para continuar haciéndola, se encuentran «la huida» (62%) o aliviar el sentimiento de soledad, así como aumentar la sensación de pertenencia al grupo.

El Colegio de Médicos de Málaga acogió el pasado jueves este encuentro organizado por el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) y la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínico.

Soledad no deseada

Así lo entiende también el psicólogo de Apoyo Positivo Juan Cabrera Solano quien, basándose en una encuesta de su organización, expuso que la «soledad no deseada está muy presente» en el corazón de este fenómeno que nació en el Reino Unido.

Entre las causas para iniciarse en el chemsex, el 78,6% respondió que lo hacía por la necesidad de experimentar algo nuevo, el 42% por escapar del estrés o problemas familiares y el 24% por aumentar la pertenencia al grupo.

Los participantes buscan una mayor percepción de autoconfianza, facilitar algunos tipos de conducta sexual, llevar a la práctica fantasías, pero también ser capaces de afrontar emociones o sentimientos negativos relacionados con la homofobia o la corporalidad no normativa

El 92% lo continúa practicando por la búsqueda del placer, así como por aumentar el deseo sexual y la excitación, prolongar las relaciones sexuales, pero también se busca «una mayor percepción de autoconfianza, facilitar algunos tipos de relaciones, llevar a la práctica fantasías, facilitar el ligar y relacionarse con otros» y «ser capaces de afrontar emociones o sentimientos negativos relacionados con la homofobia o la corporalidad no normativa, etc», consta en la encuesta.

El doctor Juan Jesús Ruiz aseguró que, sobre todo, acuden al centro quienes mantienen relaciones solo con sustancias y señaló, en el marco de su ponencia, que «el auge importante a partir de la pandemia empieza a crecer de forma exponencial por la geolocalización y las aplicaciones de contactos». Además del sexo, estas prácticas se asocian a la soledad u otros factores de vulnerabilidad.

Las adicciones pueden ir desde el uso de las sustancias a la conducta sexual compulsiva, pasando por el uso de aplicaciones de contacto, de webs de pornografía o uso de sexo online.

Han sufrido violencia

Según la revisión realizada en la base de datos del centro, contrastada además con un informe de Madrid Salud en 2021 y 2022 y una encuesta efectuada en Andalucía, la edad media de los participantes es de 39 años y el 42% viven solos. El 80% están solteros y sin pareja estable. Es frecuente que hayan sufrido algún tipo de violencia, destacando la de odio (30,9%), intrafamiliar (14%), de pareja (12%) y sexual (11%). El 27,6% sufrió violencia durante la infancia y la adolescencia. Todos perciben que las sesiones y las sustancias suponen un riesgo para la salud, pero más de la mitad de los encuestados no quiere dejarlo o no lo tienen claro. Reconocen un cierto grado de dependencia. El 27% tiene pensamientos de homofobia internalizada.

«Durante el tratamiento, hemos de intentar plantearnos objetivos conseguibles por el sujeto, por lo que a veces es más importante no centrarnos en una abstinencia absoluta y sí en alcanzar y mantener una adecuada calidad de vida, intentando así mejorar la adherencia del paciente al programa», explica, que añade que, tras las fiestas y ya sin los efectos de las sustancias, «les suele embargar una sensación de soledad profunda, agotamiento, tristeza, vacío, irritabilidad, bajón, que se debe al agotamiento neuroquímico: hemos de intentar desvincular el uso de las sustancias con la práctica del sexo», dice el doctor.

Tras las sesiones los afectados refieren que les embarga una sensación de soledad profunda, agotamiento, tristeza, vacío o irritabilidad, bajón que se debe al agotamiento neuroquímico

Juan Francisco Cabrera, psicólogo de Apoyo Positivo, señaló, en base a una encuesta elaborada en 2022, que las sustancias más frecuentes son alcohol, poppers, mefedrona, éxtasis líquido, cocaína, MDMA, metanfetaminas y ketamina. El 67% de los encuestados sintió que el consumo indujo a sexo sin preservativo, el 51% percibió pérdida de control sobre el consumo alguna vez, el 41,8% estaba diagnosticado de VIH (de ellos, el 94,7% en tratamiento) — se refiere sólo a la muestra de la encuesta— y el 36% tenía síntomas de depresión frecuentes «o siempre postsesión».

Se normaliza la sobredosis

Sobre lo que ven en consulta, explica que están saliendo al mercado nuevas sustancias de síntesis, hay un aumento del slam (droga intravenosa) entre los perfiles más jóvenes, han crecido las sobredosis y se han normalizado, especialmente de éxtasis líquido y la existencia de síntomas psicóticos.

El fenómeno se ha extendido más allá de las grandes ciudades, hay una mayor presencia de hombres migrantes, aumentan las parejas en relación abierta y hay problemas derivados del chemsex a nivel relacional. Incluso, lo practica cierto número de personas VIH positivas, aunque la mayoría usa la profilaxis preexposición PrEP.

Existe, además, un impacto emocional invisibilizado: son víctimas de homofobia y serofobia interiorizada, hay traumas como factor de vulnerabilidad, «la soledad no deseada está muy presente» y un estigma que dificulta pedir ayuda.

Los expertos llaman la atención sobre el hecho de que quienes participan en estas sesiones no suelen denunciar los delitos de los que son objeto

Victoria del Fresno, farmacéutica del Instituto Nacional de Toxicología, destacó que los riesgos del Chemsex son el consumo de sustancias con estrecho margen de seguridad, efectos impredecibles, policonsumo y la existencia de una intoxicación aguda que puede llevar a la muerte. Asimismo, estas sustancias modifican la capacidad de decisión, pueden consumirse sustancias no consensuadas previamente, de forma que el participante puede convertirse en una víctima de delitos (del robo, por ejemplo) o darse una sumisión química oportunista o mixta.

Señaló que los fabricantes de estas sustancias innovan continuamente. «Tienen una rápida aparición en el mercado, se fiscalizan, pero los fabricantes han hecho cinco nuevas más: son muchas sustancias nuevas, es difícil disponer de patrones de referencia».

El infectólogo Jesús Santos precisó que «hay una oleada de chicos jóvenes que también empiezan en este tipo de círculos de sesiones de de consumo de drogas», destacó que la geolocalización y las aplicaciones facilitan los encuentros de sexo anónimo, lo que expone a los practicantes a enfermedades de transmisión sexual, y existe otra variante: «La posibilidad de abusos». Considera que hay una cantidad de delitos que no se denuncian, «porque cuando uno va a un sitio de estos y te pasa algo, luego no lo dices».

TEXTO: José Antonio Sau

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