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Pasolini y Lorca, ¿dos caras de la misma moneda?

Los escritores Carlos Barea y Roy del Postigo analizan la relación de estos autores del siglo XX con el deseo en un coloquio dentro del marco del MAF (Málaga de Festival)

Actualidad Víctor Rojas
Federico García Lorca
Actualidad Víctor Rojas

El deseo de Lorca. El deseo de Pasolini. El deseo como acto político o como acto revolucionario. Estos fueron algunos de los ítems que protagonizaron el coloquio ‘El deseo (no) encontrado: Pasolini y Lorca’, con los escritores Roy del Postigo y Carlos Barea como expertos en la materia. Un diálogo diálogo intenso sobre dos figuras que hicieron del deseo —sexual, social y político— el eje de su obra. «El deseo de Lorca es ese ímpetu por conocer la tradición de una manera exhaustiva para, a partir de ahí, generar una vanguardia», explicó Del Postigo. El autor aseguró que esa parte más social del poeta andaluz se puede ver en obras como ‘Bodas de Sangre’ o ‘La casa de Bernarda Alba’. «Un deseo que nace siendo íntimo, pero que tiene la necesidad de sacarlo. Tuvo la capacidad de ver que ese folclore andaluz es un resorte de sacar ese deseo hacia fuera», apostilló. 

Carlos Barea añadió que la fuerza del deseo lorquiano reside en su doble naturaleza: profundamente personal y, al mismo tiempo, universal. «Parece que te lo está contando a ti», señaló, subrayando que en Lorca el deseo suele presentarse como algo inalcanzable, una tensión constante entre pasión y destino que atraviesa toda su dramaturgia.

El deseo como fuerza política

Ambos ponentes coincidieron en que el deseo adquiere dimensión política cuando se toma conciencia de su poder transformador. Del Postigo evocó el imaginario de la copla, donde una mirada puede desencadenar toda una historia. como ejemplo de cómo el deseo cotidiano puede convertirse en relato político. Esa misma apertura al deseo, afirmó, también atraviesa el cine de Pasolini: la mera exposición de ciertos cuerpos y realidades ya constituye un gesto político.

Carlos Barea y Roy del Postigo durante su intervención.

Para Barea, el deseo político de los artistas del siglo XX estaba ligado al derecho mismo a existir. Mientras hoy gran parte de la lucha gira en torno a la representación, en el pasado el desafío era la aceptación de la propia existencia. En ese contexto, el cuerpo y la sexualidad se convertían en espacios de resistencia: el deseo sexual y el deseo de existir funcionaban como una misma afirmación vital en las obras de Federico García Lorca y Pier Paolo Pasolini.

La conversación prosiguió con la llamada ‘mirada lorquiana’ que, según Del Postigo, es una mirada desprejuiciada que reconoce en el folclore una potencia revolucionaria. Reducir lo lorquiano a un simple costumbrismo decorativo, supone ignorar que la voz del pueblo, presente en las coplas y en la tradición oral, contiene una fuerza política, apostilló el escritor, que no necesita ocupar un escaño para transformar la realidad.

Barea recordó que durante décadas se intentó ocultar la homosexualidad de Lorca, especialmente en los años noventa, lo que contribuyó a desactivar el carácter disidente de su obra. El punto de encuentro entre Lorca y Pasolini, afirmó, se encuentra precisamente en esa marginalidad compartida: ambos escribieron desde los márgenes sociales y desde el deseo que la sociedad pretendía invisibilizar.

El coloquio concluyó con los expertos abordando la violencia que rodeó la vida y la muerte de ambos autores. Del Postigo señaló que, aunque Lorca suele identificarse simbólicamente con el sur español y Pasolini con el norte italiano, este último tenía una profunda conciencia de las desigualdades entre el norte y el sur de Italia, una tensión que también atravesó su obra.

Barea recordó cómo la sexualidad y la violencia se entrecruzan en la filmografía de Pasolini y recordó la brutalidad del asesinato del cineasta. Esa violencia, sugirió, invita a preguntarse qué habría sucedido si Lorca hubiera sobrevivido: probablemente, dijo, habría terminado exiliándose. «Se dice que realmente él retrasó su exilio por un novio que tenía», resaltó el autor. 

Como colofón, la artista Isabel Do Diego llevó a cabo una acción performática. Su participación supuso un giro hacia lo sensorial y lo experimental, traduciendo las ideas discutidas previamente en el coloquio a un lenguaje visual y sonoro. La inclusión de esta performance rompió con la estructura tradicional de las conferencias y ofreció una experiencia más completa que combina la palabra con la puesta en escena: una forma de ver cómo el legado de Pasolini y Lorca sigue inspirando propuestas artísticas.

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