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Nacha la Macha: «Para celebrar el nuevo transformismo no tenemos que olvidar a quienes ya estaban aquí»

Tras más de dos décadas sobre los escenarios, la artista regresa al bar LL de Chueca y reivindica el legado de quienes abrieron el camino del travestismo en España

Nacha la Macha, icono del transformismo.
Víctor Rojas

Nacha la Macha regresa a Chueca. Y lo hace con la misma entrega con la que ha pisado grandes escenarios y musicales como 'Malinche'. Icono del transformismo patrio, reivindica a los pioneros que abrieron camino, celebra la visibilidad que vive hoy el drag y reclama que la modernidad no borre la memoria de una profesión con una larga historia. No solo lo hace en esta entrevista, sino también en su canción 'El arte sigue aquí'. Durante la conversación también se le pregunta por su distanciamiento con Supremme de Luxe, por Paco España, el edadismo y habla de su necesidad de seguir subiéndose a un escenario.

Se acaba de anunciar tu vuelta al LL, ¿qué significa este local para ti?

Muchísimo. Cuando llegué a Madrid en 2003, el LL era el local donde todos queríamos actuar. Me llamaron para hacer una prueba, gusté y me quedé. Y acabó convirtiéndose en mi gran escuela. Creo que el mundo drag y el ocio nocturno madrileño le deben mucho a ese local. Además, tiene algo que me fascina: abre de lunes a lunes. De hecho, una de las leyendas urbanas dice que de ahí viene lo de LL. Entres el día que entres, siempre hay show, gente de todas partes del mundo y ganas de divertirse. El LL es como un pequeño universo aparte: cruzas la puerta, dejas fuera tus problemas y durante unas horas solo vienes a divertirte.

¿Cómo ha cambiado el público de Chueca desde que comenzaste allí?

Ha cambiado en muchas cosas, pero en lo fundamental no. Las ganas de divertirse son exactamente las mismas. Chueca ha trascendido al propio colectivo y se ha convertido en un lugar al que todo el mundo viene buscando pasarlo bien. Y también ha cambiado la mirada hacia nuestro trabajo. El transformismo siempre ha sido fundamental en Chueca y el público siempre nos ha querido y aplaudido, pero antes estaba mucho más encerrado en el gueto. Podías ser una estrella allí dentro y prácticamente no existir fuera. Hoy el drag se ha profesionalizado, ha llegado al 'mainstream' y hay artistas con nombre propio. Y eso ha hecho que también se nos mire de otra manera: antes éramos parte de la diversión; ahora, además, se nos reconoce como profesionales del espectáculo.

(Massa)

¿Qué supone volver a las salas de manera fija después de tantos años en musicales y un poco más alejada de este mundo?

Para mí, en realidad, no hay tanta diferencia. Evidentemente, un gran musical exige una dedicación bestial. En Malinche hacía una función de casi cuatro horas y ocho pases semanales. Pero yo ya venía entrenado de la noche: siempre la he afrontado con la misma responsabilidad con la que afronto un teatro. El público está de fiesta, bebiendo y divirtiéndose, pero yo estoy trabajando. Para mí el compromiso con un escenario no depende de si tienes delante una gran producción o estás actuando de madrugada en un local de Chueca.

Hace unos meses publicaste la canción 'El arte sigue aquí', ¿sentías que el arte se había ido?

No, precisamente el título dice lo contrario: el arte sigue aquí. La canción nace más bien de mirar todo lo que está ocurriendo ahora con el drag y preguntarme: ¿y qué pasa con todo lo que había antes? Porque me parece maravilloso que haya nuevas generaciones, nuevas formas de hacer transformismo y que el drag haya alcanzado una visibilidad enorme. Pero a veces parece que para celebrar lo nuevo tenemos que olvidar de dónde venimos. Y yo quería reivindicar precisamente eso: que antes de que todo esto tuviera tanta visibilidad hubo muchísimos artistas abriendo camino, creando un lenguaje y subiéndose a escenarios cuando hacerlo era bastante más difícil. No es una canción contra lo nuevo. Es una manera, con mucho humor, de decir: bienvenido todo lo que venga, pero no olvidemos a quienes ya estaban aquí.

Referentes

«RuPaul no me ha influenciado absolutamente en nada. Me han influenciado Sandra Montiel, La Esmeralda,Toni Bell, Paco España o La Otxoa»

Nacha la Macha

Transformista

En la canción también rechazas términos como 'lipsync' o 'drag'. ¿Crees que se están perdiendo nuestras tradiciones por culpa del modelo americano?

Yo no rechazo ni el término 'lipsync' ni la palabra 'drag'. De hecho, cuando canto «ahora mover la boca van y le llaman lipsync» lo hago desde el humor. Es una crítica, sí, pero una crítica constructiva. No creo que la culpa sea del modelo americano. Ellos tienen su cultura y nosotros la nuestra. Lo que me hace gracia es que a veces parece que necesitamos ponerle un nombre en inglés a algo que aquí llevamos haciendo toda la vida. Y me parece estupendo todo lo nuevo que ha llegado y la enorme visibilidad que ha conseguido. Lo único que reivindico es que no perdamos nuestra memoria por el camino. Porque España tiene una tradición de transformismo maravillosa y unos referentes propios. A mí, por ejemplo, RuPaul no me ha influenciado absolutamente en nada. A mí me han influenciado Sandra Montiel, La Esmeralda, Toni Bell, Paco España o La Otxoa. Esos son mis referentes y de ahí vengo yo.

La canción puede parecer un ataque a 'Drag Race'. ¿Cuál es tu opinión real sobre ese programa?

Quien vea en la canción un ataque a 'Drag Race' es que no ha entendido nada. En el videoclip aparecen casi cien nombres de artistas drag y muchas han pasado por el programa: Carmen Farala, Pupi Poisson, Jota Carajota, Pink Chadora, Satín Greco…Sería bastante incoherente atacar el programa mientras homenajeo a sus concursantes. A mí 'Drag Race' me parece maravilloso en muchas cosas. Ha despertado la fascinación por el drag, ha inspirado a nuevos artistas y ha mostrado al gran público la persona y el sacrificio que hay detrás del personaje. ¿Que también soy crítico? Por supuesto. No me gusta convertir el arte en una competición ni que la televisión cree jerarquías artísticas como si fueran verdades absolutas. Que una productora coloque a alguien en un determinado lugar no significa que toda una profesión tenga que reconocerlo como su máximo referente. La visibilidad y la trayectoria artística no siempre son la misma cosa. Y poder decir esto no significa estar en contra de 'Drag Race'. Precisamente porque respeto el programa, puedo celebrar lo que me gusta y cuestionar lo que no.

Javi Hoyos interpretó esta canción como un ataque directo a Supremme de Luxe, ¿qué hay de cierto en esto?

Bueno, ser protagonista de un salseo de Javi Hoyos ya me parece un triunfo. Y además le agradezco muchísimo que se hiciera eco de la canción. ¿Que hay referencias? Claro. Cuando digo «que antes del sashay, te vas ya reinaban en los clubs…» evidentemente estoy jugando con una frase de 'Drag Race' que también utiliza Supremme. No voy a hacerme ahora la tonta. Pero reducir toda la canción a una guerra entre ella y yo sería quitarle prácticamente todo su sentido. Además, hay algo que se olvida: venimos del mismo transformismo, hemos crecido artísticamente en los mismos espacios y hemos sido compañeras durante muchísimos años. Estoy convencida incluso de que compartirá buena parte del mensaje de la canción, porque conoce perfectamente esa historia y esos referentes. 'El arte sigue aquí' habla de generaciones, de cómo ha cambiado el transformismo y de la importancia de recordar de dónde venimos. Supremme forma parte de esa historia, pero ni mucho menos es la protagonista de mi canción.

¿Ha cambiado en algo vuestra relación desde que contaste el motivo de vuestro distanciamiento?

No, absolutamente nada. No hemos vuelto a coincidir ni ha habido ningún tipo de acercamiento. Yo ya conté por qué se rompió nuestra relación: accedí a una conversación privada —y siempre he reconocido que eso estuvo mal— y descubrí que una persona a la que respetaba y con la que había compartido muchos años hablaba de mí y de mi trabajo en unos términos que me hicieron muchísimo daño. Ese fue el motivo del distanciamiento. Durante años yo no conté mi versión, mientras que en nuestro entorno artístico y profesional sí circulaba un relato sobre lo ocurrido que me perjudicó mucho profesional y personalmente. Llegó un momento en que me cansé de callarme y decidí contar mi parte. Pero antes de hacerlo intenté varias veces hacer las paces. La última fue cuando murió Sandra Montiel, que había sido una figura importantísima para las dos. Buscando fotografías para homenajearla encontré imágenes antiguas en las que estábamos juntas y me tocó la fibra. Le escribí y le dije algo muy sencillo: no tenemos por qué volver a ser amigas, pero la vida es demasiado corta para pasárnosla enfrentadas; podemos quedarnos con lo bueno y pasar página. No obtuve respuesta.

¿Sigues abierta a la reconciliación?

Creo que también deberíamos normalizar que dos personas puedan haber tenido un conflicto y hablar de él con naturalidad. Que una de ellas presente un programa conocido no significa que sea perfecta ni que la otra no pueda contar una experiencia que ha vivido. Yo he contado una desavenencia entre nosotras; no he desacreditado su carrera ni le he faltado al respeto, ni pienso hacerlo. Lo que no tengo tan claro es que ella respete mi trayectoria. Yo, por mi parte, estuve abierta a una reconciliación y sigo estándolo, pero evidentemente eso no depende solo de mí. A mí ya me han preguntado muchas veces por Supremme y mi opinión se conoce de sobra. Quizá ahora la pregunta interesante sea al revés: ¿qué opina Supremme de Nacha la Macha? Esa respuesta ya no me corresponde darla a mí.

Volviendo al tema, reivindicas la figura de pioneros como Paco España, tú ganaste el Premio Réplica por encarnarlo. ¿Qué te enseñó meterte en su piel?

Sobre todo, me enseñó lo efímera y también lo injusta que puede ser esta profesión. Paco España llegó a ser el gran referente del transformismo en nuestro país, llegó a la cultura popular y al gran público en plena Transición, lo comparaban con Lola Flores y llegó a ganar medio millón de pesetas por actuación. Y, sin embargo, terminó sus días prácticamente en la pobreza y el olvido. Meterme en su piel me hizo entender que el éxito es efímero, pero la categoría de un artista no lo es. Por eso, recibir aquel premio al mejor actor protagonista fue doblemente emocionante: por mí, evidentemente, pero también porque sentí que estábamos devolviendo a Paco al lugar que merecía. Y tengo una espinita pendiente: volver a levantar esa función. Creo sinceramente que la historia de Paco España merece una gira nacional.

(Massa)

Siempre has sido muy reivindicativa, hace poco denunciabas el 'edadismo' en el mundo artístico. ¿Sientes que la noche o los productores castigan cumplir años?

Sinceramente, no. Un artista es bueno por su talento, su personalidad y su trabajo, no por la edad que tenga. Hace poco estuve con Charo Reina apoyando su campaña contra el edadismo porque me parece una reivindicación muy necesaria. Yo, como público, cuando admiro a un artista, poder seguir disfrutándolo mientras cumple años me parece un privilegio. Tuve la suerte de ver a Sara Montiel en concierto con 80 años y me parecía una maravilla. Ahí tienes también a Moria Casán en Argentina, triunfando con 80, o a Madonna, que a sus 67 años acaba de sacar uno de sus mejores discos.

Hemos comentado antes que has estado alejada de la noche por los musicales, ¿cómo compaginas ahora ambas facetas?

Pues compaginándolas. No quiero elegir entre una cosa u otra. Este año hice en Girona el preestreno de 'Vine a verte', una función unipersonal de Martí Peraferrer, dirigida por Alejandra Giménez Cascón y producida por mí, que en 2027 estrenaré y llevaré de gira por teatros. Y en eso también pienso mucho en Paco España: hacía dos funciones diarias en el Teatro Muñoz Seca y después se iba a actuar al Gay Club. O en Lina Morgan, que hacía dos funciones en La Latina y rodaba cine por las mañanas. Yo quiero ser de esa estirpe: teatro, noche, conciertos, Orgullos… mientras el cuerpo aguante.

¿Qué te da la improvisación de una sala nocturna que no te dé la disciplina de un gran musical?

Después de tantos años haciendo improvisación, me apetecía muchísimo centrarme en interpretar y ceñirme a un texto. Y ahora, después de años de teatro, me ocurre un poco lo contrario: tengo ganas de volver a improvisar. La improvisación me obliga a estar rápida, despierta, a ejercitar la mente y a no acomodarme. Pero no me gusta elegir entre una cosa u otra. Me gustan las dos: a veces disfruto de la seguridad de un texto y otras de volver a ponerme a prueba sin saber qué va a pasar.

Edadismo

«Un artista es bueno por su talento, su personalidad y su trabajo, no por la edad que tenga»

Nacha la Macha

Transformista

Has estado muchos años en 'Malinche', incluso te ha traído amistades tan comentadas como la de la Infanta Elena. ¿Te sorprende hasta dónde te ha llevado este personaje?

Más que sorprenderme, ha sido un regalo. Gracias a que Nacho Cano confió en mí, he hecho más de 800 funciones de un musical tan importante como 'Malinche', que me ha dado muchísimo tanto profesional como personalmente: desde tener una relación cercana y entrañable con la Infanta Elena hasta estar nominado como mejor actor en los Premios del Teatro Musical, junto a grandísimos profesionales. Verme en aquella gala, donde uno de los premiados era el mismísimo José Sacristán, fue muy emocionante. También me llevó hasta México, donde tuve la suerte de despedirme de 'Malinche' haciendo allí la función como Padre Olmedo. Y, sobre todo, me permitió enseñar otra faceta de mí como actor. En 'Malinche' interpreté dos personajes muy diferentes, el Padre Olmedo y el gobernador Velázquez. Guardo especialmente algo que me dijo Jaime Azpilicueta: que había conseguido hacer una interpretación impecable sin el más mínimo atisbo de Nacha sobre el escenario. Para alguien que lleva tantos años asociado a un personaje como Nacha la Macha, que un director como Azpilicueta te diga eso es un regalo enorme.

Y mirando hacia delante, ¿qué le queda por hacer a Nacha la Macha?

Lina Morgan decía que en esta profesión nunca puedes decir «ya he llegado»: siempre queda un personaje, una función, una película, una canción… En mi caso, ser artista responde a una necesidad vital. Necesito subirme a un escenario porque ahí me siento útil, porque hago feliz a la gente y también porque consigo que el público me quiera. Puede sonar egoísta, pero al final damos felicidad y necesitamos recibirla de vuelta. Yo arrastro mis propias heridas, como todo el mundo, y muchas las he sanado encima de un escenario. El aplauso me ha curado muchas veces. Y mientras siga sintiendo esa necesidad de encontrarme con el público y de sentir que nos hacemos felices mutuamente, siempre me quedará algo por hacer.

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