'La parada de los monstruos' televisiva
El día que los medios convirtieron a los marginados en bufones
La espectaculización de la marginalidad encontró su cénit a finales de los años noventa y principios de los dos mil con la llegada de los programas de televisión sensacionalista
El ser humano, por naturaleza, siempre se ha acercado a quien ha considerado más débil para aprovecharse de él. Ya desde el patio del colegio arrastramos esta especie de jerarquía en la que unos mandan sobre otros, casi como si fuera una ley no escrita: el rarito, el diferente, el que no encaja en las normas se convierte en la diana de las burlas y es obligado a respetar la voluntad de aquellos que ocupan la punta de la pirámide social. Él, pobrecito, obedece, a ver si así le dejan tranquilo o, si se atreve a aspirar más alto, consigue ser aceptado por las 'élites'.
Es por eso por lo que los marginados siempre han buscado la aprobación social a través del humor y la obediencia. En el barrio o el pueblo, el vecino mariquita era siempre el que contaba los mejores chistes y el que hacía las tonterías más divertidas con el único fin de arrancar las risas de sus allegados. De esta forma, compensaba el estigma que suponía no encajar en una sociedad patriarcal que lo rechazaba frontalmente, pero que le entreabría un poco las puertas del paraíso si, al menos, conseguía entretenerles. En consecuencia, la ridiculización del marginado siempre ha sido la piedra angular del mundo del espectáculo. Desde las cortes reales y sus bufones hasta los circos —la mujer barbuda, el enano torero, el hombre lobo…—, el entretenimiento se ha basado, en muchas ocasiones, en subir al escenario a personas que se salían de la norma tan solo para reírse de ellas.
En nuestro país, esta espectaculización de la marginalidad encontró su cénit a finales de los años noventa y principios de los dos mil con la llegada de los programas de televisión sensacionalista. Primero fue 'Esta noche cruzamos el Mississippi' y después su heredera, 'La sonrisa del pelícano', quienes convirtieron la ridiculización y la explotación de los menos favorecidos en contenido de consumo audiovisual para todos los públicos. El modelo se instaló de forma definitiva con 'Crónicas Marcianas' y Javier Cárdenas, el reportero sin escrúpulos que ponía a estos 'frikis' en mil y un aprietos. Los posteriores programas de cotilleo, tales como '¿Dónde estás, corazón? o 'Salsa rosa', recogieron el testigo y dedicaron el último tramo de sus programas a entrevistar —cuando no enfrentar— a estos personajes. Al carro también se subió, ya en la segunda década del siglo XXI, la versión nocturna de 'Sálvame'.
Si echamos un vistazo al elenco de 'fenómenos' con los que la televisión hacía su agosto, nos daremos cuenta de que la mayoría de ellos tenían dos cosas en común. La primera es la disidencia sexogenérica. Muchos eran personas LGTBIQ+ o, cuando menos, leídos como tal —durante mucho tiempo, Tamara fue 'señalada' de ser una mujer trans, por ejemplo—. El otro factor es la clase, puesto que venían de la precariedad, de la prostitución y/o de la pobreza. Es decir, la experiencia de estos personajes estaba atravesada por una doble opresión: la de su orientación/identidad sexual y la de su condición de personas con pocos recursos y escasa formación. El caldo de cultivo perfecto para la explotación.
Pero al igual que las flores de loto, que germinan entre el fango de los estanques, gran parte de estos personajes han conseguido instalarse en la memoria colectiva de nuestro país y ser recordados con cariño. Esto no anula el sufrimiento y la ridiculización a la que fueron sometidos —y tampoco nos libra de cierta romantización de la marginalidad, seamos sinceros—, pero hoy desde Six queremos rendirles un homenaje. Algunos consiguieron hacerse dueños de sus destinos y convertir el esperpento en una forma consciente de ganarse el pan, pero otras fueron víctimas de un sistema caníbal y sin escrúpulos que tan solo quería ostentar sus miserias para crecer en audiencia. Sea como sea, muchos de estos nombres quedarán grabados para siempre en la historia de la televisión de nuestro país y han acabado convertidos, como ya estamos viendo, en auténticos iconos pop.
Manolito Pozi
Un hombre sexagenario travestido contesta a la mayoría de preguntas con un pizpireto «pozi» y, de vez en cuando, se arranca con monólogos de su personaje de Ama Rosa. Este es el resumen de la trayectoria televisiva de Manuel Reyes Millán, a quien presentadores como Jesús Quintero, Xavier Sardá o Jaime Cantizano sentaron en sus platós a finales de los noventa y principios de los dos mil. Homosexual reconocido —siempre que podía le tiraba la caña a alguien, casi como un juego—, murió en 2012 en una residencia después de arruinarse y vivir en la calle durante varios meses.
Carmen de Mairena
Poco se puede decir que no se sepa ya de este gran personaje que, sin duda alguna, se instalado en la memoria colectiva de nuestro país. Sus rimas soeces se hicieron archiconocidas —«Como soy una mujer madura, me he puesto en el coño una cerradura»— y la gente se mataba por hacerse con sus películas porno. No obstante, Carmen era cantante, incluso antes de transicionar, y siempre reconoció que le hubiera gustado ser como Carmen Amaya, una importante artista flamenca. Sin embargo, acabó por subirse al carro del 'frikismo' para sobrevivir, aunque eso no fuera lo suyo. «Esto es una marranada y un escándalo, pero como mi imagen ya está sobre escándalo… venga escándalo», llegó a reconocer en un documental.
Universo Tamara
El culebrón que montó Tamara/Ámbar/Yurena junto a Tony Genil, Leonardo Dantés y Paco Porras, entre otros, consumió horas y horas de televisión. El tamarismo fue el gran fenómeno de comienzos de siglo: número uno en ventas, portadas en los medios más prestigiosos, canciones compuestas por los mejores letristas de nuestro país… Entre carcajada y carcajada esta artista inclasificable batió varios récords, pero también sufrió todo tipo de escarnios —«A Tamara un nabo», le dijo Paco Porras en un plató antes de tirarle uno a la cabeza ante una Inés Ballester perpleja—. Recientemente, la serie 'Superestar' rescató el fenómeno, llevándolo a un lenguaje surrealista y dulcificando la verdadera historia.
La Pantoja de Puerto Rico
En España, la imitación que Carlos Latre hacía de la Pantoja de Puerto Rico en 'Crónicas marcianas' se hizo más famosa que la propia imitadora, una conocida transformista que vivía en Miami. Ruddys Martínez era una mujer trans que fue expulsada de su casa siendo muy jovencita tan solo por ser diferente. Quizá por eso dedicó toda su vida a acoger jóvenes LGTBIQ+ sin hogar, llegando a crear incluso una fundación que lleva su nombre artístico real, Mami Ruddys. No obstante, aquí en España siempre será recordaba por la parodia trasnochada de Latre y su inseparable «¡y essso!», coletilla que Ruddys, en realidad, nunca usó.
Marisol, 'la falsa cirujana'
El caso de Marisol representa a la perfección lo que tuvieron que sufrir las mujeres trans en décadas anteriores para convertirse en quienes realmente eran. En una época en la que los tratamientos no tenían cobertura por parte del sistema público de salud, Marisol se dedicaba a inyectar silicona líquida a otras mujeres trans en un piso clandestino del Raval. Cristina La Veneno llegó a decir que inyectaba aceite de aviones y aseguró que le hizo desgracias a varias amigas —entre ellas, Paca la Piraña—. Finalmente, Marisol fue detenida por la policía, ya que sus 'operaciones' causaron malformaciones y grandes secuelas físicas a algunas chicas. Todo ello, por supuesto, fue retrasmitido casi en directo por los programas del momento, sentando en plató a las implicadas, banalizando el tema y creando verdaderos enfrentamientos.
La Veneno
Si hay una persona que representa a la perfección el espíritu de estos personajes que vivieron de la televisión y que, al mismo tiempo, fueron usados por ella, es Cristina Ortiz. Pasó por todos los programas, desde el 'Mississippi', donde fue descubierta, a 'Sálvame', concediendo una entrevista poco antes de morir. Soez, descarada y deslenguada, se convirtió en el fetiche de la televisión de los noventa y en el juguete roto perfecto para pasear por los medios cuando salió de la cárcel. Se peleó con casi todos sus coetáneos —el enfrentamiento con Nova ha pasado a la posteridad gracias a frases del estilo «¿Qué currículum tiene esta tarántula?»— y acabó muriendo en extrañas circunstancias cuando parecía que estaba volviendo a resurgir de sus cenizas gracias a la publicación de sus memorias.