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SIX DATOS

Las dos caras del deporte LGTBI: más violencia registrada en un caos estadístico

La subida de infracciones contra el colectivo pende de hasta qué punto se notifican y cómo, con ejemplos dispares como País Vasco

Comunidad Guillermo Villar
Ilustración: Lidia Carvajal
Comunidad Guillermo Villar

Las reacciones contra la pedida de mano del árbitro alemán Pascal Kaiser a su pareja en la Bundesliga; las mofas de Donald Trump imitando a atletas trans; los comentarios de los compañeros del futbolista Josh Cavallo por los que abandonó su club; o los insultos homófobos a Borja Iglesias por no ser normativo, entre otros tantos. No son pocas las violencias contra el colectivo que rodean cada año el día contra la LGTBIfobia, de los casos más sonados a las experiencias más anónimas.

De 2020 a 2024 ha habido 64 infracciones sobre orientación sexual e identidad de género en campos de fútbol e instalaciones deportivas, según el portal estadístico de Criminalidad, el triple que de 2015 a 2019 (21 infracciones), el periodo de cinco años anterior. «Las agresiones y burlas recientes muestran que el deporte todavía no es un espacio seguro para todas las identidades», expresa José Martino, vocal de comunicación de la Agrupación Deportiva Ibérica LGTBIQ+ (ADI LGTBIQ+).

¿Hay más o se identifican más? «Por un lado, vivimos en un contexto de mayor polarización en el debate público sobre los derechos LGTBIQ+», advierte Martino. «Por otro, existe una mayor conciencia social, más personas se atreven a denunciar y hay una mayor formación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad». No se sabe qué corresponde a qué, pero el vocal de comunicación de ADI LGTBIQ+ advierte que es la punta del iceberg: «Una parte muy significativa no se denuncia».

Se cuentan las infracciones penales, delitos del Código Penal a juicio, y las administrativas, cuando el salto de la norma lleva a sanción. Pero Martino sopesa que «lamentablemente no se activa el mecanismo sancionador» en casos como el insulto homófobo, «históricamente normalizado» también entre heteros como «humillación». Tampoco ayuda que hay que «identificar a sus autores» y que esta ofensa «no se desagrega como LGTBIfobia». ¿La consecuencia? «Una brecha entre lo que ocurre en las gradas y termina en las estadísticas», según este cargo.

ADI LGTBIQ+ en la manifestación del Orgullo. ADI LGTBIQ+

De las propuestas de sanción, faltan datos. Los anuarios de la Comisión Antiviolencia no desglosan las propuestas de sanción contra el colectivo en la élite de fútbol y baloncesto. “Si en los informes no aparece explícitamente la LGTBIfobia tenemos un problema de invisibilidad estadística”. De los números que sí existen, falta desglose. Y no parece igual la metodología del recuento en País Vasco, con 55 infracciones desde 2014, más que el resto de comunidades españolas en conjunto (32).

Cuando el deporte sí es un espacio seguro

Welmer (nombre ficticio) y María Jesús son madres de hijas trans que han encontrado en el club LGTBI Samarucs, en Valencia, un refugio como adolescentes. «El deporte en general, si no estás en un centro o en un club sensibilizado con los problemas del colectivo, tiende a ser muy violento», comenta Welmer. «Falta todavía mucha educación en diversidad e igualdad», sostiene María Jesús sobre el deporte fuera de estos grupos. 

La hija de María Jesús ha encontrado su lugar en el taekwondo de Samarucs, pionero en inclusión LGTB. En su antiguo club «nunca llegó a participar en competiciones y no quiso seguir», pese a estar inscrita acorde a su género. A la hija de Welmer la Federación de Natación le impidió esto: «No querían federar a la criatura con el sexo sentido. Fue un auténtico follón y aborreció la actividad».

Un análisis reciente en la Universidad de Sao Paulo, destacado por sus dimensiones (52 estudios y una muestra de 6.485 personas), concluye que las mujeres trans no muestran diferencias significativas frente a aquellas cis en las principales métricas de condición física aunque su masa magra varíe. En las federaciones, el cuestionamiento continúa. Welmer considera que no se miran ni las derrotas ni el esfuerzo detrás, «y sin embargo se penaliza y se criminaliza que consigan ganar alguna competición».

Como las hijas de Welmer y María Jesús, cualquier persona del colectivo puede encontrar su espacio. ADI LGTBIQ+ ha ofrecido de manera expresa una lista de organizaciones deportivas LGTBI, a las que se añaden otras. Uno de esos puntos del mapa es Panteres Grogues, en Barcelona, donde David Páez encontró una inclusión distinta a la de su país de origen, Ecuador: «Se perpetuaba el uso de palabras despectivas del colectivo LGTB y no se hacía nada frente a las agresiones».

David Páez con el balón de rugby en Panteres Grogues. Alfonso Pujalte Lopez / Instagram: @fonsi_ohdaesu

En el mapa también está la Liga Fulanita de tal en Madrid, nacido en el bar de Chueca del mismo nombre, para toda futbolista cis o trans, hetero o no. Es, según su directora Lourdes López, una «herramienta para crear comunidad, romper barreras y ofrecer un espacio donde cada mujer pueda ser ella misma sin miedo». Ahora otras ciudades quieren replicar su modelo. «Hemos visto chicas que dejaron el fútbol por sentirse fuera de lugar y que han vuelto a jugar después de años, también jugadoras que llegaron solas a Madrid y encontraron en la liga su red», explica López. Muchas dejaron atrás «competitividad excesiva, comentarios despectivos, juicios sobre su nivel o actitudes machistas y LGTBIfóbicas».

Jugadoras de Fulanita de Tal en el campo de fútbol. Fulanita de Tal

Desde Orlander, comunidad centrada en el ocio sano y el bienestar, su fundador Fabri Orlandi ve también en el deporte tanto el espacio de tantas «burlas, palizas o humillaciones por no encajar» como «algo profundamente reparador». No solo percibe las violencias manifiestas, sino todo lo tóxico alrededor: «Podemos hablar, mirarnos a los ojos, compartir emociones y crear recuerdos sin que nadie tenga que demostrar que es el mejor». Es aquí donde para él entra Orlander, «en recuperar el deporte y la actividad física como un lugar de pertenencia y orgullo, no como un recordatorio constante de que no das la talla».

Fabri Orlandi en las sesiones de ejercicio con los miembros de Orlander. Pelayo Santos

«No basta con que existan espacios LGTBI en el deporte», precisa José Martino, que ha visto la «menor presencia y visibilidad de lesbianas, personas bisexuales, trans y no binarias» en varias asociaciones, más obstáculos a otros grupos vulnerables. «¿Qué tan cerca estamos de comprender la realidad que enfrentan las personas LGTBIQ+ en su día a día, dentro y fuera del deporte?», se cuestiona. Entre otros, han logrado junto a la Fundación Cádiz CF que el Nuevo Mirandilla tenga un punto de denuncias por actos machistas o LGTBIfóbicos. «El deporte es una herramienta muy poderosa para unir a las personas, especialmente en momentos de polarización como el que estamos viviendo», sostiene.

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