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Divine, 33 años después: una tragedia que la comunidad LGTBI de Chile se niega a olvidar

El incendio de la discoteca gay de Valparaíso dejó 16 personas muertas en 1993. Más de tres décadas después, la memoria de las víctimas permanece viva y la comunidad LGTBI sigue reivindicando verdad, justicia y el derecho a vivir con dignidad y seguridad

Anteriores manifestaciones en Valdeparaíso
Víctor Rojas

La madrugada del sábado 4 de septiembre de 1993, alrededor de 70 personas bailan, ríen y se divierten sin imaginar que, en pocos minutos, sus vidas cambiarán para siempre. Un incendio en la discoteca Divine, en Valparaíso, dejará 16 personas muertas, según la investigación oficial.

Es Chile. Han pasado apenas tres años desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet y la comunidad LGTBI continúa enfrentándose a una profunda discriminación social y a un marco legal que todavía criminaliza las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. En ese contexto, Divine se había convertido en un refugio: una discoteca gay donde muchas personas podían encontrarse, bailar y expresarse con una libertad que difícilmente encontraban fuera de sus puertas.

Más de 30 años después, la tragedia continúa rodeada de incógnitas y ocupa un lugar central en la memoria de la comunidad LGTBI de Valparaíso. Hoy, 5 de septiembre, la ciudad vuelve a acoger una marcha para recordar a las víctimas y reivindicar que lo ocurrido no caiga en el olvido. «La Marcha Divine es, ante todo, un ejercicio de memoria, pero también una pregunta por el presente: ¿qué garantías existen hoy para que las personas LGTBIQA+ podamos vivir con dignidad y seguridad?», asegura la Mesa de Diversidades y Disidencias Sexuales de Valparaíso, un espacio de participación que reúne a organizaciones sociales, comunitarias y políticas para trabajar conjuntamente por los derechos de la diversidad sexual y de género, en conversación con SIX.

Las reivindicaciones de la comunidad disidente de Valparaíso parten de una concepción integral de la seguridad. «No hablamos solo de prevenir agresiones, sino también de garantizar acceso a una salud digna y libre de discriminación, incluyendo atención para personas trans, salud mental, derechos sexuales y reproductivos y recursos para el cuidado y la prevención», explican desde la Mesa. Entre sus principales demandas también se encuentra una educación sexual integral y universal que no dependa de «la voluntad de cada establecimiento» y que aborde la sexualidad desde «los afectos, el consentimiento, los vínculos y las redes de cuidado, y no únicamente desde el miedo o la biología».

La Mesa de Diversidades y Disidencias Sexuales de Valparaíso reclama asimismo políticas de inclusión laboral, vivienda, alimentación y educación, con especial atención a «las condiciones de vulnerabilidad que afectan a muchas personas de las disidencias sexuales y de género». A ello suma la exigencia de «verdad y justicia» frente a las violencias que históricamente ha sufrido esta comunidad. «Recordar la Divine es recordar vidas que se perdieron. Pero también es preguntarnos qué estamos haciendo hoy para que ninguna otra persona tenga que vivir con miedo por ser quien es», recalcan.

«En Chile y Valparaíso han existido desde este hecho, varios acontecimientos relacionados con la quema y asesinato de personas transexuales y no-heteros. Esto, si bien produce dolor, miedo y angustia en nuestras comunidades, también nos da la suficiente fortaleza para buscar unirnos, cuidarnos, hay muchas agrupaciones diversas y disidentes en Valparaíso», defienden. Aunque reconocen que en la ciudad es común ver «personas vestidas de todas las identidades de género» y de la mano con sus amores«. »Queremos recordarnos esto siempre, a quienes sobrevivieron la dictadura, a quienes lucharon por sus derechos y a las generaciones más jóvenes, no importa cuanto odio recibamos, en comunidad podemos encontrar alegría y orgullo en nuestros amores cuando son coherentes«, indican.

La tragedia

Cada fin de semana, la discoteca Divine funcionaba como un lugar de encuentro. Para muchas personas, se había convertido en un espacio de libertad y orgullo; un lugar donde no tenían que esconderse ni ocultar su identidad, como sí ocurría de puertas afuera en un contexto especialmente hostil para la comunidad LGTBI. Hasta que un incendio arrasó el local y acabó con la vida de 16 personas. «El contexto era bastante duro, secretista y peligroso, incluso», afirman. Un contexto que ha cambiado, pero que sigue siendo preocupante: sigue habiendo varias veces al año asesinatos de personas LGTBI y lesiones graves. «En general, hay mas información sobre diversidades sexuales, de género e incluso relacionales. Hay ferias públicas, hay leyes anti discriminación, y en algunos sectores, hay direcciones de género y diversidades municipales como Valparaíso. Si bien, en algunos trabajos formales las formas no hetero ya no son tan discriminadas, las personas transexuales aún viven muchisima discriminación, transfobia y exclusión laboral o economica, a demas de ser los principales focos de odio y atentados hoy en día».

La discoteca estaba situada en un segundo piso y el acceso desde la calle se realizaba a través de una escalera larga y estrecha. Allí comenzó el fuego mientras los asistentes presenciaban un espectáculo drag. Las primeras llamas aparecieron en la zona de acceso al recinto. En cuestión de segundos, los gritos y la desesperación sustituyeron a la música. Con la escalera principal bloqueada por el fuego, quienes intentaban escapar buscaron otras vías de salida. Las pocas ventanas del segundo piso estaban, según los antecedentes recogidos posteriormente, selladas o bloqueadas con estructuras de madera y elementos decorativos.

También existía una salida de emergencia que se encontraba cerrada con un candado y que, además, abría hacia el interior. La presión de las personas que intentaban huir dificultaba todavía más su apertura. Finalmente, la puerta pudo abrirse, aunque las circunstancias exactas de ese momento han sido objeto de distintas versiones. La propia decoración del local contribuyó a la propagación del fuego. Los muros, el techo y el suelo estaban revestidos con alfombras y telas sintéticas fijadas con adhesivos industriales. Al arder, estos materiales generaron un humo negro y denso y gases tóxicos que contribuyeron a la muerte de varias de las víctimas.

En el exterior, la calle Chacabuco se llenó rápidamente de personas atraídas por la magnitud del incendio. Las crónicas y testimonios recogidos después del siniestro describieron también un ambiente marcado por la homofobia. Algunos testigos aseguraron haber escuchado insultos y expresiones de celebración de la muerte de los asistentes, así como referencias al incendio como un supuesto «castigo de Dios».

La hostilidad tampoco terminó en la calle. Algunos supervivientes denunciaron posteriormente un trato policial humillante y violento. Muchos habían salido del local semidesnudos, debido al calor, a las quemaduras o a la pérdida de sus ropas durante la huida. Según sus testimonios, algunos agentes se burlaron de su apariencia o de quienes ejercían el transformismo y los increparon por su orientación sexual.

El miedo a ser identificados públicamente como homosexuales tuvo consecuencias incluso después de abandonar el lugar. Algunos supervivientes evitaron acudir a hospitales públicos o buscaron atención médica de manera privada. En una sociedad donde la discriminación podía traducirse en consecuencias laborales, familiares y sociales, revelar que se había estado en Divine podía implicar un nuevo riesgo.

La investigación

La investigación del incendio de Divine estuvo marcada por los prejuicios y las limitaciones institucionales de la época. Tras el siniestro se abrió una causa penal, pero los supervivientes denunciaron después que parte de la investigación estuvo atravesada por preguntas e interrogatorios relacionados con su orientación sexual y con el transformismo, en lugar de concentrarse en esclarecer las circunstancias del incendio. «Creemos fervientemente que no ha existido una forma de reparación histórica de este suceso que marcó generaciones. Además, la investigación se llevó a cabo finalmente por la única organización nacional que ha apoyado coaliciones políticas pro dictadura», sostienen.

Seis meses después del siniestro, el juez decidió archivar y sobreseer la causa al considerar que no podía determinarse si el incendio había sido intencional o fortuito. La falta de una conclusión sobre el origen del fuego alimentó distintas versiones sobre lo sucedido. Entre ellas cobró especial fuerza la hipótesis de que el incendio había sido provocado mediante el lanzamiento de una bomba al interior del local y que detrás podía encontrarse una agrupación violenta. Con el tiempo, esta versión contribuyó a instalar en el imaginario colectivo la idea de que Divine había sido víctima de un atentado homófobo.

Durante años, la hipótesis del atentado homófobo ocupó el centro del relato sobre Divine. Los propietarios del local, Nelson Arellano y Arturo Masafierro, sostuvieron desde los primeros días que el incendio había sido provocado y que alguien había lanzado un artefacto incendiario desde el exterior. La versión fue recogida por medios de comunicación y asumida también por parte del movimiento de la diversidad sexual. Sin embargo, con el paso del tiempo, aquella hipótesis fue perdiendo sustento. «En Valparaíso en los grupos de diversidades y disidencia no hemos creido del todo los resultados de la investigación. Debido a los intereses de blanquear constantemente las injusticias, homofobias y transfobias de esos sectores. Por ejemplo, en la resolución, no se aseguró el acompañamiento psicológico y psiquiátrico de las personas supervivientes, que es lo minimo que el Estado podría proveer ante una tragedia de esta magnitud», señalan.

La reapertura de la investigación en 2003 permitió revisar testimonios, peritajes y antecedentes que no habían sido suficientemente explorados durante la primera investigación. En 2006 comenzaron a aparecer nuevas pruebas que apuntaban a un sobrecalentamiento de los conductores eléctricos situado en la zona de acceso al local. Los informes de Bomberos, la Policía de Investigaciones, la Superintendencia de Electricidad y Combustibles y nuevos peritajes terminaron reforzando esa explicación.

La investigación también encontró graves irregularidades en las instalaciones. Existía una instalación eléctrica no declarada ante los organismos fiscalizadores y se habían incorporado equipos de elevado consumo sin que se hubiera adaptado adecuadamente el sistema. Según los antecedentes incorporados a la causa, durante las semanas anteriores al incendio se habían realizado modificaciones eléctricas que incrementaron la carga del recinto.

Pero el problema no estaba solo en el origen de las llamas. La investigación posterior puso el foco en las condiciones que hicieron que un incendio pudiera convertirse en una tragedia masiva. La salida de emergencia estaba cerrada con cadena y candado y se abría hacia el interior, una circunstancia muy peligrosa cuando decenas de personas intentaban escapar al mismo tiempo. Bomberos que habían inspeccionado antes el recinto habían advertido de la necesidad de mantener esa vía de evacuación despejada.

A ello se sumaban los materiales utilizados en el interior del local y las deficientes condiciones de seguridad. El fuego encontró un espacio cargado de revestimientos y elementos combustibles, mientras el humo dificultaba la respiración y la visibilidad. En cuestión de minutos, una discoteca que había funcionado como refugio para una comunidad discriminada se convirtió en una trampa.

La investigación posterior permitió además establecer definitivamente el número de víctimas: fueron 16 personas. Catorce murieron por carbonización, una por asfixia y otra como consecuencia de una caída. También se pudo reconstruir con mayor precisión el número de personas heridas: los registros oficiales contabilizaron 14 atendidas en el Hospital Carlos van Buren, mientras otras 15 recibieron atención médica privada.

La resolución de la jueza Patricia Montenegro, en 2010, supuso el cierre definitivo de una investigación que se había prolongado durante 17 años. La magistrada estableció que el incendio estuvo relacionado con la deficiente mantención del sistema eléctrico del local y consideró que, de haberse actuado dentro del plazo legal, podrían haberse establecido responsabilidades por cuasidelito de homicidio. Sin embargo, para entonces la acción penal había prescrito. No hubo, por tanto, una condena penal efectiva.

La conclusión judicial modificó así uno de los elementos centrales de la memoria de Divine. La investigación no encontró pruebas que acreditaran un atentado homófobo. La tragedia no fue esclarecida como un ataque organizado contra la comunidad homosexual, sino como el resultado de una combinación de deficiencias eléctricas y graves incumplimientos de las condiciones de seguridad del recinto. La propia investigación del Movilh sostuvo que la hipótesis del atentado había desviado durante años la atención sobre las responsabilidades que finalmente quedaron señaladas en el expediente.

Pero que la justicia llegara a esa conclusión no significa que las heridas se cerraran. Para los supervivientes y familiares, el problema no fue solo haber perdido a 16 personas. También fue haber tenido que atravesar una investigación en la que su orientación sexual y su identidad fueron, según los antecedentes recopilados antes, objeto de una atención que desplazó durante demasiado tiempo las preguntas esenciales: qué había ocurrido dentro de Divine, por qué las condiciones de seguridad eran tan deficientes y quién debía responder por ello.

En 2005, doce años después del incendio, se instaló en el lugar una placa con los nombres de las víctimas. El monumento recuerda a quienes murieron aquella madrugada y mantiene visible la relación entre el espacio físico de la tragedia y la memoria de la comunidad LGTBI de Valparaíso.

Hoy, más de tres décadas después, Divine sigue siendo mucho más que el recuerdo de un incendio. Es también la memoria de una época en la que muchas personas tenían que esconder quiénes eran para protegerse de la discriminación; el recuerdo de quienes murieron en un espacio que habían convertido en refugio; y el símbolo de una investigación que tardó años en llegar a conclusiones que ya no podían traducirse en una condena penal.

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