Saltar al contenido

Una fuerza inquebrantable

Irán presenta una notable paradoja: la cirugía de reasignación de género es legal. Es el único país islámico donde este tipo de intervenciones está reconocido legalmente, aunque con matices. Sin embargo, nada de eso evitó que la vida de esta joven chica trans transitara por el horror. Así fue hasta el día que su tío la asesinó por mostrarse en público

SOGAND una fuerza inquebrantable

Irán presenta una notable paradoja: la cirugía de reasignación de género es legal. Es el único país islámico donde este tipo de intervenciones está reconocido legalmente, aunque con matices. Sin embargo, nada de eso evitó que la vida de esta joven chica trans transitara por el horror. Así fue hasta el día que su tío la asesinó por mostrarse en público

Texto, fotos y vídeos: Rober Astorgano

Irán mantiene y aplica políticas que condenan y castigan severamente la homosexualidad. El Código Penal Iraní prohíbe y condena con pena de muerte toda actividad sexual fuera del matrimonio, las relaciones entre personas del mismo sexo y los medios de comunicación relacionados con la comunidad LGTBIQ+. Esto convierte a Irán en uno de los países del mundo más discriminatorios hacia las personas del colectivo. Organizaciones de derechos humanos estiman que más de 6.000 personas han sido asesinadas por este motivo desde la Revolución Islámica de 1979. Sin embargo, Irán presenta una notable paradoja: la cirugía de reasignación de género es legal. Es el único país islámico donde este tipo de intervenciones está reconocido legalmente.

    [ALTERNATIVE TEXT]
    [ALTERNATIVE TEXT]
    [ALTERNATIVE TEXT]
    [ALTERNATIVE TEXT]
    [ALTERNATIVE TEXT]
[ALTERNATIVE TEXT]

En los años 60, el Ayatolá Jomeini abordó temas legales en su libro «Tahrir al-Wasila» cuyos escritos se utilizaron como base legal tras la Revolución Islámica. Una de las «fatwa» (dictamen o guía religiosa) que escribió, trataba sobre el acto de reasignación y confirmación de género. En 1982, tras la Revolución Islámica y ya como líder supremo de Irán, Jomeini volvió a emitir esta «fatwa», con la que oficializó la permisibilidad de la cirugía de confirmación de género, considerándose una forma de corregir un supuesto «error» físico para alinear el cuerpo con la identidad de género, en lugar de entenderse como una transgresión de la ley divina. Se basó en la distinción entre el alma (inmutable) y el cuerpo (que puede ser modificado por la ciencia médica), considerándolo una solución permitida. Por tanto, en Irán, las personas que se someten a la cirugía pueden obtener el reconocimiento legal de su nuevo género, incluyendo la modificación de sus documentos oficiales. Sin embargo, este reconocimiento depende de un procedimiento estricto que exige autorización judicial, evaluaciones psicológicas, el consentimiento familiar y un elevado coste económico. Se trata de un proceso largo, difícil, invasivo y, en muchos casos, traumático, que implica la esterilización forzada.

[ALTERNATIVE TEXT][ALTERNATIVE TEXT]

Sogand, una fuerza inquebrantable. Capítulo I de III

Sogand, una fuerza inquebrantable. Capítulo I de III

Sogand arrastraba heridas del pasado, pero eso no le impidió comprender y aceptar su identidad de género. Rober Astorgano

Irán mantiene un entorno muy hostil hacia quienes no se ajustan a las normas de género y sexualidad

En los años 60, el Ayatolá Jomeini abordó temas legales en su libro «Tahrir al-Wasila» cuyos escritos se utilizaron como base legal tras la Revolución Islámica. Una de las «fatwa» (dictamen o guía religiosa) que escribió, trataba sobre el acto de reasignación y confirmación de género. En 1982, tras la Revolución Islámica y ya como líder supremo de Irán, Jomeini volvió a emitir esta «fatwa», con la que oficializó la permisibilidad de la cirugía de confirmación de género, considerándose una forma de corregir un supuesto «error» físico para alinear el cuerpo con la identidad de género, en lugar de entenderse como una transgresión de la ley divina. Se basó en la distinción entre el alma (inmutable) y el cuerpo (que puede ser modificado por la ciencia médica), considerándolo una solución permitida. Por tanto, en Irán, las personas que se someten a la cirugía pueden obtener el reconocimiento legal de su nuevo género, incluyendo la modificación de sus documentos oficiales. Sin embargo, este reconocimiento depende de un procedimiento estricto que exige autorización judicial, evaluaciones psicológicas, el consentimiento familiar y un elevado coste económico. Se trata de un proceso largo, difícil, invasivo y, en muchos casos, traumático, que implica la esterilización forzada.

Pero la vida de las personas trans dista mucho de ser fácil en Irán. El país mantiene un entorno profundamente hostil hacia quienes no se ajustan a las normas de género y sexualidad dominantes. Los valores tradicionales, que rechazan a las personas no heterosexuales y cisgénero, propician situaciones constantes de acoso y discriminación. El reconocimiento por parte de los líderes religiosos queda condicionado a completar la transición: quienes no lo hacen son estigmatizadas como personas enfermas y pueden ser detenidas bajo acusaciones de travestismo o prácticas homosexuales. Las personas trans son con frecuencia rechazadas por sus propias familias y comunidades y sufren abusos policiales de forma reiterada. La gran discriminación laboral que enfrentan, hace que se vean empujadas a la prostitución como único medio de subsistencia. La presión social es tan intensa que, según OutRight International, el 100% ha experimentado ideas suicidas y el 70% ha intentado suicidarse. La situación resulta aún más grave para las mujeres trans, que enfrentan una situación de violencia constante.

Sogand vivía en un entorno en el que la agresión y el insulto eran diarios, pero no renunciaba a su indentidad

En la ciudad de Shiraz conocí a Sogand, una joven mujer trans de Kavar, un pequeño pueblo de la provincia de Fars. Rechazada por su familia, huyó a esta ciudad donde amigos y conocidos la ayudaban a sobrevivir económicamente, además de darle cariño y apoyo. Desde el primer momento en que la vi, me sobrecogió su fuerza inquebrantable. Vivía en un entorno en el que la agresión y el insulto era el pan de cada día; sin embargo, no renunciaba a su identidad y la mostraba con valentía.

[ALTERNATIVE TEXT][ALTERNATIVE TEXT]

Sogand, una fuerza inquebrantable. Capítulo II de III

Sogand, una fuerza inquebrantable. Capítulo II de III

Sogand no solo luchaba por ella misma, sino que deseaba que Irán fuera libre y seguro para todas las personas. Usaba las redes sociales con ese fin. Rober Astorgano

Tratamientos de salud mental

Su vida no fue nada fácil. Desde niña, Sogand recibió tratamiento por parte de distintos profesionales de la salud mental, pero nunca se sintió comprendida ni apoyada, siempre fue tratada como una enferma. Tal y como ella misma me contaba, ningún psiquiatra ni psicólogo logró ayudarla; por el contrario, aumentaban su confusión en una etapa en la que apenas era una niña que no entendía lo que le ocurría. En Irán no existen programas de formación específicos para profesionales en materia de salud transgénero, y los procesos de atención no se ajustan a los estándares médicos adecuados.

Después de comprender y aceptar su identidad de género, se hizo una promesa a sí misma: no rendirse jamás

A medida que nuestra amistad crecía, descubrí las profundas cicatrices de su pasado. Incomprendida, rechazada e insultada desde muy pequeña, llegó a ver en el suicidio una vía de escape. Con tan solo 12 años fue violada por su propio primo, que tenía 22. Me contaba cómo sintió que todo su mundo se derrumbó, y cómo, después de aquella traumática experiencia, el miedo la llevó a callar, temiendo que los demás la culparan. Dos años después de aquello, en plena adolescencia y con el dolor silenciado de aquella violación, sufrió el rechazo de su propia familia, lo que se convirtió en su herida más profunda, la que le indujo a intentar quitarse la vida por primera vez. Tras ese primer intento, vinieron varios más, sumiéndola en un abismo del que parecía cada vez más difícil salir, donde el dolor se volvía cotidiano y la esperanza apenas lograba abrirse paso. Sin embargo, en medio de esa oscuridad, algo comenzó a cambiar. Después de comprender y aceptar su identidad de género, se hizo una promesa a sí misma: luchar por su vida y no rendirse jamás. Así tomo la firme decisión de salir al mundo con valentía, mostrándose tal como era. Ese fue su juramento, y así es como eligió su nombre: Sogand, que en farsi (persa) significa «juramento» o «promesa».

Pero no fue un camino fácil. Esta firme decisión la llevó a sufrir un acoso y una violencia constantes, como evidencian las cicatrices de su cuerpo, resultado de agresiones por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (Sepah) y de las fuerzas paramilitares bajo su control (Basiji), encargadas de hacer cumplir la ley y la moral. Pero las agresiones no venían solo de ellos; provenían de gran parte de la sociedad. El segundo día que quedamos, había sufrido un ataque en el transporte público mientras se dirigía a nuestra cita. No era el sufrimiento físico lo que más le dolía, sino aquel que la atravesaba por dentro. Tras secarse las lágrimas, me miró con esa fuerza que emanaba, se irguió de nuevo, saco de su bolso su maquillaje y se pintó los labios. Estaba claro que nada ni nadie iba a hacer que rompiera su promesa.

Sin intención de rendirse

Sogand era una persona valiente, optimista y muy cariñosa. Siempre me hablaba de su futuro con ilusión, me contaba que quería tener hijos propios, que la operación nunca estuvo en sus planes. Además, era algo que le aterraba y, aunque quisiera someterse a la cirugía, era un proceso inalcanzable para ella, al requerir aprobación judicial, el consentimiento de sus padres y un coste económico que no podía asumir.

Sogand no tenía intención de rendirse, por el contrario, su lucha se expandió hacia lo colectivo: no permaneció en silencio. Me explicaba que deseaba que su país fuera seguro y libre para todas las personas, no solo para ella. Sogand utilizaba sus redes sociales para defender los derechos de las personas trans y denunciar la discriminación, sin importarle el peligro que ello implicaba en un país con un régimen tan autoritario como Irán. Y no solo eso. En un contexto de represión institucional asfixiante, Sogand desafió al régimen saliendo a las calles tras el asesinato de Mahsa Amini, portando carteles que exigían la igualdad que el sistema le negaba, alzando la voz y reclamando libertad. Al verla participar en las protestas, temía que pudiera ocurrirle algo terrible: que la detuvieran, la torturaran o incluso la condenaran a muerte. El peor de mis temores se cumplió, aunque nunca imaginé que sería de esta manera.

El 11 de junio de 2025, Sogand decidió volver a su localidad natal para asistir a la boda de su primo, mostrando abiertamente su identidad femenina a su familia. Durante la celebración, su tío le disparó en la cabeza, matándola instantáneamente.

Tan solo tenía 27 años.

Un crimen familiar

Sogand pertenecía a la etnia kashgai. Su asesinato fue perpetrado en nombre del llamado “honor familiar”, un concepto que se emplea para justificar este tipo de crímenes en contextos tradicionales y socialmente conservadores. Estos llamados “crímenes de honor”, como el sufrido por Sogand, constituyen un problema grave y extendido en Irán. Se trata de asesinatos motivados por razones de género, vinculados a la prevención o el castigo de conductas consideradas socialmente inaceptables para niñas, mujeres y personas del colectivo LGTBIQ+, por supuestamente atentar contra las tradiciones sociales, las normas religiosas o la reputación familiar. La legislación iraní, basada en la sharía o ley islámica, permite a padres y maridos influir en las penas por asesinato de este tipo de crímenes, lo que a menudo reduce los castigos, o incluso pueden llegar a quedar impunes. Estas normas que favorecen la indulgencia, dejan a mujeres y personas LGTBIQ+ en una situación de gran vulnerabilidad, agravada por el estigma social y la desigualdad de género.

La legislación iraní permite a padres y maridos influir en las penas por asesinato de este tipo de crímenes

Recibir la noticia del asesinato de Sogand a manos de su propio tío me sumió en un profundo estado de shock. Fueron sus amistades de Shiraz quienes me animaron a contar su historia, para que no cayera en el olvido, y para que su tragedia pudiera transformarse en un símbolo de resistencia y empoderamiento. Recuperar su memoria es también una forma de enfrentar el estigma y la culpabilización que pesan sobre las víctimas de estos crímenes, y de devolver a Sogand la dignidad que le fue usurpada, haciendo de su fuerza y su lucha un legado.

[ALTERNATIVE TEXT][ALTERNATIVE TEXT]

Sogand, una fuerza inquebrantable. Capítulo III de III

Sogand, una fuerza inquebrantable. Capítulo III de III

El sueño de Sogand era ser diseñadora de moda y construir una vida tranquila lejos de su país, donde no veía posible ser dueña de su propio destino. Decía que no se detendría hasta cumplirlo, que pronto lograría salir de Irán, que sabía que le esperaba una vida mejor… Le arrebataron sus sueños, pero no lograron apagar la certeza profunda de ser quien era, ni la dignidad con la que se sostenía. Sus ansias de volar fueron truncadas de forma violenta, pero su voz permanecerá para siempre. Su juramento, intacto, perdura como memoria viva y como una forma de justicia frente al olvido. Porque como ella misma me decía:

«Yo soy Sogand y siempre seré Sogand».

1998 — 2025

Créditos

  • Desarrollo front-end:Belén Almendros.

  • Diseño:Alejandro Castro.

  • Tecnología: Alejandro Ruiz Montejano.

Esta funcionalidad es exclusiva para registrados.

Reporta un error

[]

SOGAND una fuerza inquebrantable

[]

SOGAND una fuerza inquebrantable