La madre y la travesti: «Nadie como mi madre me sabe poner un corsé. ¿Los hombres? Que me lo quiten»
Olivia Tobella acaba de cumplir 18 años y se ha convertido en un fenómeno de Torremolinos con el apoyo de su madre, Silvia Carvallo, quien la acompaña a cada paso y forma parte de su drag
Pocas veces un corsé genera tantas miradas. Se lo ciñe Silvia a su hijo, ahora como Olivia, en la céntrica calle San Miguel. Nadie se extraña de que a las cuatro de la tarde haya una transformista en La Nogalera, pero todos se sorprenden cuando conocen su edad. Acaba de cumplir 18 años, su madre la acompaña y, entonces, se arma el revuelo. Los turistas fotografían y los vecinos no reparan en elogios. Las señoras, curiosas, se acomodan a ambos lados y preguntan por las tales. Son Olivia Tobella y su madre, Silvia Carvallo, la nueva sensación de Torremolinos. «Mi cara vale 700 euros», responde la primera. «Tenía dos meses y escuché que no le diera besos, que me saldría mariquita, pero salió maricón y artista», recuerda la segunda.
Tanto tienen en común madre e hijo como madre e hija. Lo demuestran en la terraza de Mariquita Copas, la primera casa de Tobella en la que comenzó a trabajar el fin de semana que cumplió 16. «Somos travestis, pero legales», añade. En ese plural incluye a Silvia, quien descubrió el transformismo en su São Paulo (Brasil) natal gracias a los programas de variedades. «El público se sorprende, pero no dejo de ser una madre que acompaña a su hijo, como antes hacía con el vóley», afirma. «Esto lo hago con más gusto», responde Olivia entre risas.
La relación entre ambas genera el murmullo continuo de los grupos. Las conocen y las saben. La confianza es mutua, aunque Olivia sea más cariñosa. «Hoy día se acurruca en mi pecho, en mi lugar seguro se queda dormido», apostilla Silvia. A ratos, son conscientes de que sirven como marca, pero lo suyo es más profundo. Desde hace 15 años, cuidan solas una de la otra tras no pocos problemas que prefieren obviar. «Ser madre es difícil porque no sabes si estás acertando», declara emocionada. «Yo he sido feliz, y lo sigo siendo, gracias a esta señora», dice Olivia mientras señala a su madre.
Artista drag
Aunque nunca pronunciara su deseo por ser transformista, pues ni ella misma lo conocía, Olivia siempre se interesó por el arte. Con 13 años comenzó a maquillar y, a los 14, acudió como público a la gala drag de Benalmádena junto a su madre. «Empecé a meterme en los sitios que le gustaban a mi hijo y eso me ha abierto puertas que jamás imaginé», sostiene. No sería hasta el año siguiente cuando consiguiera ser bailarina de Peguy World en el Carnaval de Málaga. «Media hora antes se ofreció y acepté, fue súper gratificante y surgió como todo en nuestras vidas, de la forma más natural», manifiesta la artista.
Lo natural entre ambas es verlas salir de fiesta en los no pocos locales que recorren cada fin de semana. Se cuentan todo, hasta los chicos que les gustan. «Si yo quiero que mi hijo me cuente un secreto, primero se lo cuento yo», responde Silvia. Por eso, conoce los amores de Olivia, algún ligue y hasta a las familias. «Un día estaba guarreando con un tío y no la veía, salí de la discoteca y estaba con sus patatas fritas», comenta Olivia sin rodeos.
No hay secretos entre las dos y eso ha ocasionado algún comentario que afean: «Me han dicho que me dedique más a mí, pero es que mi hijo es mi prioridad», añade. Sin embargo, sabe que excede sus funciones como madre y, en eso, Olivia es consciente porque, como dice, nadie a su alrededor hace lo de su «señora». «Para mí es envidia, todo el mundo quisiera nuestra relación», reconoce con orgullo sobre las habladurías.
Liturgia
Si algo valoran del mundo drag es la intimidad que les permite. «Nadie como mi madre me sabe poner un corsé. ¿Los hombres? Que me lo quiten», contesta. Y ahí nace el personaje tras tres horas de producción en las que poco a poco desaparece Antonio. El vestuario que lleva, hecho a medida, ronda los 500 euros y, el maquillaje, los 700; cifras que, según dice, requiere el 'drag'. Hace un año aprendió a coser de manera autodidacta para reducir gastos y estrenar «modelito» en cada actuación. «Tú puedes vestir de Shein, pero ponle una piedra, modifícalo, porque para algo somos artistas», aclara.
El patronaje, la costura, las galas y las fiestas de fin de semana son las actividades del día a día de Olivia. Se les suma sus estudios de lunes a viernes, los cuales terminó este junio tras finalizar la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). «Haré Ingeniería Electrónica Industrial, que es un poco mi nicho de hombre», dice entre risas. Tan solo un día después, actuó en el Orgullo de Torremolinos. Y aunque su idea es dedicarse al mundo del espectáculo, busca minimizar la inversión. «Mis profesores del instituto vienen a verme a los eventos y les encantan, eso me hace feliz», comenta inocente.
Su madre le da el último perfume antes de salir de casa, uno de los elementos fundamentales de su drag, y lo vuelve a hacer durante la sesión fotográfica. «Es mi mejor piropo, oler a Olivia Tobella», agrega sobre el aroma dulce, floral y atalcado de evidentes frutos rojos. Dice que al público le gusta y, a los «chulos», también.
-Tendrá un marinero en cada puerto.
-O. T.: Qué marineros, maridazos. Pero los niñatos de mi edad no están preparados para soportar a una travesti. Ahora voy a Barcelona y habrá conflicto con mi madre, pero ella puede ver la ciudad, dicen que es muy bonita.
-S. C.: Yo me llevo muy bien conmigo, no tengo problemas, ni marineros. Me muevo en el mundo gay y no ligo. Ellos se sienten seguros conmigo y se acercan, da igual la edad. Los gais son guapísimos. ¿Verdad?
Torremolinos
Sienten La Nogalera como suya porque así lo es y no encuentran mejor lugar. «La gente es libre», comenta Silvia. Sin embargo, repudian las agresiones LGTBIQA+fóbicas de los últimos meses. «Venían con espray pimienta a los pasillos de Aqua y eso no se debe tolerar», recuerda Olivia en referencia a la caza en el mítico club. Aunque su madre le aporta seguridad, es común que ejerza su trabajo con precaución. «Hay que exterminar el odio porque sigue el riesgo de que te partan la cara», dice Tobella.
«Cómo se nota que eres nueva, yo ni muerta cariño», interrumpe una voz a media tarde. Satín Greco emerge como institución de Torremolinos acompañada por un sinfín de amistades para interesarse por Olivia y Silvia. «Cómo es la nena, mírala, desde la tarde ya montada», añade la última ganadora de 'Drag Race España' sobre la joven. El compañerismo entre las artistas es una cuestión que valora esta en un mundo «extremadamente difícil». «Hay tantas experiencias buenas como malas, pero las buenas lo superan», indica.
Después de dos meses recorriendo Maspalomas, Málaga, Mérida, Ciudad Real y el Levante, califican al público de Torremolinos como el más variado. «Hay guiris, heteros, familias… dependiendo del día hago un 'show' u otro», reconoce sobre su versatilidad. De cara al verano, quiere experimentar en una nueva etapa de la marca Tobella. «A la mejor Olivia la van a ver», ceba sobre los eventos que tiene programados para esta estación. «Hay que reivindicar desde Madrid al Orgullo de pueblo, todo es necesario», mantiene. No faltarán las alusiones a Beyoncé y Rosalía –de quien guarda su apellido artístico, Tobella–, ni a las 'drags' Alma de Soul y Katrina. «Que tus amigas sean tus referentes, eso es un privilegio», añade.
Vida en Brasil
En la nueva etapa de la familia, también está la idea de regresar a Brasil por vacaciones. Olivia aún no conoce la tierra de su rama materna y Silvia hace demasiados años que no acude. «Vine por un año y llevo 25, cuatro más de los que viví allí, aunque nunca llegas a salir de tu país», responde. Sin embargo, le preocupa la situación social, en especial la de su ciudad, São Paulo. El informe de 2026 del Grupo Gay de Bahía (GGB), la organización LGTBIQA+ más antigua de América Latina, detalla que durante 2025 se documentaron 257 muertes violentas por cuestión de orientación sexual, identidad de género o expresión de género. Si bien el homicidio fue la causa más común, los datos apuntan que técnicas como los latrocinios –robo seguido de asesinato– el atropellamiento y el ahogamiento suceden en uno de cada diez casos (12,8%).
«Esa situación es una pena, son delitos de odio», reconocen ambas. Tal y como señala el dossier publicado por la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (Antra) en 2026, Brasil continúa por decimoctavo año consecutivo como el país que mayor violencia y asesinatos ejerce sobre personas trans y travestis. A pesar de que ambos términos no guardan relación, sí que la expresión de género los expone. «Mi hijo no conoce Brasil, pero es que allí no tendría oportunidades», denuncia Silvia.
La lectura sobre los datos aborda la falta de sistematización y la negligencia investigativa. Tan solo el 40,9% de las denuncias han resultado esclarecidas en el último año. En cifras generales, desde 2020, se conocen 1.918 casos. «Me gustaría conocer la tierra de mi madre, la cultura, pero no debe de ser fácil» comenta Olivia. En efecto, el informe de GGB apunta a un asesinato cada 34 horas a personas LGTBIQA+.
«Lo más importante es el respeto, yo le pido a todos los padres que apoyen a sus hijos, en lo que sea», declara Silvia. Su alegato contradice el que expuso el expresidente brasileño Jair Bolsonaro en plena entrevista en la televisión pública durante 2019 cuando relacionó al colectivo LGTBIQA+ con el «resultado de las drogas y la pedofilia» y la «mala educación de los padres». En junio de 2011, en la revista 'Playboy' declararía: «Prefiero que mi hijo muera en un accidente que aparecer con otro con bigote por ahí. Para mí, estaría muerto de todos modos». «Qué lástima, él se pierde querer a su hijo. ¿Cómo este señor ha gobernado mi país?», lamenta Silvia.
Lejos de allí, a esa hora en que Torremolinos empieza a encender las luces, Silvia vuelve la mirada y revisa cómo su criatura lidia con la vida. Se mira en ella porque no hay mucha diferencia. Escogió el nombre que le gustaba, el que tenía guardado para la hija de la que sufrió un aborto y el que resulta del de su abuela materna, Olindina, y Silvia. Dice que ofreció el camino que debe cuando le dio la libertad que ella no tuvo hasta hace bien poco. Así son madre e hijo. O madre e hija, dos personas que se quieren lo suficiente. «Solo él sabe cómo suena mi corazón desde dentro», dice ahora inundada de lágrimas.