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Quentin Crisp, la asombrosa historia detrás del protagonista de la canción ‘Englishman in New York’

Su primera gran aportación a la historia del arte queer llegó con una novela autobiográfica que se convertiría en clásico de la literatura gay más confesional

Stories Juan Naranjo
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La historia de Quentin Crisp es la de un bicho raro que, lejos de amoldarse a los demás, convirtió su diferencia en una forma de vida, en una profesión. Nacido Denis Charles Pratt en Londres en 1908, Crisp desafió desde muy joven los códigos rígidos de la sociedad inglesa del siglo XX. En una época de fuerte represión contra la homosexualidad, eligió vivir abiertamente como un hombre amanerado. Tampoco es que le quedase otra opción: era o mostrarse tal cual era u ocultarse… y ni él ni el mundo podían permitirse lo segundo. Con su porte extravagante y su lengua afiladísima, Quentin desafió desde muy joven las ideas sobre la identidad que imperaban en la muy homofóbica Inglaterra de la época. Y en el camino lo pasó muy mal… pero también la mar de bien. Con noventa años, con otra vida y en otro continente, por fin pudo completar su camino reconociéndose abiertamente como mujer trans.

Su primera gran aportación a la historia del arte queer llegó con una novela autobiográfica que se convertiría en clásico de la literatura gay más confesional. En ‘The naked civil servant’ (una obra de 1968 que en España puede encontrarse con el título de ‘El funcionario desnudo’, editada por Valdemar con traducción de Óscar Pálmer) condensó la singularidad de una juventud en la que trabajó como modelo al natural, prostituto y pintor. Esta obra modernísima, aguda, valiente, divertida… la convirtió una figura literaria inclasificable e imposible de ignorar. Su relato sobre la lucha por existir sin máscaras en una sociedad hostil fue recibida como una voz insólita y necesaria, casi revolucionaria para la Inglaterra del momento.

La adaptación televisiva de esa obra en 1975, con un John Hurt sublime que personifica a la perfección al caricaturesco Crisp, la convirtió en una figura aún más popular: la televisión multiplicó su alcance y la transformó en un faro de libertad. Años después, Hurt retomaría el papel en la película ‘An englishman in New York’ (2009), que narra los años en que Crisp se muda a Estados Unidos y se convierte en una ‘rara avis’ de la escena artística de la ciudad.

Quentin Crisp no solo cultivó la escritura: su fuerte, de hecho, fueron las tablas escénicas. A partir de finales de los años 70, desarrolló un show teatral en solitario titulado ‘An Evening with Quentin Crisp’: se trataba un monólogo tragicómico en el que combinaba anécdotas, reflexiones y el humor irreverente que era su seña de identidad. Con sus sombreros, sus fulares coloridos, sus trajes de terciopelo y su lengua afilada, Crisp se presentó en teatros de Europa y Estados Unidos durante décadas, siendo reconocido por la crítica y adorado por el público que veía en su show un acto de humor, inteligencia y rebeldía.

Este formato lo llevó de Inglaterra a Nueva York, donde se instaló en los años 70. Manhattan, con sus contrastes y su mezcla de culturas, con su amor por lo raro, la acogió de brazos abiertos. Allí, Crisp no solo actuó; escribió columnas, participó en películas (‘The bride’, ‘Orlando’… y hasta documentales sobre ella misma, como ‘Resident Alien’) y se convirtió en un personaje habitual de la vida cultural local. Decía que no había trabajado un solo día desde que se instaló en la ciudad, que vivía gracias al favor de los desconocidos que la invitaban a cenar a cambio de que les relatase su vida… pero lo cierto era que Quentin trabajaba y mucho.

Fue en ese momento de efervescencia cultural cuando Sting se cruzó con Quentin Crisp. A mediados de los 80, el músico inglés estaba transitando su propia etapa neoyorquina (acaba de iniciar su carrera como solista tras su etapa en ‘The Police’ y estaba experimentando con la creatividad fuera de Inglaterra) cuando se reunió con Crisp en su apartamento del Bowery.

Según diversas crónicas, las conversaciones duraron hasta tres días. Sting quedó fascinado por la historia de un hombre que había sobrevivido a décadas de homofobia y prejuicios, que hablaba de su singularidad con humor y filosofía y que transitaba la ciudad con una dignidad y un estilo inconfundibles. Y de aquella conexión creativa nació ‘Englishman in New York’. En la letra de la canción («It takes a man to suffer ignorance and smile, be yourself, no matter what they say»), Sting captura no solo la excentricidad de Crisp, sino también sus ansias de vivir sin concesiones, de ser quien era sin ceder ante las presiones sociales.

La canción, aunque no fue un gran éxito comercial en su lanzamiento, se convirtió con el tiempo en uno de los temas más queridos de Sting. El videoclip, dirigido por David Fincher, alterna imágenes del cantante caminando por Nueva York con escenas de Crisp, en un documento tremendamente tierno que trata a la artista con la dignidad que merecía.

Pero Crisp siguió creando antes y después de aquel fortuito encuentro de la historia del pop. Escribió libros como ‘Resident alien’, ‘How to become a virgin’ y ‘How to go to the movies’, trabajó como columnista y se mantuvo activo en el panorama artístico hasta sus últimos días. De hecho, la muerte la sorprendió en un viaje de trabajo, precisamente, en su Inglaterra natal, en Manchester.

Hoy, cuando escuchamos ‘Englishman in New York’ no podemos evocar solo a Sting caminando por la Gran Manzana; tenemos que acordarnos también de una persona que caminó durante décadas desafiando prejuicios, que encontró en el arte su mejor arma y que, con humor y talento, enseñó a muchos que ser fiel a la propia identidad es una forma de valentía y resiliencia.

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