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Emannuel Lafont en su tienda.

De ilustrador autónomo a regentar una tienda de artesanía: cuando un artista se reinventa

El artista Emmanuel Lafont acaba de abrir un negocio en Benalmádena en el que prima el producto local y hecho a mano, con el que busca «una vida más tranquila»

«Ya no vengo más», dice una clienta mientras posa diferentes artículos artesanales sobre el mostrador de la tienda 'A sol y sombra'. Un comentario que refleja ese poder del arte. Una vez que atraviesas esa puerta, estás destinado a comprar. Las estanterías llenas de detalles: postales pintadas a mano, accesorios de arcilla, sombreros de mimbre... Un sinfín de productos con garantía de calidad y de artesanía. Todo ello regentado por el artista Emmanuel Lafont junto a su marido Francisco García Macías en este establecimiento recién abierto en pleno centro de Benalmádena, en el que conviven obras de diferentes artistas andaluces.

Cierto es que 'A sol y sombra' no acaba de llegar al pueblo. La tienda llevaba abierta alrededor de cinco años, pero Lafont acaba de coger las riendas y darle su propio toque sin perder la esencia. Antes de ser dueño, el ilustrador ya dejaba ver muestras de su arte en este mismo lugar a través de postales de Benalmádena pintadas a mano. «El pasado septiembre vine a traer un pedido y la entonces dueña me dijo que volvía a Barcelona y no sabía si cerrar o traspasar la tienda. En ese mismo instante lo tuve clarísimo: la tienda era para mí», recuerda tras el mostrador en una jornada inusualmente tranquila.

Parte del interior de 'A sol y sombra'.
Parte del interior de 'A sol y sombra'.

Lafont reconoce que llevaba tiempo hablando con su marido sobre «apostar por otra cosa». Estaba cansando del funcionamiento del ámbito artístico, de tener que estar siempre activo, de enseñar lo último que ha hecho... «Cuando surgió la posibilidad de quedarme con la tienda, sentí que era exactamente lo que estaba buscando», hace hincapié. Una llamada a su madre reafirmó su idea. Y que su marido se lanzara junto a él en esta aventura, la reafirmó aún más.

De artista autónomo a dueño de una tienda

Abrir una tienda conlleva unas responsabilidades más allá de levantar la persiana cada día: un horario, burocracia, facturación... Lafont sigue siendo su propio jefe, pero ahora tiene que adaptarse a las demandas de su establecimiento. «La burocracia y el papeleo son una de las cosas que peor llevo, pero decidí liarme la manta a la cabeza y hacerlo», cuenta el artista, al que este nuevo proyecto también ha ayudado a solucionar algunas heridas que arrastraba.

El ilustrador sufre de ansiedad. Una ansiedad que había vuelto en la última época, según cuenta, debido al sobrepensamiento. «Mi profesión implica pasar muchísimas horas solo, dibujando y encerrado, y eso hacía que tuviera demasiado tiempo para pensar», indica. Ahora, con una rutina diaria que lo mantiene ocupado, Lafont ha vuelto a apartar este problema de su vida.

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Y no es lo único a lo que ha dicho adiós. O, al menos, hasta luego. Las redes sociales se han unido a esta lista. El artista se ha cansado de tener que publicar cada trabajo que realiza. No quiere. Le supone un desgaste mental. «El mundo digital me parece muy útil, pero a mí no me resulta sano. No es el tipo de vida que quiero llevar», afirma sobre cómo interviene este ámbito en la profesión del artista.

«Sentía que la ilustración me obligaba constantemente a aparecer, a enseñarme y a buscar aprobación. Era como estar rindiendo examen todo el tiempo, y eso me tenía muy cansado», reconoce. Es más, la anterior dueña de 'A sol y sombra' le insistió en que no olvidara la web y el Instagram, pero ha decidido, por el momento, apartar estas obligaciones que lo único que hacían era hacerle sentir mal por no estar suficientemente presente en ellas. «Mi objetivo vital, no solamente con la tienda, es vivir cada vez más tranquilo», dice.

Los clientes, el motor

Más allá de tener su propio negocio, Lafont aprecia el trato humano, el contacto con los clientes, el intercambiar impresiones y gustos. El artista recuerda a unos clientes libaneses afincados en Málaga que, tras meses sin pasar por allí, volvieron con un regalo: unas libretas ilustradas por un artista libanés. «Me cuesta estar en grupos muy grandes, no me gusta demasiado salir de fiesta, me molestan los ruidos y ese tipo de cosas. Sin embargo, sí echaba de menos el contacto de tú a tú», asegura.

Los clientes también son indicadores del rumbo que debe coger el negocio. A pesar de haber mantenido la base de la tienda: artesanía andaluza, Lafont y García le han aportado su propio toque. El matrimonio, aficionado a comprar en tiendas de segunda mano durante sus viajes, ha introducido un mueble donde tienen estos objetos, así como gráfica, collage e ilustración.

El artista trabaja por adaptar el enfoque de la tienda al nuevo turismo de Benalmádena: mientras antes abundaban las personas mayores del norte de Europa, tras la pandemia empezó a acudir más gente joven. Y han apostado por técnicas artesanales que han descubierto como el trabajo con bargueños, además de añadir las obras de nuevos artistas y artesanos como Mother Magic (Carol Arán); Asis Percales, un ilustrador de Granada que vive en Barcelona; Migue Tomé, fotógrafo; cerámica de talleres de Churriana y de otros artesanos de Coín; piezas de Úbeda; esparto de Jaén; y joyería de Azul Añil, en Sevilla. También trabajan con gente de Frigiliana y con personas del propio pueblo. «Por ejemplo, tenemos todavía algunas piezas de Frasquito, un vecino del pueblo que falleció el año pasado y que trabajaba fibras similares al esparto», relata.

Y no solo es adaptarse al turismo, también a otras personas que ven la tienda como un modo de distracción, como aquellas que tienen problemas de movilidad y no pueden ir a otras zonas de Benalmádena. «Varias mujeres nos preguntaron por pastilleros. Nunca se me habría ocurrido vender un pastillero, pero ellas buscaban algo que además tuviera relación con el pueblo, algo diferente al típico pastillero», cuenta.

Más del 85%, los clientes de 'A sol y sombra' son extranjeros, pero hay diferencia entre quienes viven en el pueblo y quienes están de paso. Los que regresan buscan recuerdos que quepan en la maleta, mientras que los que se quedan quieren decorar sus casas de una manera singular, para quienes hay objetos más grandes como persianas de esparto. «La gente está muy interesada en recuperar el contacto con objetos hechos a mano y con cierta identidad», afirma Lafont, quien lucha por no convertir su negocio en «la típica tienda de recuerdos llena de productos industriales iguales a los que puedes encontrar en cualquier sitio».

Con la mirada puesta en vivir una vida tranquila, con una rutina que no había tenido antes y rodeado de arte, Emmanuel Lafont ha encontrado en esta acogedora tienda de Benalmádena su refugio, otra manera de estar presente en su ámbito laboral y, lo más importante, una nueva forma de relacionarse con el arte.

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