'Casa Susanna', el refugio secreto donde padres de familia podían vestirse de mujer antes de Stonewall
Detrás de aquel espacio estaba Tito Arriagada, un inmigrante chileno que, cuando cruzaba la puerta de aquella casa, se transformaba en Susanna Valenti
Una década antes de los disturbios de Stonewall Inn, cuando el travestismo seguía estando perseguido y considerado una enfermedad mental, existió un lugar en las afueras de Nueva York donde decenas de personas encontraron algo tan sencillo, y a la vez tan revolucionario, como la posibilidad de expresarse como sentían. Era un hotel conocido como Casa Susanna y, durante años, funcionó como un refugio clandestino para hombres que querían vestir ropa femenina lejos del juicio social y de la persecución legal.
Detrás de aquel espacio estaba Tito Arriagada, un inmigrante chileno que, cuando cruzaba la puerta de aquella casa, se transformaba en Susanna Valenti. Fue él quien creó este club privado para que otros hombres, la mayoría casados, con hijos y que en aquel momento se definían como heterosexuales, pudieran expresarse libremente en una época en la que hacerlo podía costarles el trabajo, la familia o incluso la libertad. A diferencia del imaginario asociado a las drag queens, en Casa Susanna no predominaba lo camp: muchos de sus visitantes performaban la imagen de la esposa perfecta o de la dama respetable de la alta sociedad.
Curiosamente, el club tenía un estricto código de conducta que excluía a quienes se identificaban como homosexuales o transexuales, aunque con el paso del tiempo, muchos de aquellos asistentes acabarían saliendo del armario como tales. Visto desde el presente, Casa Susanna representa una realidad llena de contradicciones: fue al mismo tiempo un espacio seguro y una consecuencia directa de la represión, la homofobia interiorizada y el miedo que marcaban la vida de las personas LGTBQ+ en los años cincuenta y sesenta. Hoy, aquel universo oculto ha podido reconstruirse gracias a las fotografías conservadas de sus reuniones y al documental producido por el canal francés ARTE, que recupera la memoria de uno de los capítulos más singulares y menos conocidos de la historia queer.