Las personas trans extranjeras ya pueden cambiar su documentación: «Mi miedo es que no puedan atenderme»
El nuevo protocolo de Interior permite por primera vez que las personas trans extranjeras modifiquen su nombre y sexo en la documentación de extranjería, aunque el desconocimiento del procedimiento genera incertidumbre entre quienes ya han iniciado el trámite
España se ha convertido, por primera vez en su historia, en el país con más derechos LGTBI de Europa, según el criterio de ILGA-Europe. Uno de esos derechos que ha llevado al país hasta lo más alto de esta clasificación es la autodeterminación de género, que llegó en 2023 gracias a la conocida como Ley Trans, a pesar de que algunas comunidades autónomas lo contemplaran desde 2014 como en el caso de Andalucía, que fue pionera a nivel europeo.
El derecho a la autodeterminación supone, entre otras cosas, que las personas trans no necesiten un informe médico ni psicológico para cambiar sus datos en los documentos oficiales del estado. Y, además, la ley no solo lo contempla para las personas trans españolas, sino que también recogía las demandas históricas del colectivo trans extranjero. Un colectivo que ha tenido que esperar hasta el pasado mes de julio para ver este derecho convertido en realidad. El Ministerio de Interior aprobó un nuevo protocolo que permite modificar los datos identificativos en documentos como la Tarjeta de Identidad de Extranjero (TIE), el Certificado de Registro de Ciudadano de la Unión Europea (CRUE), la Cédula de Inscripción de Extranjero Indocumentado, el Título de Viaje de Indocumentado, la documentación de solicitantes de protección internacional o apatridia, así como los certificados de residencia.
Sin embargo, como reconoce ILGA-Europe, los derechos adquiridos no siempre se traducen en la vida cotidiana de las personas. Y esto no solo lo reconoce la asociación internacional, sino también Freia, mujer trans de Kuwait que reside en España desde hace varios años. «Conseguir la cita no es difícil. Lo que realmente me preocupa es lo que pasará cuando llegue allí, porque no sé si el personal conocerá este nuevo procedimiento», explica Freia, quien ya tiene su cita para cambiar sus documentos en el próximo mes de septiembre, pero con muchas dudas sobre el procedimiento a seguir para acabar con una situación que le ha acarreado problemas para viajar y encontrar vivienda.
Esta mujer explica que no encontró una casilla que recogiera expresamente su petición cuando pìdió la cita dentro del apartado de extranjería de la Policía Nacional. Con esta primera traba, Freia se dirigió a la Asociación Trans de Andalucía (ATA) para obtener más información sobre cómo enfrentarse a este proceso. Allí le explicaron que tenía que solicitar una documentación nueva, además de tener que acreditar que en su país de origen es ilegal el cambiar de nombre y sexo. «En la comisaría están acostumbrados a atender a personas que solicitan una tarjeta nueva, una renovación o un duplicado por pérdida. Pero yo voy a presentarme para cambiar mi nombre y mi sexo como persona migrante, y tengo la sensación de que puede haber bastante confusión», relata Freia con cierta preocupación y miedo.
Una esperanza a medias
Freia desea terminar este proceso. Quiere cambiar su nombre y su sexo. No quiere tener que dar más explicaciones cuando miran sus documentos y no se corresponde con lo que ven físicamente. Solo quiere llevar una vida digna y sin limitaciones. «Cuando vi que Mar –Cambrollé, presidenta de ATA– publicó el vídeo en Instagram, me dio mucha alegría», explica en referencia a cómo se entero de la noticia de que ya iba a poder cambiar sus datos en sus documentos. «Yo estaba precisamente preparando otro trámite: solicitar un título de viaje. Ahora resulta que también voy a tener que cambiar ese documento cuando cambie la tarjeta –de Identidad de Extranjero (TIE)–», cuenta.
Sin embargo, la alegría no tardó mucho en desvanecerse. Freia entró veloz en la página de la Policía Nacional para informarse sobre cómo pedir su nueva TIE y no encontró ninguna opción específica. «No existe ningún apartado que diga algo como 'cambio de nombre y sexo para personas migrantes trans'», afirma con un miedo recurrente: ¿qué va a pasar cuando llegue a su cita de septiembre? «Mi miedo es llegar allí y que me digan que he pedido cita para otro trámite y no pueden atenderme», asegura.
Un miedo que no es infundado, y es que Freia conoce de primera mano lo que supone que sus documentos no reflejen su nombre y sexo. Tras intentarlo el cambio varias veces en Galicia y no conseguirlo por ser una persona migrante, Freia se mudó a Sevilla, donde encontró problemas para buscar piso, además de para viajar. La kuwaití señala que en su pasaporte continúa su «nombre antiguo» y una fotografía «muy desactualizada». «En el aeropuerto de Santiago de Compostela el personal empezó a mirarme con dudas. Tuve que explicar delante de todo el mundo lo que estaba pasando», comenta. Una situación incómoda para Freia que se acentuaba cuando recibía la respuesta que tantas veces había oído ya: «Pero si en España existe una ley que permite cambiar el nombre y el sexo». Y más explicaciones.
Ese fue el primer problema para llegar hasta Sevilla, donde encontró otro: buscar piso. «Quería vivir sola porque tenía trabajo y podía permitírmelo», indica Freia, quien encontraba los inconvenientes cuando enseñaba su documentación. «Varias veces encontré un piso, hablé con la persona propietaria por teléfono y todo parecía ir bien. Yo utilizaba mi nombre, hablaba con mi voz actual y no había ningún problema… Pero, cuando me pedían la documentación y les enviaba la tarjeta de identidad, de repente dejaban de responder igual», relata.
Por este motivo, la búsqueda de piso se alargó durante varios meses, algo que le creó una situación de estrés. «Pensaba: '¿Cómo es posible que no encuentre un piso? Tengo trabajo, tengo ingresos…'. Les enseñaba mi cuenta bancaria, les demostraba que llevaba años trabajando, pero seguía apareciendo ese problema», señala. Freia, que da clases online de inglés a extranjeros, pensaba que no tendría problemas para encontrar casa al tener un trabajo y unos ingresos estables.
Al final, consiguió el piso en el que vive ahora mismo, aunque no fue de la manera más típica. «Lo encontré a través de una plataforma para estudiantes en la que pude reservar el piso sin hablar directamente con la propietaria», cuenta Freia mientras recuerda el complicado tiempo que pasó en un piso compartido y sin aire acondicionado durante el caluroso verano sevillano. «Pero, cuando llegó el momento de firmar el contrato, volvió a pedirme la documentación. Y cuando vio mi tarjeta de identidad, dudó», narra. La agonía de Freia, quien ya había pagado más de mil euros por el piso, aumentaba mientras la propietaria quería consultarlo con su abogada.
En ese proceso, Freia decidió escribirle un «sincero» mensaje por WhatsApp: «Mira, soy una persona trans y toda esta situación es muy complicada. Tengo mi trabajo, no estoy aquí para hacer nada malo. Solo quiero llevar una vida normal. Aquí tienes mi cuenta bancaria. Te voy a pagar el alquiler puntualmente todos los meses. Lo único que quiero es vivir en mi casa, trabajar y cuidar de mi hogar. No voy a ocupar tu vivienda, no voy a destrozarla ni a organizar fiestas. Solo quiero vivir tranquila». Un mensaje que fue clave para que la propietaria tomara una decisión definitiva. «Me respondió agradeciéndome que le hubiera explicado toda la situación y, a partir de ese momento, empezó a tratarme de una manera mucho más cercana. Ya no hablábamos únicamente de documentos y requisitos, sino como dos personas», recalca.
Una nueva vida truncada
Lo primero que pensó Matteo al llegar a España, donde ya lleva más de un año y medio, fue que podría empezar una nueva vida con su nueva identidad y con su nombre elegido. Pero el primer obstáculo apareció muy pronto, porque seguía teniendo el pasaporte con sus datos anteriores. «El primer impacto lo viví cuando tuve que acudir al centro de salud en Sevilla. No me sentía nada cómodo cuando se dirigían a mí utilizando mi nombre anterior», asegura.
Ante estos primeros problemas, Matteo acudió a ATA para asesorarse. Allí le informaron de que podría cambiar su nombre en la tarjeta sanitaria gracias a la legislación andaluza. «Aquello supuso una lucha de más de tres meses hasta que lo conseguí», señala Matteo, quien obtuvo su nueva tarjeta antes de que se aprobara este nuevo protocolo a nivel estatal.
El segundo problema llegó con su situación de protección internacional. «Este trámite depende del Ministerio del Interior, y el problema es que no aceptan el cambio de nombre», hace hincapié. Una solicitud que lleva haciendo, a través de su abogada, desde diciembre de 2024.
Más tarde, Matteo empezó varios cursos de formación y ahí aparecieron nuevos problemas. Cada vez que salían las listas de alumnado aparecía su 'deadname', algo que le genera «mucha ansiedad». «No me siento bien cuando lo utilizan para dirigirse a mí. Es algo que psicológica y emocionalmente me afecta mucho», añade.
Después de tantas trabas en apenas dos años, Matteo ve el final de este proceso en el protocolo recién aprobado. Una aprobación en la que él mismo ha participado. «Yo trabajo con la Plataforma Trans en la Comunidad de Madrid y, junto con Mar Cambrollé y otras compañeras, participé llevando al Congreso de los Diputados la documentación relacionada con estos nuevos protocolos, que se habían elaborado en colaboración con estudiantes de la universidad y diferentes organizaciones», asegura con felicidad.
Para Matteo esto no solo es un cambio en sus documentos, sino que será un cambio en su vida. «Siempre digo que las personas trans renacemos. Y, cuando renacemos, lo hacemos con un nombre y con una identidad que hemos elegido para vivir nuestra vida», insiste, además de asegurar que este es uno de los pasos más importantes de su transición.